¡Por fin! El postergado éxito del turismo en El Rodeo parece ser historia. Con la ruta abigarrada de autos a paso de hombre a lo largo de toda su extensión, con ochenta trekineros subiendo y bajando por la senda del Cristo de Baduna, con los bares abiertos de par en par a mesa llena gran parte del día, con locales nuevos y bien puestos, con espectáculos convocantes, con un clima variopinto que acompaña, con el buen comportamiento generalizado. Con la limpieza y el orden, con empresarios creativos en tiempos de crisis, con los santiagueños y tucumanos volviendo a poblar los veranos, con comercios locales aprovechando mesuradamente la oportunidad. Pocas veces todos estos planetas se encontraron alineados al mismo tiempo haciendo fuerza para lograr una temporada inolvidable.
El Rodeo vuelve a ser. La Hostería y sus actividades, los bailes ochentosos, el desfile con modelos top, el boliche “Pueblo” poniendo lo suyo, los grupitos de jóvenes y adolescentes reunidos en casas o sobre muros, en sombras arbóreas o en cualquier otro reparo; familias enteras refrescando las siestas calurosas en los cauces de los ríos; las casonas veraniegas y sus galerías de chinchones, rumis o canasteadas; el humo de los asados con guitarra, el acampe a puro “sanguchito”, la cabalgata, la caminata obligada cuando el sol amaina, los desvelados, los dormilones... El Rodeo ha dado cabida a todas las opciones este año, ayudado por un municipio que organizó un ciclo de actividades como para estar a la altura de una temporada que amenazaba con lo que es: un boom del turismo interno que recibe a los que ya no quieren (o más bien no pueden) ir a Brasil, a la Costa Atlántica, las Sierras de Córdoba u otro destino en el país.
El Rodeo de las mil opciones
Entre estas actividades, se desatacó el desfile de NG models realizado en la Hostería Provincial con la presencia de dos modelos de la elite nacional así como el Festival de la Flor, el domingo 12 con el cierre de Raly Barrionuevo y numerosos artistas locales que hicieron de soporte en el Polideportivo.
Diferentes opciones
Las tardes de lo que va de la temporada estival se prestaron esplendorosas en el ecoparque de montaña El Bastidor, que cuenta con restaurante, casa de té, jardines con un mirador como punto panorámico y mansos animales que viven en un parque natural de excepción.
Otro lugar digno de ser disfrutado, en especial para quienes van a “desactivarse” es el hospedaje San Gabriel de la Dolorosa, ubicado a la altura de El Mástil, en el corazón de la villa. Un poco más adelante, este año volvió a abrir sus puertas la tradicional Casa Villafáñez, comercio pionero del lugar, azotado por el trágico alud de 2014. Esta vez, lo hace parcialmente, ya que sus propietarios aclararon en las redes sociales que trabajan sólo para la venta de comidas para llevar.
A los tradicionales “escapes” que propone la villa, este año se sumó la apertura de varios negocios “de temporada”, algunos de ellos muy creativos como el Paseo de los Artesanos, ubicado en la intersección de Las Dalias y Los Pensamientos, este año jerarquizado con el refinado Paseo Tesón como “llamador” para quienes se dan un gustito con algo para el hogar, un adorno o alguna prenda de vestir con asesoramiento. Esta calle iluminada y peatonal conecta la ruta principal asfaltada con una de las arterias internas del pueblo (del viejo trazado de la Ruta 4) y reúne a los artesanos del pueblo que ofrecen dulces, productos de panificación, adornos y ropa. También convocó a los modernos Food Truck’s que tuvieron éxito a toda hora, cada uno con lo suyo: los chocochurros, las bolas de fraile, los cafés o licuados con facturas o medialunas, el pan de campo para los salames y quesos de Sisay, con una pinta de Dos Leone a $ 100. Todo para disfrutar en simples mesitas a lo largo del empedrado.
Frente a la hostería
En cuanto a la gastronomía y también sobre la ruta, a poco de andar viniendo desde la ciudad abrió la confitería Deck Ranch, que promediando la noche improvisa pista de baile. En la misma esquina se destacó la casa de té Delicias Díaz, con una buena oferta que el público aceptó. Otro que debutó este año con imperiales rusos, tortas y una esmerada atención fue “La Yaya”, café bar lounge, aunque en otro punto estratégico: a 50 metros del Puente sobre el río Ambato, ya camino a Las Juntas.
Los nuevos se sumaron a los que ya estaban: la parrillada “Lo de Lalo” sobre la curva de la Iglesia, “Aurelia”, en la cuadra de la municipalidad, el Club San Martín y la propia hostería provincial, que alberga un mini paseo comercial abierto para todo público que funciona muy bien.
Para los más chicos, el esparcimiento en la Plaza de los Niños –contiguo a la Hostería- sigue siendo el punto obligado. Allí se proyectaron películas y otros espectáculos infantiles, y se despliegan los infalibles juegos placeros.
Si bien hay quienes piensan que por estos días El Rodeo está superpoblado, los peatones que otrora disfrutaban de las calles tranquilas, los jinetes y amazonas que iban y volvían sin prisa en sus paseos y los remolones que iban en busca de silencio y de paz, deberán replantearse ciertas cosas. El turismo ha llegado y, además de las oportunidades de negocio, trae consigo estas cosas.
En general, puede decirse que las autoridades (municipio, policía, salud, etcétera) han ordenado y controlado convenientemente y que se organizó todo lo necesario sin faltar nada. Lo cual, en tiempos pasados, a veces fue un faltante muy visible. Ojalá que, como en el resto de los destinos de la provincia, el turismo haya llegado este año para quedarse.
Fotos: Ariel Pacheco