Modernidad y posmodernidad

domingo, 25 de octubre de 2020 · 01:00

Hay dos ideas opuestas que han quedado en evidencia en estos tiempos especiales que vivimos. Por un lado, aquella que dice que deberíamos brindarnos a nosotros mismos todos los placeres posibles, frente a la finitud de la vida, porque todo se puede terminar de pronto (una especie de apocalipsis general generado por el miedo). Y, por otro lado, otra que dice que deberíamos disciplinarnos más y sacrificarnos durante un período en pos de algo mejor después para todos.
Lo cierto es que entre los años 70’ y 80’ nació un mundo nuevo que se denomina postmodernismo y es distinto de lo que conocimos hasta entonces llamado modernismo. A los que venimos de la época moderna, nos enseñaron que había un pasado, un presente y un futuro y uno tenía que armar un plan. Es decir, transitar un proceso para construir un sueño en el futuro. Por ejemplo, a mí me enseñaron que era bueno invertir cinco años en la facultad y esforzarme durante ese lapso para ganar algo en el futuro. 
¿Qué sucede actualmente en el postmodernismo? Ya no hay futuro ni pasado. Se murió el tiempo. Todo es “ya”, “ahora”, “urgente”. Como lo describe un filósofo francés: “Patinamos sobre el hielo”. Todo es movimiento y nos falta la capacidad de armar un proceso hacia adelante. Es por ello que hay que distinguir entre placer superficial y felicidad. En la felicidad, yo pierdo algo menor (aunque me cueste) para ganar algo mayor. En cambio, en el placer, no quiero perder nada; solo quiero estar bien y disfrutar el ahora. No me importa el mañana, solo el presente.
Podemos concluir que un concepto saludable de felicidad es: disfrutemos el presente, conectemos con el ahora, pero tomemos decisiones que mañana nos hagan bien. Si yo como una hamburguesa triple, no cabe duda de que la disfruto y lo paso genial; pero tampoco cabe duda de que, en un futuro cercano, ¡el colesterol me va a pasar factura! Pero también podemos elegir comer algo rico hoy que sea sano y nos haga bien mañana. A esto se lo conoce en psicología como “historizar” que consiste en armar un puente entre mi presente y mi futuro para que, cuando llegue mi mañana, me encuentre bien. 
Los seres humanos, aunque vivamos en un mundo postmoderno, necesitamos historizarnos siempre, armar un puente siempre. No se trata de vivir ahora y disfrutar ahora, porque el mañana no existe y el pasado ya pasó. Nosotros somos pasado, porque tenemos una historia. Hoy somos lo que fuimos y hemos transformado. Pero también hay un futuro, aunque ahora sintamos incertidumbre. Entonces, poder armar ese puente significa planificar dónde me conecto. 
En el pasado posponíamos la felicidad para adelante: “Seré feliz cuando…”. Siempre estaba en el futuro. Hoy nos fuimos al otro extremo y todo es ahora. No queremos invertir nada para ganar algo. Procuremos encontrar un balance donde podamos conectar con el ahora y, al mismo tiempo, pensar en algo hacia mañana. Esa es la mejor manera de caminar en medio de esta crisis.