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Hablemos de la vejez

domingo, 03 de febrero de 2019 · 09:21

En nuestra cultura la vejez no tiene una imagen positiva. A muchos de nosotros, cuando nos portábamos mal, nos decían que nos iba a llevar el “viejo de la bolsa”. Porque en el imaginario popular los que dan miedo son los viejos… ¡y mucho peor si tienen una bolsa! En muchos cuentos tradicionales, la bruja es fea, vieja y malvada. Según este pensamiento, juventud es sinónimo de belleza y éxito; mientras que vejez es sinónimo de fealdad y fracaso. 


Esta es la razón por la que muchos, al cumplir 40 o 50 años, empiezan a experimentar el temor a envejecer. La vejez tiene mala prensa y se la suele asociar con decadencia, soledad, enfermedad y, en última instancia, muerte. La mujer, en su crisis de mediana edad, teme perder la belleza. El varón, la potencia. 


Te invito a considerar algunos de los mitos, o creencias erróneas, sobre esta etapa de la vida: 

1. Si pierdo mi juventud, lo pierdo todo
Lo cierto es que, en ninguna etapa de la vida, lo tenemos todo. Siempre nos falta algo. No solo alguien mayor de edad tiene carencias, todos las tenemos en algún área. Tampoco, en ninguna etapa de la vida, somos completamente felices. Algunos adultos idealizan la niñez o la adolescencia pero, por diversos motivos, siempre estamos descontentos por algo, tengamos la edad que tengamos. Perder la juventud no significa perderlo todo porque esta etapa no es el final de nuestra vida (la muerte lo es). Siempre hay que seguir avanzando y, sobre todo, abandonar la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor”. El mejor momento es hoy, ahora, y cada etapa de la vida posee su encanto.

2. Mi vida comenzará cuando cumpla 40 años
Mi vida comienza cuando yo decido que comience. Muchos se mueren antes de morirse. Y otros nunca empiezan a vivir, a disfrutar su vida al máximo. Para vivir en plenitud, tenemos que buscar siempre algún proyecto, o sueño, por cumplir. Esto es importante porque nos mantiene con entusiasmo, energía y esperanza. Nunca deberíamos vivir mirando hacia atrás, sino fijar nuestro ojos en lo que viene que siempre es mejor que lo que se fue. Lo importante no es correr (cuando somos jóvenes) o caminar (cuando somos mayores), sino seguir adelante y nunca tirar la toalla. 

3. Si envejezco, pierdo mi atractivo
Después de los 30 años, el rostro que le mostramos al mundo es nuestra exclusiva responsabilidad. Y todas nuestras emociones se ven reflejadas en este. ¿Sabías que sos responsable de la cara que tenés? Si sanamos nuestras emociones negativas, independientemente de nuestra edad, disfrutaremos un rostro fresco, atractivo y lleno de vida.

Entonces, ¿cómo deberíamos encarar la vejez tan temida?
Fundamentalmente manteniéndonos activos, en la medida de nuestras posibilidades, tanto a nivel físico como mental. Despertando a sueños más grandes de lo que hemos tenido hasta ahora que dejen una huella y un legado para otros. Y, sobre todo, confiando en que siempre habrá recursos y nuevas posibilidades. 
No importa la edad, siempre puedo elegir esperar lo mejor y disfrutarlo plenamente, cuando llegue.
 

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