Gustavo

domingo, 22 de noviembre de 2020 · 01:00

Siempre fue perfil bajo. Jamás se ponía primero en una conferencia de prensa ni intentaba sobresalir con preguntas filosas entre sus pares. Todo lo contrario, prefería estar bien atrás, al último, porque desde ahí podía ver todo.

Era muy observador. Todo lo procesaba con calma desde sus profundos ojos verdes.

También era un gran escuchador, tenía la templanza de saber escuchar a los otros, no solo en lo que decían sino en cómo lo decían. Todo eso era información que le servía luego para dar forma a sus notas, y también a sus opiniones.

Sabía qué preguntar y hasta dónde repreguntar o guiar la entrevista para conseguir la información que necesitaba. También en las charlas con sus compañeros. Usaba la dialéctica para hacer que todos termináramos preguntándonos si estábamos tan seguros de algo o si había otra forma de encarar un tema, de abordar una historia o de contar una noticia. 

Después, tamizaba todo eso, lo filtraba en su mundo interior -que estaba hecho de muchas lecturas- y lo volcaba en textos que tenían precisión, corrección y, sobre todo, sensibilidad.

Todas cualidades importantísimas en un periodista.

Por al menos seis años Gustavo Figueroa fue redactor de la Revista Express, por más de 13 años fue periodista del diario El Ancasti, hasta 2012 que se pasó a las filas de El Esquiú, donde fue jefe de redacción hasta su deceso.

Sin histrionismos ni afán de protagonismo, así como fue siempre en la redacción, así también se nos fue el Niño Gus.

Con tristeza infinita despedimos a un gran periodista y un gran compañero. Nos quedamos con su mirada profunda, con su pluma lúcida, con su voz tenue pero firme, con su inteligencia puesta al servicio del periodismo.

Por Evángelina Quiroga