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Desentrañando enigmas milenarios

En esta nota con Revista Express, Lucas Gheco, egresado de la escuela de Arqueología de la UNCA y Becario Posdoctoral del CONICET en el Centro de Investigaciones y Transferencia Catamarca, nos cuenta su experiencia en Luxor, Egipto, en enero pasado.
7 de abril de 2019 - 09:39 Por Redacción El Ancasti

Egipto. La sola palabra nos traslada imaginariamente a sus famosas pirámides, a sus templos y, por supuesto, a sus enigmáticas tumbas de faraones y nobles. Estas imágenes representan en sí mismas una geografía y una cultura muy lejana a nuestra provincia, la cual también alberga un inconmensurable tesoro arqueológico, distinto sí del egipcio, pero no por eso menos valioso.

Sin embargo, estos dos lugares, tan alejados y diferentes entre sí, tienen un nexo que los une, y esa es la investigación donde participó el arqueólogo Lucas Gheco. Se trata de una misión conjunta entre investigadores de Argentina y Brasil, en cooperación con el Ministerio de Antigüedades egipcio en Luxor –Antigua Tebas–, donde se están desarrollando tareas de excavación y documentación de una tumba ubicada en la antigua necrópolis tebana.

El proyecto, dirigido por la Dra. Bernarda Marconetto, investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC) y el Dr. José Pellini de la Universidad Federal de Minas Gerais, “plantea una mirada decolonial de la arqueología egipcia que trascienda el énfasis en el período faraónico para incluir la totalidad de los episodios de reutilización de la tumba hasta la actualidad”.

En este sentido, Lucas –que ya implementa estas técnicas de estudio en las cuevas del Este catamarqueño, gran reservorio de arte rupestre local–, “focalizó su trabajo en el análisis de las complejas historias de confección y transformaciones de las paredes y techos pintados y grabados de la tumba en cuestión”.

Con esta investigación como marco, Revista Express entrevistó al arqueólogo, que contó con detalles su experiencia en la tierra de los faraones, y destacó la importancia del estudio que lleva adelante junto a un gran equipo desde hace 10 años en nuestra provincia.

 

RE: ¿Cómo surgió este proyecto de investigación?

Lo venimos planeando hace más de un año. La Dra. Marconetto conocía nuestro trabajo en las cuevas de Oyola, departamento El Alto, y se le ocurrió ¿por qué no trasladar esto que estábamos ensayando en Catamarca a una tumba de la antigua Tebas? El desafío que teníamos en Oyola era reconocer la complejidad de las historias involucradas en la confección de los paneles rupestres de las cuevas. La primera impresión es que se trata de repertorios pictóricos bastantes homogéneos, pero la sospecha, y lo fuimos confirmando a lo largo de estos años, es que son resultado de procesos muchos más complejos que involucran acciones previas de temporalidades más antiguas y posteriores, casi hasta nuestros días.

Entonces, la idea fue aplicar esas mismas técnicas a una tumba, que tiene todas las paredes y el techo pintado y grabado, y se construyó en el 1470 antes de Cristo aproximadamente. Lo que sospechaba la investigadora es que esta tumba fue reutilizada, reocupada y transformada desde aquel momento hasta nuestros días, o sea, son 3500 años de cambios, reuso, modificaciones, agregados de pintura, de grabados eliminados, es decir, con esto queremos captar a las personas que hicieron sus rituales, a las que resignificaron y transformaron el lugar, y tratar de indagar en las razones.

 

RE: Contanos sobre la tumba…

La tumba perteneció a Amenemhat, un escriba, supervisor de graneros y contador de panes que vivió durante el reinado de Tutmosis III, gobernador de Egipto entre c. 1479 a 1425 a. C.

La visión tradicional de la arqueología es conservar ese episodio del periodo faraónico, pero después hubo toda una serie de ocupaciones, durante el faraónico incluso, ya que refaccionaron una parte de la tumba, la volvieron a pintar y borraron algunos nombres. Probablemente porque durante el reinado de los faraones se resaltaban algunos dioses y se le disminuía la importancia a otros, entonces se borraban sus nombres.

Luego del imperio egipcio,  y durante los primeros siglos después de Cristo estuvieron viviendo en la tumba los coptos, los primeros cristianos que fueron perseguidos por los romanos y se refugiaron allí. Como algunos eran monjes muchas veces les picaban los ojos a las figuras porque no podían ser vistos, en tanto el techo está todo tiznado, producto de la ocupación de estas poblaciones coptas.

En el tiempo habrán pasado muchas cosas que no conocemos, pero lo seguro es que hace 200 años toda la zona estuvo ocupada por otras personas que hasta la actualidad siguen allí, se los llama “qurnawis”, que estaban asentados en la necrópolis a partir de los ‘90 y a finales de 2006 fueron expulsados por el gobierno egipcio. Ellos usaban las tumbas como casas y corrales, y les agregaron puertas, paredes, hornos y hasta camas. En resumen, con esta investigación creemos que las personas importantes no son solamente los faraones ni un escriba sino todas estas personas que vivieron allí y transformaron la tumba.

 

RE: Lo paradójico es que, en nuestro imaginario social, pensamos que las tumbas de Egipto están intactas…

Es que es a propósito. Visitamos otras tumbas que están abiertas al turismo y se borró todo excepto el periodo faraónico. Le sacaron el hollín, los escritos coptos, los agregados nuevos, entonces crean un objeto que no era así, tiene transformaciones pero son negadas para resaltar solo ese momento de esplendor.

 

RE: ¿Cómo es Luxor en la actualidad?

La ciudad está dividida por el Nilo. Del lado Este están los templos y del lado Oeste están las necrópolis. Allí hay distintos sectores, está el Valle de los Nobles, de escribas y visires, donde está esta tumba, y los faraones y la familia real que están en el Valle de los Reyes y las Reinas. La necrópolis de Tebas es gigantesca. En el Valle de los Nobles hay aproximadamente mil tumbas documentadas, y debe haber el doble o triple no documentadas porque hay superposición de tumbas ya que están excavadas en la montaña. Actualmente las tumbas documentadas tienen una reja de seguridad.

 

RE: ¿Qué vestigios encontraron en la tumba?

Gran parte de la tumba ya fue trabajada y está vacía. Las paredes pintadas y los techos pintados. Pero hay una serie de cámaras que todavía no fueron cavadas y que tienen un metro o metro y medio de escombros, de huesos y partes de momia, manos, torsos enteros, cabezas. También hay restos de cerámica y restos de sarcófagos. Estuvimos cavando un pozo en el patio de la tumba que sospechábamos era un pozo ritual, que finalmente tuvo cinco metros de profundidad y abajo había otra cámara. En esos cinco metros también había restos humanos, cerámica, y hasta maíz y guano de cabra, lo que lleva a pensar que fue un corral muy reciente ya que el grano era americano. También había algunas cerámicas que estaban remontadas, por tanto es probable que haya habido algún arqueólogo que llego hasta ahí.

 

RE: ¿Qué sentiste al estar en la tumba?

Por un lado fue raro, pero también impactante. No me parece decir que fue un sueño ya que estaríamos  desmereciendo nuestra arqueología. Estaba muy contento y fue muy sorprendente por la antigüedad, son 3500 años de historia. La arqueología es muy distinta, sobre todo las dimensiones y cantidades, hay tumbas de tamaño de casas, y al menos 200 cerámicas y 400 figurinas por cada una. Al principio eso me descolocaba, me resultaba sorprendente y cada tanto pensaba ¿qué hago acá?

 

RE: ¿Tenemos algo que envidiarle o tomar como ejemplo de Egipto en cuanto a políticas de conservación de yacimientos arqueológicos?

Todas las potencias se pelean por ir a trabajar allá, lo cual genera que el Estado egipcio tenga la posibilidad de exigir a todas las misiones que van, no solamente hacerse cargo de la investigación económicamente, sino también de la conservación hasta que se abra al público. Entonces el mismo equipo tiene que buscar los fondos para restaurar o conservar la tumba o el templo, lo cual genera una cantidad de dinero que no lo pone el Estado egipcio. En Argentina, como los equipos tienen menos recursos, muchas veces el que se termina haciendo cargo es el Estado, y la conservación de los sitios arqueológicos en Catamarca es un punto problemático, entendible en algunos casos, por las características de la provincia, pero que se podría mejorar. Por eso, no sé si tenemos que envidiarle sino más bien trabajar en eso, ocuparnos. Por ejemplo, en las cuevas de Oyola estamos tratando hace años poder abrirlas de una manera segura para el público y para las pinturas. Sin embargo, los fondos y las decisiones nos exceden por mucho.

 

RE: ¿Cómo continúa tu trabajo luego de esta experiencia?

Sigo trabajando en Oyola, El Taco y La Candelaria; y seguir explorando los datos de Egipto ya que ahora empieza la etapa de laboratorio. Toda la información que juntamos hay que procesarla, analizarla, compararla, discutirla con otros colegas y planear si podemos volver a Egipto el próximo año.

 

RE: ¿Dónde se realizan los análisis de laboratorio?

En su mayoría en Buenos Aires, en la universidad de San Martín. En Egipto no pudimos tomar muestras por una cuestión de autorizaciones, así que este primer año fueron observaciones visuales, análisis con lupa, usando distintos tipos de iluminación, sin tocar nada. Esperamos el próximo año tomar muestras y trasladar algunos equipos de análisis que son no invasivos, que sería lo indicado para este caso.

 

Cuevas de Oyola

RE: ¿Qué extensión tiene el yacimiento?

Las cuevas están en un área circular de unos 2,5 km de diámetro aproximadamente. Hasta el momento hemos documentado 38 cuevas en ese sector, pero también hay casas, terrazas donde se practicó agricultura, canales. La zona es muy amplia y la vegetación es muy frondosa así que es probable que haya otras cuevas que todavía no encontramos. Cuando empezamos a trabajar hace 10 años estaban documentadas solo 7 cuevas y encontramos 31 más.

 

RE: ¿En qué estado las encontraron?

En su mayoría, en bastante buen estado. Tienen cientos de años, sufren un deterioro que es producto del tiempo y de agentes naturales. Las que estaban intervenidas con aerosoles son las que estaban más accesibles y eran las más conocidas. Las que estaban más perdidas en el monte, no sufrieron esos procesos pero si otros de índole natural.

 

RE: ¿Se puede desarrollar turismo en esa zona?

Es posible un turismo que permita una experiencia enriquecedora y al mismo tiempo no dañe los sitios. Si bien los yacimientos son de la provincia, hay que debatir con la gente de la zona e involucrar a todas las partes sino después suele haber problemas con las tierras.

 

RE: ¿Qué posibilidades hay que las cuevas se abran al público?

Estamos más cerca que hace 10 años. Sin embargo, depende de circunstancias políticas y económicas que me exceden. Pero de parte de los arqueólogos tenemos un compromiso con la población, estamos trabajando con ellos para que eso se dé.

El valor es una construcción social por eso pensamos que estos espacios no tienen que estar protegidos encerrándolos, sino abriéndolos de una manera correcta que resguarde la integridad de las cuevas y el que vaya tenga una experiencia enriquecedora. Además, las poblaciones locales podrían tener un recurso económico que genera todo un círculo de desarrollo que la prohibición no genera.

 

¿Por qué tiene más repercusión una actividad en Egipto y no una actividad en Catamarca si hace 10 años que estamos trabajando acá?, se pregunta Lucas como reflexión final, poniendo en relieve la importancia de valorar lo nuestro.

“La riqueza de Catamarca en arqueología es asombrosa. El arte rupestre en el Este provincial es fantástico, al menos tenemos documentadas unas 100 cuevas en toda la sierra, y estaría bueno poder no solo protegerlas, sino también conocerlas y entenderlas”, finaliza.

 

 

Cuadro relacionado

 

Sobre Lucas Gheco

Licenciado en Arqueología por la Universidad Nacional de Catamarca y Doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente es Becario Posdoctoral del CONICET con lugar de trabajo en el Centro de Investigaciones y Transferencia Catamarca (CONICET-UNCa) y docente del Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Desde hace 10 años participa del Equipo Interdisciplinario El Alto-Ancasti investigando la historia prehispánica del oriente catamarqueño, con especial énfasis en el estudio del arte rupestre.

 

Lidia Coria

Fotos: Ariel Pacheco / Gentileza Lucas Gheco

 

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