jueves 2 de abril de 2026
17° FERIA DE SEMILLAS NATIVAS Y CRIOLLAS, EN TATÓN

Que intercambiar lo genuino no se pierda nunca

Los campesinos del bolsón de Fiambalá organizan una feria abierta en la que el trueque de sus propias semillas, plantas, productos, artesanías, animales, saberes y experiencias, toma un sentido muy especial: sentirse independientes.

Por Redacción El Ancasti

Por una vez, no fue la parafernalia del Rally Dakar ni la inmensidad ‘sahariana’ de las dunas las que convocaron tanta gente en el famosísimo oasis de Tatón. A media mañana, más de 600 personas estaban en el Club Los Andes. Una enorme carpa ocupaba el playón de ingreso donde el locutor explicaba a los asistentes que ya podían comenzar a intercambiar sus pertenencias a la usanza de los viejos tiempos. Adentro, y detrás de los mesones dispuestos en cinco filas de punta a punta, no solo estaban expectantes los humildes agricultores de los pueblos de la “herradura del Abaucán”, sino también personas llegadas desde Chaco, desde Santiago del Estero, Tucumán, y lejanas localidades de la misma provincia de Catamarca. A riesgo de omitir alguno, estaban los visitantes de Costa de Reyes, El Puesto, Capayán, La Merced, Las Esquinas (Valle Viejo) y de Capital. El intercambio de semillas nativas y criollas convoca.


Los miembros de ACAMPA, la Asociación de Campesinos del Abaucán, fueron nuevamente los organizadores del encuentro. ACAMPA incluye a los pequeños productores de las localidades de Medanitos, Tatón, Antinaco, Mesada de Zárate y Punta de Agua. Pueblos lo que en la zona se conoce como “la herradura” del Abaucán, debido al caprichoso recorrido que hace este bravo río cordillerano que hidrata la tierra de sus fincas. Ellos, y otros que llegaron con suficiente antelación como para inscribir sus productos, ofrecieron sus semillas y plantines con una etiqueta que informaba al visitante el nombre, la procedencia, el propietario y algún otro dato esclarecedor. Envasados en simples bolsitas de nylon o con un papel, la curiosidad estaba tan permitida que era la moneda corriente entre los expositores y entre éstos y los nuevos que llegaron en masa para esta edición. Otros, los rezagados, ofrecieron lo suyo, así como venía: con la explicación verbal de la charla amigable.
Habas, calabazas, maíces andinos de diferentes tipos, colores y tamaños, algarrobas, arvejas, cayote, zapallo plomo, angola y otros; zapallitos y coreanitos, hierbas tales como la vira-vira, monte blanco, boldo, copa, rica y menta; papas y papines de dalias y otras plantas florales; plantines de duraznos, de tomate y de frambuesa; pasas de higo, de aceituna y pelones; granos de quínoa (para la venta estaba a $200 el kilo); estacas de vid; sal criolla; harina cocida, cactáceas y suculentas; mazamorra; dulces de cien colores y sabores, aceite de oliva de una única prensada manual y muchísimas sorpresas más estaban a disposición del público.


Pero también cacharros de cerámica, exquisitos vinos pateros, prendas textiles de muy buena confección, adornos, piezas de marroquinería y otras artesanías estaban puestas sobre los mesones. Y más, Y mucho más.


“Es la primera vez que hay tanta gente”, reconocieron en los puesteros de la feria, que se realiza por segundo año consecutivo en Tatón con apoyo de la Municipalidad de Fiambalá y de organizaciones como Bienaventurados los Pobres (Be.Pe.), los técnicos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar y programas de ejecución provincial como el PRODERI. Sin embargo, el mayor peso de la organización es de los propios productores que auto-sustentan este proyecto, que muy posiblemente emigre a otro poblado el año que viene.


“Empezó hace 17 años. En Medanitos lo hicimos por primera vez. Era una pequeña feria de unas pocas personas que dijeron ‘no queremos perder las semillas nativas, queremos trabajar en la tierra’ y se decidieron a hacer esta feria para intercambiar semillas que nosotros producimos con semillas que traían de otras comunidades que también ellos producían. Todas semillas nativas. Fue la primera feria solo de semillas, con el correr del tiempo se fueron agregando productos, artesanías, animales y bueno, siempre está en intercambio de experiencias y de saberes, que es lo principal” apunta con orgullo don Nicasio Chaile, actual presidente de la asociación ACAMPA.


Con la experiencia como garantía, don Nicasio asegura que, efectivamente, se logra hacer palpable la soberanía alimentaria gracias a la feria. “Es así porque hay gente que ya trae productos con la semilla que ha intercambiado. Traen los productos a la feria siguiente. Estamos contentos porque a todos les parece que esto es importante y más que todo la gente que hemos decidido quedarnos en estos lugares a vivir de la tierra, de la siembra y a cuidar a la tierra como parte de nuestra vida”.


Nobleza obliga, quisimos saber qué piensan los campesinos de la herradura –o lo que es lo mismo, de los pueblos y parajes más próximos al límite internacional con Chile y al mismo tiempo más alejados de los centros urbanos de la provincia- sobre ese gran movimiento económico de grandes empresas que manejan el mercado de las semillas manipuladas genéticamente que no siempre son buenas para la tierra. “Esto es una reacción a eso. Justamente, por eso nosotros decidimos hacer esta feria: para conservar lo nuestro y no tener que comprar semillas que vienen preparadas quizás para un año. En cambio, la semilla nuestra la podemos sembrar este año, el año que viene y seguir así todos los años guardando nuestra propia semilla”.


¿De alguna manera honran a los ancestros, a sus padres y abuelos así? “Sí, porque son ellos los que nos han inculcado la cultura del trabajo, de la vida y queremos seguir en ese camino”, concluyen.
La feria es abierta, tanto para los asociados a ACAMPA como para cualquier persona que haga algún trabajo o produzca y quiera exponer. La única consigna es que se trate de “productos de propia elaboración” y no de reventa. Un dato importante es que el intercambio no se hace necesariamente poniendo un precio o valor a cada cosa. “No se hace tanto así. Se intercambia uno por uno, dependiendo de lo que a cada uno le interese cambiar”, explica Chaile, quien se encuentra acompañado en la comisión por Marcelo Úsqueda como secretario, Élida González como tesorera y un grupo de vocales.

 

La hora del mediodía se hizo sentir por el olor que venía de las parrillas y de las cruces, donde había abundante oferta de carnes asadas, para degustar luego de las empanadas y los mates que ya circulaban. Entre cebada y cebada, el técnico de Be.Pe. Santiago Santucho contó en síntesis un poco de la historia que hay detrás de la feria. “La Asociación de Campesinos del Abaucán son 125 socios, familias de toda ‘la herradura’ que lograron tener un tractor con un proyecto del PRODERI (Programa de Desarrollo Rural Incluyente, que es de Nación y maneja en la provincia el Ministerio de Producción) y con el asesoramiento técnico de Be.Pe. lograron formarse como asociación civil, por asamblea. Tienen una comisión de feria que comenzó con el Club del Trueque en los ’90, pasaron también por los fondos rotativos y con Be. Pe. hacían intercambios de productos con gente de Belén. Así se fue consolidando este espacio. Lo que se busca es que haya semillas autóctonas o criollas para que haya intercambio de semillas. La clave de la soberanía alimentaria son las semillas nativas. Si no hay semillas nativas, no hay producción, y la soberanía alimentaria es la base. Por eso se ve que los stands con las personas más viejas, que están hace muchos años, están plagados de semillas. Y hay otros que también hacen sus productos porque es una buena oportunidad para vender. Cualquiera puede venir y sumarse. Lo único es que no debe ser nada de reventa ni semillas curadas, con productos químicos agregados”.


La feria también es de intercambio de saberes. Cuando van intercambiando, uno le explica al otro cómo va la semilla o cómo se llama el yuyo, para qué cosa sirve, y viene la explicación de la época en que conviene sembrar, de si la tierra debe ser más o menos arcillosa o arenosa. “Acá cerca, en Medanitos, hay un cerro que le decimos ‘La Farmacia’, que tiene todos los yuyos curativos. Y la gente se cura así”, le cuenta un paisano a un visitante que pregunta por el rubro medicinal.
-¿Ya hizo intercambio, doña Matilda? - ¡Sí! ¿Y usted? ¿Trajo algo para cambiar? –retrucó sorpresivamente con una sonrisa la vecina de Punta del Agua, que raramente confesó que debutaba en la feria.


Por suerte, el cronista también había ido preparado para el trueque y se volvió a la ciudad con hierbas para tratar su vesícula, una bolsita con “arca” para agregar al mate y un puñado de copa-copa que aromatizó gratamente el vehículo durante el regreso. A cambio, doña Matilda probará con la plantación de unas semillas de pimiento morrón y las exóticas simientes del “chivato” o árbol de la llama (delonix regia) que aceptó en el intercambio.

 

Aporte municipal

La intendenta de Fiambalá, Roxana Paulón, llegó a la feria para entregar un pequeño aporte para ACAMPA. Fue recibida por la comisión de la institución, por la gente del club y por los productores de “la herradura”. Compartió un almuerzo con ellos y recorrió la feria. Además de la Municipalidad de Fiambalá, ACAMPA destacó el apoyo del Club Los Andes y el de Be.Pe. para hacer posible la feria.

Texto y Fotos: Carlos Gallo

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