La mayoría de los emprendimientos femeninos se inician por necesidad, ya que su salario no es suficiente, están desempleadas o tomaron la decisión de buscar otra nueva alternativa para su vida laboral. Así lo manifiesta Claudia Gutiérrez que a raíz de quedar sin trabajo volvió a las ferias. Allí vende sus obras de arte para decoración. Muchas forman parte de la Unión de Emprendedores Catamarqueños o MECA. Tal es el caso de Yanina Méndez, quien vende mates en todas sus formas y colores. Ellas son algunos ejemplos de mujeres emprendedoras que han tenido que reinventarse debido a la pandemia de COVID-19 pero que han seguido con la misma motivación que tenían desde el primer día.
La resiliencia es la clave de cualquier emprendimiento pero en el caso de las emprendedoras, esta va siempre acompañada de empuje, creatividad y optimismo. Y sobre todo de coraje, cuando deben enfrentar barreras como la conectividad que, al no tener incorporado el conocimiento de cómo realizar las ventas o publicitar sus productos, las deja fuera del sistema. También se les dificulta acceder a créditos por el tipo de requerimientos que les solicitan o por otro tipo de limitaciones, como discriminación por el simple hecho de que son mujeres.
1 de noviembre de 2020 - 01:00