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Cultura

Vinciguerra publicó obra de Hilda García

Es un poemario que integra una colección de reconocidos autores argentinos.
25 de octubre de 2020 - 01:00 Por Redacción El Ancasti

Recientemente apareció el libro “Los trenes y los sueños”, poemario de Hilda Angélica García, editado por Vinciguerra en su colección Textos Elegidos. A esta serie editorial pertenecen obras de reconocidos escritores del país como Santiago Kovadloff, Fernando Sánchez Sorondo, Jorge Boccanera, María del Mar Estrella, Alfonso Nassif, Cristina Piña y Darío Lobato, entre otros.
Este es el décimo quinto libro que publica García, quien anteriormente ha dado a luz a las siguientes obras: “Después, volver”, “Los días del amor”, “Memoria de la luz”, “Además, el viento”, “Agua de sed”, “Antología poética”, “Moradores del sueño”, “Aire de invocaciones” y “Poesías”. También ha publicado narrativa y ensayo. Y su obra figura en numerosas antologías.
El libro tiene un epígrafe general del poeta uruguayo Hugo Emilio Pedemonte: “El recuerdo comienza con un nombre, / con una lluvia larga como un canto / de amor”. Se divide en cuatro partes: “La casa”, con epígrafe de Jorge Paolantonio; “Mariposa en el espejo”, epígrafe de Luis Cernuda; “Río de la memoria”, epígrafe de Luis Franco y “Los trenes y los sueños”, epígrafe de Manuel J. Castilla. Se agrega una nota de María Rosa Calás de Clark “Acerca de la poesía de Hilda Angélica García”.
 “Los trenes y los sueños” será presentado en nuestra ciudad cuando la situación sanitaria lo permita, pero ya circula en Buenos Aires en las cadenas de librerías “Yenny”, “Antígona”, “Norte” y “Hernández”. Para los ansiosos, la obra puede ser leída en los portales digitales www.bajalibros.com y en www.leamos.com A partir de esta semana podrá adquirirse la obra de papel –con impecable presentación- en librerías de Catamarca.

 
Los trenes que se van

Los trenes que se van y que no han vuelto
se han llevado los días y las lluvias
que mojaban los sueños. Son cenizas
de ardores desolados,
ascuas de sed temblando en los inviernos.
Van pasando los trenes.
En el adobe
mueren las hormigas y el viento.
Volvemos a mirar su paso
entre ilusiones
de llegar como llegan los barcos a los puertos,
pero arriban a la estación y parten
como si al borde del terraplén
se posara el descanso de un vuelo.
 

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