Mientras que otros trascienden el tiempo y la sociedad en la que viven, como Doña Rosita Díaz, más conocida como “Rosita Chueca”, poseedora de una voz que transciende ampliamente el tiempo y su pueblo natal, Los Balverdi. Francisco “Paco” Cano, nació 20 de febrero de 1950, en la localidad de El Pueblito, distrito de Cerro Negro, en el Departamento catamarqueño de Tinogasta. Dio sus primeros pasos en la música en el año 1967, a los 16 años de edad desde su querida localidad del El Pueblito dando sus primeras presentaciones en pequeñas fiestas familiares, cumpleaños, casamientos, bautismos, después en las fiestas patronales de la localidad y localidades vecinas del departamento de Tinogasta y el departamento de Belén.
El amor por la música permitió que en el transcurso del tiempo, surgieran varias formaciones musicales se desempeñó como director musical y tocando su tradicional bandoneón. Tuvo un impase de algunos años y al cabo de un tiempo, la musa inspiradora y el propio bandoneón, permitieron que posteriormente en octubre del año 2002, creara una nueva formación musical a la que llamó “Paco Cano y su Conjunto” la cual alcanzó su mayor popularidad en la zona del departamento, departamentos vecinos y como así también en los departamentos de Los Sauces, Aimogasta y Famatina de la vecina provincia de La Rioja, en donde recibió distinciones y reconocimientos a su trayectoria musical, impulsando fuertemente la música bailantera de Paso
Doble, Chamamé, Cumbia, Vals, y Folklore Argentino, que es del agrado de la gente mayor de toda la zona. En el año 2017 realiza su propia chaya el su pueblo natal con una rotunda convocatoria y en la cual participaron músicos y grupos de la zona.
“Paquito Cano” es una persona admirable, por su humildad, por su amor, por su carisma, por su amistad, solidaridad, y cuántas más cualidades que lo hacen único y especial.
Nació en la localidad de Salado, distrito de Rio Colorado, departamento de Tinogasta, el día 04 de agosto de 1949, Domingo Telmo “Miquicho” Moreno, , quien desde muy niño acompañaba a su progenitor, que era el músico de ese tiempo, junto a un tío que también tocaba el bandoneón, así la música fue haciendo parte de “Miquicho” y no lo abandonaría por el resto de su vida.
De este modo el niño hizo su debut en público a los nueve años de edad, y cuando recuerda ese pasado, el hombre se emociona y su voz cambia, pareciera que está viendo a ese pequeño tocando el bandoneón.
El tiempo lo formó, lo pulió, hizo de ese niño, un hombre que magistralmente tocaba el bandoneón, orgulloso de esa profesión convertida en pasión, que le permitió años más tarde formar uno de los conjuntos que fue furor por ese tiempo, en toda la zona del Oeste de la provincia de Catamarca, ese conjunto cuartetero, se llamó “Los Manes”, pero en otro momento de emoción dice: “Huy, pero eso fue cuando fui muy joven”.
La música y el ritmo de “Los Manes” se escuchaban por todos lados cuando ese grupo fue creado, no había fiesta en las localidades vecinas en las que no estuviesen animando ese momento. Para las fiestas patronales de Catamarca y La Rioja, los preferidos eran los muchachos de “Los Manes”, y “Miquicho” se convertía en el hombre del momento. En la actualidad sigue con la música, y los instrumentos no hacen silencio, parece un mandato en la vida de este saladeño, el bandoneón guitarra, bajo y percusión, son los que actualmente suenan alrededor de “Miquicho”. Y reflexiona, como haciendo un balance de su vida pública, especialmente en el escenario: “Yo he dado todo lo que podía, lo que creía que debía hacer, lo hice. Aprendí a tocar el bandoneón y todo eso lo he volcado, para que las actuaciones sean del nivel que corresponden, pero más de una vez, lo hice para que Tinogasta y Catamarca se sientan bien representadas cuando el conjunto salía de la provincia. Creo que cumplí, menos me siento satisfecho y le doy gracias a Dios”.
Luis Andrés “El Kaly” Barrionuevo, empieza agradeciendo y recordando a sus mayores, padre, tíos, que tocaban el bandoneón y que contagiaron al joven con ese estirar de fuelle, y al igual que “Paco” y “Miquicho”, tomaron el ejemplo de sus mayores y siendo apenas unos niños ya tomaban ese sonoro instrumento y lo ejecutaban para que los demás se diviertan bailando, pero en realidad eran ellos mismos quienes se divertían, pues con ese instrumento en sus manos ya se sentían grandes y podían robarle unas horas al sueño. Hijo de Dina Marín y Luis Barrionuevo, “El Kaly” Barrionuevo nació en la localidad de Salado, distrito Rio Colorado, departamento de Tinogasta, el día 10 de diciembre del año 1987, pero se diferenció de sus antepasados porque él decidió que esta iba a ser su vida y por eso apenas siendo un adolescente llegó desde su pueblo natal, en el sur de Tinogasta, a la ciudad capital de la provincia, San Fernando del Valle de Catamarca. Fue en esta ciudad que empezó su carrera de música en el Instituto Rubistein, donde aprendió rápidamente porque su necesidad de aprender, permitía que esté pendiente de esto que abrazó como su profesión y medio de vida.
Luego su perfeccionamiento lo realizó en la UBA, en la ciudad de Buenos Aires y desde esta ciudad hacia el viejo mundo hay un paso, y “El Kaly”, lo dio sin pensar demasiado.
Sin olvidar su pasado, recuerda que cuando niño en Salado acompañaba a su padre a los rastrojos a realizar la tarea de producción, los olivos lo vieron subir por esas largas y débiles escaleras para hacer la cosecha de la aceituna, también recuerda los surcos de comino y el momento duro de realizar la desherbada, que consiste en sacar los yuyos para que la planta crezca sin obstáculos, un trabajo muy duro porque se lo hace en cuclillas o de rodillas. En fin todo esto lo recuerda y cuenta con orgullo porque en ese pueblo está su origen y esta es la cultura del trabajo.
Convertido en un verdadero profesional, “El Kaly” convirtió en realidad todo aquello que su padre había soñado y por lo que tanto lucho y trataba de aprender cada día más del bandoneón. Actuar en El Festival de La Vendimia, en la ciudad de Tinogasta, fue todo un desafío enorme, pero cuando llegó el Festival Internacional de El Poncho en la ciudad Capital y estar en ese gran escenario, fue el orgullo para su familia, orgullo que no podían dominar pues era el sueño del padre, que lo cumplía el hijo.
Este tinogasteño, admirador de Astor Piazzola, lo expresa a viva voz y le gustaría seguir sus pasos, por eso su preparación diaria es sin descanso, aprovechando cada momento y haciendo las cosas que le gustan y lo hacen sentir bien. Reconoce y manifiesta su orgullo cuando expresa, que es hijo de músico, sobrino de músico, vecino de músicos, en pocas palabras dice que ha crecido entre fuelles, pero además reconoce en “Miquicho” Moreno a un gran intérprete de la música y alguien que ha formado parte de la cadena de transmisión generacional de esta pasión por el bandoneón, que con sus actuaciones ha sostenido los acordes musicales a través del tiempo.
De “Paco” o “Paquito” Cano un gran músico, habitante del pueblo vecino de Salado, como es El Pueblito, también lo ubica como uno de los hombres que con su pasión por la música, permitieron que ese sonido tan particular y contagioso, como es el sonido del bandoneón, llegue vivo hasta nuestro días, legando en él, la continuidad de la pasión por este instrumento que en su exhalación sonora permite realizar un dulce y rítmico movimiento corporal, siguiendo los acordes musicales.
Es “Kaly”, un hombre que recorre el mundo con su música que atrapa y gusta, de modo que cuando realizó la gira por Europa, desde Italia lo invitaron a quedarse allí pero fue más fuerte su amor por el terruño, por su país, y decidió volver, aunque reflexionando cree que en algún momento de su vida volverá a Europa y quizá por un tiempo, decida permanecer allí actuando, gustando y bailando.
Tres hombres, “Paco”, “Miquicho” y “El Kaly”, tres hombres del sur de Tinogasta, a quienes admiro y esta publicación es un humilde homenaje a ellos, a la música y en ellos a esos viejos familiares o no, que les permitieron aferrarse al bandoneón. Por eso es que ellos al haber nacido en hermosos pueblos pequeños, con su accionar, nos dejan un mensaje ineludible: “Para triunfar, no importa el lugar que hayas nacido, si importa la decisión y vocación de crecer”, eso cumplido como suena, es un triunfo asegurado en la disciplina que hayas elegido como forma de vida.
Texto: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz