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8 DE SEPTIEMBRE DÍA DEL AGRICULTOR

Don Firpo Noriega

16 de septiembre de 2018 - 04:00 Por Redacción El Ancasti

El crujido de los terrones bajo nuestros pies parecía la cáscara invisible del tiempo que nunca pasa en los sentimientos.


Papá caminaba adelante mío, en silencio, con las manos atrás. Parecía hablarle al suelo recién arado con sus tripas al sol del mediodía. Tal vez insinuaba un mensaje desde sus pensamientos silentes, un sabio mensaje a descifrar a través de los años. En ese entonces imaginé que papá estaba soñando con la cosecha, “su” cosecha; a la que esperaba como se espera un sueño por cumplir.


Papá parecía hablarles a esos surcos con aroma a tierra arada, adonde las semillas irían a reposar un tiempo hasta parir la génesis de la cosecha, después de ser arrojadas desde sacas en las costillas de los peones. Más adelante, en el surco, cientos de zorzales, horneros, reinamoras y chalchaleros almorzaban gusanitos desde los terrones.


Cada peón, sembrando, era la mano extendida del sueño labrador; horas atrás lo habían sido la yunta de bueyes que abrieron la tierra de par en par enterrando sus pezuñas hasta la rodilla.
Alguna vez imaginé a mi padre hablarles a sus bueyes mansos que, desde cada madrugada, mucho antes que salga el sol, ya sabían qué hacer bajo la lluvia de chicotes sobre el lomo. Quizás papá hablaba con ellos por los silencios que solo el campo conoce. Imagino aún a mi padre en cada jornada, con el ruido del agua entre las piedras del arroyo cercano, con ecos de voces imaginarias por los potreros.


Yo supe de los sueños de mi padre. También alguna vez me imaginé apoyando la mano derecha sobre la mancera del arado para llenar el campo de esperanzas. Soñé que aprendía a arar el suelo de la vida bajo la simple mirada de mi padre, porque junto a él aprendí a trabajar y me recibí de hacedor de sueños; aunque los caminos nos llevaron por picadas distintas.


Hace un tiempo que papá partió. De su estampa de labriego que jamás mi mente podrá borrar; de sus silencios cargados de sueños y esperanzas, aprendí que el campo, la naturaleza, las plantas, los pájaros y hasta las mojarras del río, añoran la presencia del agricultor.

 Texto y Foto: Colaboración de César Noriega
 

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