¿Cuántas veces te dijeron “no”? ¿Qué sentís cuando te dicen que no a algo que anhelás, cuando te dicen que no podés ingresar a un lugar o que tu perfil no da con la búsqueda laboral que la empresa está haciendo? ¿O cuando no autorizan un crédito personal que solicitaste en el banco? ¿Alguna vez te declaraste a alguien y te rechazó?
Si me dicen que no, ¿qué hago?
Cuando te dicen “no”, se genera una frustración ya que no podés tener aquello que te permite cumplir un deseo o un sueño. Hay un mensaje erróneo que nos transmite la cultura que nos afirma que debemos tener todo lo que deseamos y si no es así significa que habremos fracasado. Como resultado de esto las generaciones más jóvenes crecen creyéndose merecedoras de absolutamente todo lo que quieren, algo que evidentemente es irreal, ya que nadie logra satisfacer todos sus deseos.
Los adultos somos prisioneros de la sociedad de consumo que nos vende que la satisfacción de los deseos a través del consumo es sinónimo de realización personal. En realidad son cosas bien distintas. El deseo es una emoción superficial, basada en los sentidos. Es “darse un gusto”. La realización personal es otra cosa. Se basa en planes internos, profundos, que se proyectan en el tiempo. La sociedad de consumo nos dice que podemos tener todo ya. Entonces cuando llega la frustración, es decir, cuando nos dicen que no a algo, eso nos duele. Tenemos que saber que no todos los deseos pueden ser satisfechos, y no confundir deseos con realizaciones personales.
Ante una frustración siempre hay dos salidas: enfrentarla o esquivarla. Muchas personas buscan huir del dolor escondiendo todas las emociones que causan las frustraciones. Sin embargo, el camino correcto para resolver la frustración es otro: “activar nuestra creatividad”. Tuvimos un “no”, pero hay muchos “sí” que tenemos y que podemos usar a nuestro favor. Son muchas las capacidades internas que, cuando decidimos que una situación difícil no nos ganará, se ponen en marcha para crear nuevas soluciones y permitirnos hacer las paces con nosotros mismos.
Necesitamos aprender a frustrarnos y a reconvertir esa circunstancia, para no quedar en la impotencia. No se trata de rebelarse ante el límite sino de cambiar la estrategia. No se trata de resignarse sino de intentarlo de otro modo o de intentar en otro lugar. ¡Es de necios repetir algo que nos ha salido mal y pretender obtener un resultado distinto! Tolerar la frustración es una habilidad que se desarrolla. La frustración es parte de la vida. No podemos evitarla, pero podemos aprender a manejarla y a superarla.
Para tolerar la frustración tenemos que aprender del fracaso. ¡Las mejores cosas de la vida nos pasan a partir de que aprendemos de nuestros fracasos! Como dijo el gran campeón argentino de ajedrez Roberto Grau: “Una partida perdida me enseña más que cien partidas ganadas”.
Es sano tener un mínimo de frustración en la vida porque al sentirla seremos capaces de crecer y de aprender a superarnos en cada situación que nos toque atravesar.