Domingo por la tarde. Hace calor, pero un viento persistente alivia las altas temperaturas que hace una semana agobian a la ciudad. Rosa, que camina despacito con ayuda de su bastón –y de la chica que la cuida– se dirige, como es costumbre, a misa. Sin embargo, cruzando la plaza de su barrio, Villa Cubas, escucha una música que reconoce. Es la música de su juventud, que a sus 94 años la hace rememorar épocas doradas. Picada por la curiosidad, decide desviarse de su destino para ver de qué se trata.
Un romance de tres minutos
Un variopinto grupo de personas se mueve al compás de la milonga, algunas conversan animadamente y otras preparan el mate con masitas y pan casero. Convidada por el espíritu amistoso de la juntada y sobre todo por el tango, melodía de sus años jóvenes, Rosa se queda –otro domingo será tiempo de misa– y no solo se sienta en una reposera para mirar, sino que, invitada por uno de los bailarines, se anima al abrazo del tango en la improvisada pista de baile que propone la Intervención Milonguera “Yuyo Brujo”.
Edgar Solohaga (profesor), Viviana Toledo (gestora cultural) y Daniela Quintero (musicalizadora) integran “Yuyo Brujo” que, como cuenta la anécdota inicial, invita al público a contagiarse de la milonga en los espacios públicos. Porque el tango social es básicamente eso, una expresión cultural abierta y gratuita que propone el encuentro de personas –sin importar edad o condición económica o social– que quieran aprender tango y luego poner en práctica los pasos recién enseñados.
De Brujos y Brujitos
Edgar y Viviana cuentan que se conocen de las milongas, pero que la idea de esta propuesta vino después.
“La iniciativa nació como una idea de llevar el tango hacia un espacio abierto, público –recuerda Viviana sobre el nacimiento de Yuyo Brujo– Estábamos en la plaza Huayra Tawa que tiene una actividad muy linda de la mano de “El Brujito” –el carro-bar que vende los famosos “lomitos mágicos”– y se nos ocurrió proponerles esta idea, nos dijeron que sí y nos ofrecieron el sonido, así que invitamos a la comunidad milonguera y se armó”.
Viviana cuenta que la iniciativa surgió junto a Virginia Tassart, otra milonguera que por razones personales no continúa en el grupo, y que cuando ambas pensaron también en ofrecer clases de tango inmediatamente invitaron a Edgar y Daniela a sumarse a la aventura.
Todo esto empezó a gestarse en noviembre del año pasado, y se concretó por primera vez el 28 de diciembre cuando “Yuyo Brujo” intervino con su milonga la plaza Huayra Tawa. Y a partir de entonces no dejaron de girar por diferentes plazas y espacios públicos de la ciudad.
Durante el verano los encuentros se hicieron cada quince días, mientras que, cuando las temperaturas bajaron, se realizaron una vez al mes. Por iniciativa propia y motivamos por su amor al tango, y con la colaboración de la comunidad milonguera, Viviana, Daniela y Edgar se trasladan a cada plaza con su equipo de música, reposeras, banquitos, equipo de mate, y sus incansables ansias de bailar y enseñar. La convocatoria se hace antes, por Facebook y demás redes sociales. La gente se acerca, los milongueros llegan, y el espíritu de la intervención tanguera empieza a aflorar.
Así, además de la plaza Huayra Tawa, ya recorrieron la plaza Achachay, en dos oportunidades; la plaza 25 de Mayo; realizaron una intervención en el Predio Ferial durante la Fiesta del Poncho de este año; y últimamente visitaron la plaza de Villa Cubas.
Militantes del tango
“Somos una expresión cultural, un movimiento que trabaja y es militante del tango –asevera Edgar– porque vemos que Catamarca necesita más oportunidades y espacios para todo aquel que quiera aprender y bailar”.
Sobre las convocatorias en cada espacio, comenta que “hay gente que viene porque ya nos conoce o nos sigue por la página de Facebook, o nos mandan mensaje privado preguntándonos cuándo vamos hacer el próximo encuentro”.
Del mismo modo, sostiene que si bien hay un grupo que siempre asiste “cada vez que se acerca alguien nuevo le llama mucho la atención porque no sabía que existía esta propuesta, aprende a bailar y ya se engancha. Mientras que la gente que ya baila, aprende otras cosas nuevas, porque con el tango, cada vez que tengas una clase, vas a seguir aprendiendo, es inalcanzable”, y explica que “el tango también se trata de improvisar, que es lo más difícil y lo opuesto al tango coreográfico donde uno arma una coreografía y la repite, a diferencia del tango de salón que es el que hacemos nosotros y es pura improvisación”.
En este sentido, si bien ellos asisten a otras milongas de la ciudad reconocen que impulsaron esta iniciativa para “acercar a todos los grupos y se unan a este movimiento en un espacio abierto que no cobra entrada y donde puedan bailar y deleitarse con los tangos”.
Es tal la apertura de la propuesta que hasta el nombre, “Yuyo Brujo”, surgió por votación de la gente a través de Facebook.
Viviana cuenta también que realizan sorteos, ya que cuentan con el auspicio de la librería El Trébol que les ofrece libros relacionados al tango, los cuales sortean entre los asistentes de cada intervención.
Próxima parada
El grupo adelanta que el próximo encuentro será volver al lugar que los vio nacer como Intervención Milonguera: la plaza Huayra Tawa junto a “El Brujito”. La fecha tentativa es el domingo 20 de octubre. “La idea es volver con una sorpresa –anuncia Viviana sin dar más detalles– y luego seguir cada quince días en otras plazas. Por ahora, tenemos programado ir a Piedra Blanca, al barrio La Antena, y volver a la plaza 25 de Mayo”.
En este sentido, destaca la colaboración del área de Alumbrado Público que, previa notificación por nota, les habilita el gabinete para conectar el equipo de música portátil en los espacios públicos. Sin embargo, comenta que a través de la venta de bizcochuelo, masas y pan casero (que los mismos milongueros llevan para colaborar a los encuentros) están reuniendo fondos para adquirir un equipo de mayor potencia e independencia para así poder llegar a lugares que no cuentan con energía eléctrica.
“Invitamos a los milongueros, a vecinos de zonas cercanas y a los que quieran tener la intervención milonguera en su barrio, que se comuniquen con nosotros por Facebook, nos convoquen, somos abiertos y tenemos ganas de ir a diferentes espacios”, propone la gestora cultural, haciendo la salvedad que el espacio tiene que contar con energía eléctrica y un piso liso que será la pista de baile.
La magia del abrazo
Sobre la experiencia personal que les está dejando “Yuyo Brujo”, Daniela, Viviana y Edgar coinciden en valorar al tango social como una oportunidad de encuentro, de comunión con el otro, y como una expresión cultural libre y abierta a cualquiera persona que se quiera sumar.
“Para mí el tango es una perfecta excusa para el encuentro –expresa Viviana– Es un placer y el placer extendido es llevar la milonga a todos lados, donde la gente se sienta invitada, y ver cómo disfrutan. Y ahí está la magia ya que es una danza donde dos personas, que tal vez no se conocen, puedan congeniar y crear algo nuevo en sintonía, sintiendo, porque el tango es un sentimiento muy profundo”.
Daniela, por su parte, comenta que “en todos los encuentros siempre hay algo particular, pero lo que rescato y que es constante, es que cada vez que termina la tanda la gente siempre tiene una sonrisa en la cara y eso es lo más destacable. Además, la gente mayor nos enseña a los jóvenes que la juventud está en otro lado, no pasa por la edad o por lo físico, sino que justamente tratan de dar lo mejor en esos tres minutos de baile”.
Por último, Edgar sostiene: “Personalmente me genera la posibilidad de disfrutar esta forma de vida porque el tango, más allá de ser un estilo de música, te introduce a un mundo donde uno se hace adicto, es decir, escucha, analiza y piensa el compás, que es muy similar a los latidos del corazón –y añade–. Al mismo tiempo genera la posibilidad de encontrarse con gente que por ahí es desconocida, pero una vez que te abraza genera un vínculo, una historia, que dicen, es un romance de tres minutos… Entonces nunca dejo de aprender porque siempre me toca bailar con alguien distinto, y ese alguien me ayuda no solo a mejorar sino a repensar si a la hora de bailar estamos bailando o simplemente estamos descubriendo la magia del abrazo”.
Lidia Coria
Fotos: Ariel Pacheco
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Al compás
Daniela Quintero es la musicalizadora de “Yuyo Brujo”, y cuenta su experiencia en la iniciativa: “Al principio ponía los tangos que me gustaban y con los que la gente salía a bailar. Pero avanzando en el tiempo, lo que hacemos es escuchar mucho para poder conocer nuevas orquestas y traer una nueva propuesta cada vez que armamos una intervención”.
En este sentido, cuenta que, para cada encuentro, realiza una selección especial. “La idea es poner a las orquestas clásicas, de los años ’30 y ’40, lo que se llamó La Guardia Vieja. Y también traer como propuesta orquestas nuevas que obviamente a la gente le fascina. Son reversiones de los tangos anteriores, un poco más picantes y más pasionales, pero el tango sigue siendo el mismo”.
Algunas veces los milongueros asiduos se acercan a Daniela a pedirle sus tangos favoritos, entre ellos figuran los interpretados por “La Guardia Nueva, orquestas nuevas, la Romántica Milonguera, Sexteto Milonguero, y ahora también están sonando mucho Los Herederos del Compás y Misteriosa Buenos Aires”, enumera la musicalizadora.
Clases de tango
Edgar Solohaga, además, brinda clases de tango los lunes y miércoles de 21.30 a 23 horas en el Centro Administrativo y Cultural “Raúl Ignacio ‘Rulo’ Blas Bosch”, ubicado en Av. Tadeo Acuña y Gobernador Galíndez, al frente de la plaza Huayra Tawa.
Contacto: Facebook: Yuyo Brujo