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cuentos urbanos

La historia de un muñeco

Al transitar por la esquina de las calles Prado y Caseros, los transeúntes se percataron de la aparición de un nuevo personaje. Este, ya es parte de la escenografía del lugar.
29 de julio de 2018 - 08:42 Por Redacción El Ancasti

Sin saber especificar cuándo apareció precisamente, ya que nadie tiene una fecha exacta de cuando lo colocaron en ese lugar, un día, al mirar la obra en construcción apareció él. Primero estuvo colgado de una soga, como una especie de “ahorcado”. Esto generó el susto de una vecina del barrio, que una tarde-noche, cuando cruzaba la calle vio la imagen de alguien colgado y a los gritos llamó a la policía. 
Para sorpresa de todos, al llegar los oficiales, se dieron con que en realidad no era ninguna persona la que se encontraba allí, sino él. Este muñeco juguetón que se balanceaba de un lado al otro, según el ritmo del viento.  


En el lugar hay una obra en construcción, la esquina pronto se convertirá en un edificio. Luego de los acontecimientos y la confusión de los vecinos, los empleados de la obra optaron por sentar a “Minguito” -como le llaman algunos vecinos- en lo que pronto será un balcón. 


Sentado, con una “latita” de cerveza, “Minguito” saluda y despide a los transeúntes del lugar. Desde su esquina, vigila y observa situaciones que seguramente “jamás” podrán contar.


Para los vecinos, este personaje se convirtió en un habitante más del lugar, ya que su imagen se convirtió en parte de la escenografía del barrio, dándole un colorido distinto a aquella esquina.
Poco a poco, este pintoresco muñeco fue cobrando relevancia. Su fotografía ha llegado a las redes sociales, en donde muchos de los vecinos del barrio han comentado sus diferentes vivencias con el famoso “muñequito”.


Mientras tanto, los empleados de la obra en construcción, que conviven a diario con este personaje, se asombran de ver la repercusión que tuvo, ya que en ningún momento se imaginaron todo lo que podría pasar con “Minguito”. 


“Esta marioneta fue encontrada en un contenedor, por uno de los trabajadores de la obra. Entre ellos estuvieron unos días haciéndose bromas y colocando al muñeco en diferentes partes de la obra”, comentó a Revista Express el propietario de la obra.
Fue así, que lo que parecía divertido y anecdótico cotidianamente, tomó relevancia para quienes habitan la zona. “Jamás pensamos que este muñequito tome la relevancia que tiene actualmente”, indicó. A su vez explicó: “Lo sentaron ahí casi sin saber dónde ponerlo ya, a mí me pareció gracioso y algo diferente. Por eso no me opuse en ningún momento a que lo hagan”.
De esta manera, “Minguito” quedó posicionado en esa esquina, en donde ve pasar los vehículos, los peatones, los vecinos que a diario lo saludan. Este personaje se ha convertido en el sereno de la esquina de Caseros y Prado, donde desde su privilegiado balcón observa más de lo que puede contar. 
 

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