jueves 2 de abril de 2026
turismo

Confraternidad ambateña: fe y tradición en el Puesto del Chato

Por Redacción El Ancasti

Unos 200 rodeínos y puerteños se encontraron para homenajear a la Virgen del Valle en un paraje equidistante de la montaña. Oficiaron una misa y compartieron un asado criollo, amistad, música y juegos campestres.

Cuando era chico, don Angelito Moya subía hasta la cumbre del Huayco y pasaba para los cerros de más atrás. De a pie o a caballo, iba siempre a arriar y a cuidar los animales de la familia que pastaban en el cerro, en la profunda quebrada donde manaba una vertiente. Los mayores ya nombraban a esa querencia como el Puesto del Chato. Un vergel estrecho, de poco sol, encajonado entre laderas verticales apoyadas en enormes piedras.

“Yo siempre he venido al campo. Desde que era chico, con 15 años. Aquí venían las vacas a tomar la única agüita que hay. Dormía siesta aquí en días calientes y dije ‘voy a poner una virgencita’. Tenía un compadre en La Puerta. Pero como uno se olvida de las cosas, el compadre me preguntó qué pasaba que no ponía la virgencita. Hasta que llegó un día y la hemos puesto”. Con ese testimonio don Angelito recuerda aquel bendito hito de 1980 en que cumplió su promesa mariana. Desde entonces, él y su familia de hermanos, hijos, tíos, sobrinos y tantos otros amigos que pasaron por el puesto siguen llegando hasta El Chato para invocar a la Madre Morena y abrazarse en un encuentro de pueblos.

“Esta cabalgata y misa en El Chato, es tradicional entre El Rodeo y La Puerta. Acá nos juntamos las dos comunidades. Se hizo grande ahora, viene gente de todos lados. Acá no había nada. Nos juntamos con el Dr. Gómez y decidimos hacer este tinglado que es un lugar de reunión que cada vez se hace más grande”, refiere Armando Seco Santamarina, el intendente de El Rodeo que junto con su par de La Puerta hicieron llevar columnas y chapas para levantar el único reparo que hay en el lugar.

Para llegar hay que ir como a dos horas de viaje por los senderos. Ir de a caballo o a pie. Familias enteras y grupos de amigos y vecinos peregrinan alegres desde el alba para volver a la oración. Es uno de esos lugares mágicos que conservan los pueblerinos como joyas escondidas en las quebradas profundas del cerro.

El sábado pasado, casi simultáneamente, desde el pie del Cristo de El Rodeo y desde la plaza de la Banda Norte de La Puerta partieron las hileras de caminantes confundidos con la caballada que mayormente transportó a los niños entre alforjas con víveres.

Luego de trepar hasta la cima del cerro que preside el Cristo de Baduna, el sendero gira con rumbo hacia las antenas por la “pampita”. Un cartel avisa dónde hay que doblar para el Puesto del Chato, internándose en una formación desde la que ya no se divisa El Rodeo. Más adelante, la vegetación se hace más frondosa a medida que el camino busca puntos más bajos y frescos. Una vez en El Chato, todo es fiesta. La llegada desde ambas orillas, el abrazo y el encuentro. Las confesiones y la misa criolla, sacrificio ofrecido desde un rústico altar de piedra.

La honorable presencia del obispo llegado por primera vez hasta la humilde gruta. Como uno más, refrescado debajo del único chorrito de agua ni bien bajó del zaino. Durante su homilía, la referencia de que “en 1980, cuando colocaron aquí a la Virgen, se celebró el 3er. Congreso Mariano Nacional” y la invitación a que “todos participemos con esta misma fe en el 4to. Congreso” que ha de realizarse en abril del año que viene.

Una pequeña procesión hasta el tinglado y el compartir de un manjar estirado sobre enormes parrillas. La caballada apeada más arriba y los grupos de comensales que extienden mantas en el suelo o buscan una sombra para el acampe. De pronto, un comedido comienza a cantar y detrás de él suenan las guitarras y el acordeón. Vuelan al aire las guarachas, la taba y la tira entramada de cuero comienza a temblar cuando hacen fuerzas opuestas los más fornidos. La magia del encuentro hizo el milagro.

Coincidencia

Además de haber acompañado cada uno a su pueblo en este singular encuentro, acerca del balance de los primeros meses con los turistas, los jefes comunales también coincidieron en que se van logrando grandes avances. “La temporada fue bárbara. Es producto del trabajo de todo el año y de estos tres años intensos que viene haciendo todo el pueblo de El Rodeo. Estamos contentos y sorprendidos por la temporada. También el privado invirtió, no había ningún local desocupado. De comidas, bares, boliches, tal como es El Rodeo. Como era El Rodeo antes”, opina Seco.

Osvaldo Gómez, el intendente de La Puerta, puso de relieve la inversión privada a la par del trabajo local: “El despertar del interés de gente que quiere invertir en todos los pueblos de Ambato, le da crecimiento, le da mayor vida a los lugares. A los del pueblo uno siempre les está pidiendo que participen, que se involucren en atender bien a la gente y en tener qué ofrecerles. Es un trabajo de muchos años que estamos haciendo y gracias a Dios se está reflejando. Cada temporada está mejor”.

El encuentro en El Chato tiene su historia. Un recuento de casi cuarenta años que los ambateños honran y acrecientan con la fe a la Madre Morena del Valle. Ahora, con el apoyo de las administraciones municipales, va tomando otra dimensión por la participación de vecinos, residentes y turistas. El encuentro va creciendo para abrirle paso al turismo.

Texto destacado: En 1980, la Virgencita fue colocada en una gruta por Angelito Moya.

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