en sus 50 años

Semblanza al cumplirse las Bodas de Oro de la Escuela Vocacional de Educación Artística

domingo, 17 de mayo de 2020 · 01:07

El hecho de evocar un nuevo aniversario en la vida de una Institución constituye la oportunidad propicia para hacer una pausa y detenernos a reflexionar sobre las experiencias vividas con éxitos y fracasos, con acciones u omisiones, con alegrías o tristezas. También es momento de festejar y, de hecho, estábamos programando diversas actividades como Muestras Artísticas, Cena de Gala, Intervenciones urbanas, programas radiales, etc. 
Pero la realidad es otra, la terrible pandemia que nos afecta globalmente, determinó el distanciamiento social, el cierre de escuelas, la interrupción de eventos culturales y deportivos. Por lo menos por ahora, las Bodas de Oro de nuestra querida EVEA, solo podrán ser celebradas a través de la prensa, de las redes sociales y en el recuerdo de todos quienes somos parte de esta comunidad educativa.

Como en todo proceso histórico, la mirada hacia el pasado nos permite explicarnos el presente y proyectar un futuro donde reafirmemos el compromiso de seguir avanzando por ese camino que, sin duda y a pesar de todos los altibajos, significó un crecimiento vertiginoso en solo 50 años de vida. Camino que estuvo signado por el slogan que nos acompañó en ese transitar: “el trabajo bien realizado trae la satisfacción del deber cumplido”, palabras que rigen desde la convicción de que, para lograr buenos resultados, solo hay que trabajar, con sincero compromiso y verdadera vocación, con sentido de pertenencia y dedicación, poniendo todo el esfuerzo. ¡Simplemente trabajar!

Afirmaba Paul Fraire que “la Escuela es el lugar donde se hace amigos… donde hay gente que estudia, trabaja, que se alegra, se conoce, se aprecia. Donde se crean lazos de amistad y camaradería, donde se es feliz y donde se comienza a mejorar el mundo”, concepto que comparto desde la experiencia de conducir la EVEA por casi 24 años. Porque en esta escuela no solo se dan a diario todas esas vivencias, sino que además se potencian y se propagan entre quienes transitamos por sus aulas, oficinas, patios y galerías llegando a conformar una gran familia.

Si pensamos que el término “escuela” proviene del griego antiguo σχολή (skholḗ) y por mediación del latín schola, también esto tiene que ver íntimamente con la EVEA. Originariamente el significado en griego era tranquilidad, tiempo libre… “orientado a lo que se hace durante el tiempo libre y, más concretamente, aquello que merece la pena hacerse”. Y esta escuela nació el 19 de mayo de 1970, justamente con ese objetivo: ocupar el tiempo libre de los niños con actividades artísticas, recreativas, lúdicas… actividades que hagan que la vida valga la pena de ser vivida. Esta modalidad permitió a generaciones de niños, descubrir el mundo, conocer y disfrutar de sus secretos, expresarse a través de los lenguajes artísticos.
Desde entonces “la escuelita”, como la llaman afectuosamente sus alumnos, no paró de crecer, de reinventarse, de posesionarse entre las instituciones artísticas del medio, a pesar de la indiferencia del sistema educativo oficial que siempre relegó la formación artística priorizando la educación formal y tradicional.

En pocos años pasó de la oferta originaria de 12 lenguajes artísticos a 24, incorporando diferentes especialidades dentro de la danza (clásico, flamenco, árabe, ritmos caribeños…) y de la música (guitarra, violín, coro, canto…). Pasó de dos turnos a tres, ampliando su concurrencia hasta el turno noche.
También se extendió la edad de admisión, dejando de ser una escuela infantil, exclusiva de los niños de corta edad para ampliar su oferta educativa a jóvenes y adultos, desde la convicción de que todos y a cualquier edad pueden hacer o practicar lo artístico.
Fueron años de lucha donde no decayeron los sueños ni las ilusiones. Algunos logramos alcanzar, otros se diluyeron en los entramados burocráticos. 

Creo que en estos 50 años de existencia, dos fechas son especialmente significativas para la institución y merecen destacarse como el puente que nos permitió seguir transitando firmes por los caminos de la educación: el 2006 cuando se aprueba el proyecto “Arte para la vida” admitiendo la extensión etaria y la nueva nominación de la escuela, y el 2012 cuando logramos la casa propia, la sede definitiva en la Manzana de las Artes, abandonando para siempre la vida nómade y el traslado constante de edificios, hecho que nos permitió echar raíces y generar sentimientos de pertenencia.

Muchos proyectos importantes cobraron vida en esta escuela: los tradicionales Encuentros de Niños Pintores, el Club de Niños Periodistas, la edición y reedición de la revista escolar “Pincelito Mágico” donde alumnos y docentes se expresaban a través de la palabra y los dibujos, la Carpa Cultural donde ofrecíamos atractivas Muestras Artísticas, la publicación de dos libros “Abordar las Ciencias desde los lenguajes artísticos” y “Arte para la vida, historia oral en Catamarca” que reseñan la importancia de la formación artística, anécdotas y experiencias de la vida cotidiana en las coloridas aulas de nuestra escuela. También la función de Institución Capacitadora en la especialidad artística, desplegada en cursos y congresos desarrollados en las ciudades de Tucumán, Salta y Córdoba durante toda una década.

Pero creo -sin temor a equivocarme- que el proyecto “Música y Oración” en sus cinco ininterrumpidos años de vida, fue el más importante y significativo por haber logrado la puesta en valor del olvidado Oratorio de San Juan Bautista (del viejo Hospital) recuperando sus bancos, cuadros, imágenes, campana, altar, pila bautismal y demás elementos. Pero también por la gran convocatoria que generó: artistas, músicos, escritores que participaron de los conciertos, charlas, conferencias realizadas en ese espacio especialmente acogedor: grupos como Pirca, Alternativa y Americanta, los Coros de la UNCA, de la Municipalidad, Cantus Nova y Fray Mamerto Esquiú, Nena Herrera, Luis Torres, Belén Parma, entre tantos destacados artistas locales. Aquí confluyeron y se entrelazaron diversos aspectos que refieren a patrimonio histórico, educación y cultura.

Por años el Oratorio de San Juan Bautista fue sede del Centro de Genealogía y Heráldica, y del Instituto de Cultura Hispánica, concibiendo ciclos de conferencia, congresos y jornadas que acercaron a reconocidas personalidades de la cultura provincial y regional, dándole la impronta de un espacio académico.
Que este nuevo aniversario en que alcanzamos las bodas de oro, el medio siglo de vida institucional, signifiquen la oportunidad para reconocer y valorar un presente floreciente, evocar el recuerdo o memoria de tiempos pasados, y reflexionar sobre las instancias que nos permitan construir un bagaje de esperanzas, aspiraciones y proyectos para un futuro prominente.
 

AYER Y HOY

La galería funcionando como sala de espera en tiempos del viejo Hospital y como aula de Danzas o Pintura en tiempos de la actual escuela. El centenario edificio que fue concebido para dar vida y cuidar la salud de nuestra comunidad, hoy está destinado a que los catamarqueños podamos gozar y disfrutar de la vida través de la expresión artística.