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La ley de la expectativa

domingo, 26 de agosto de 2018 · 10:04

¿Qué estás esperando de la vida? Hay una ley, denominada la ley de la expectativa, que dice que uno recibe de acuerdo con lo que espera. Si uno dice: “Yo no espero nada”, nada es lo que va a recibir. Si uno dice: “Yo espero ver errores”, errores es lo que va a ver. Si uno dice: “Yo espero que me traten mal”, maltrato es lo que va a experimentar. Todo lo que uno espera, aun cuando no sea consciente de ello, es lo que uno obtiene. 


Esto significa que nuestra expectativa está atada a los logros que obtendremos. Logros y expectativa van de la mano. Según la expectativa, el que más espera más obtiene. Así que te animo a aumentar tu nivel de expectativa. Algunos expresan: “Yo no me quiero ilusionar porque, si no sucede lo que espero, me voy a desilusionar”. Ese no ilusionarse ya es una ilusión. Los seres humanos siempre funcionamos en ilusión y en expectación. 

 

¿De dónde surgió la ley de la expectativa?


Cuenta la leyenda que un rey de Chipre llamado Pigmalión, que anhelaba hallar la mujer perfecta para casarse, esculpió una estatua en marfil llamada Galatea. Era tan bella su escultura, que se enamoró de ella. Entonces los dioses del Olimpo, le dieron vida a la estatua. De ahí proviene esta ley, según la cual, yo amo algo tanto y lo espero tanto, que se transforma en realidad. 

 

¿Cómo se aplica la ley de la expectativa en nuestra vida diaria?


Una de las áreas más comunes donde podemos verla en acción es la de los vínculos interpersonales. Cuando por ejemplo, un papá o una mamá, espera algo grande de su hijo (sin llegar al extremo del padre perfeccionista, obsesivo y castrador, lo cual no es expectativa sino frustración), tarde o temprano lo ve convertido en realidad. Es tarea de los padres subirles la vara a sus hijos, sin sobreexigirles. No importa donde estén en este momento, o cómo se vean a ellos mismos, nosotros deberíamos decirles frases como: “Naciste para cosas grandes, para que seas buena gente, para que avances y prosperes en todo lo que hagas”. 


La expectativa también funciona con el líder y la tropa. Cuando el líder dice: “La gente no me responde, o la gente no se compromete”, esa es su expectativa. Las personas, por lo general, funcionan de acuerdo al nivel de expectativa del líder. Quien ocupa un lugar de liderazgo siempre debería alimentar la expectativa de que su gente es extraordinaria. De la misma forma, un profesor que espera que sus alumnos sean brillantes, aunque en la realidad tengan un desempeño normal, seguramente terminarán elevando su nivel de rendimiento intelectual.


La vara alta del líder hace que el discípulo crezca y quiera llegar hasta ahí.


Por eso, nosotros tenemos que esperar cosas grandes no solo para nosotros mismos sino también de la gente que nos rodea: de nuestros hijos, de nuestra pareja, de nuestros amigos, de nuestros clientes. ¡Y aun de los desconocidos! Declará tu expectativa, porque la expectativa no declarada no es expectativa, pero no te conformes con menos: esperá siempre lo mejor y lo mejor vendrá a tu vida.
 

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