Cronología en primera persona del rescate del “Pájaro rojo”, helicóptero presidencial Mi 171 E y su tripulación vip, varado días atrás en las cumbres del Nevado de Aconquija.
“La misión de rescate en los nevados de Aconquija, no fue fácil; fue una misión de alto riesgo en la que todos los que participaron fueron un eslabón importantísimo en todo momento”, reflexiona Jesús Maza, uno de los primeros hombres en hacer contacto con los funcionarios y empleados de Presidencia de la Nación que viajaban en la aeronave que aterrizó de emergencia en la alta montaña del departamento Andalgalá, próxima al límite con Tucumán. El hecho, ocurrido hace tres semanas, mantuvo en vilo al país entero por varias horas, desde que se dio la alerta hasta que se puso a la tripulación a salvo.
Cuando Maza se refiere a “todos los que participaron” habla de la gente que movilizó la Policía de la Provincia de Catamarca con sus grupos especiales, Kuntur, Bomberos, la Comisaría de Aconquija, Gendarmería Nacional de Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán; Policía Federal, Defensa Civil, SAME, Bomberos Voluntarios de Santa María, Tinogasta y Andalgalá, la Municipalidad de Aconquija, baquianos de la zona y muchas personas que hicieron su aporte en forma silenciosa, cada uno con un alto grado de solidaridad y entrega a la comunidad.
“Estaba en casa, relajándome de una larga jornada de trabajo, habiendo merendado y disponiéndome a descansar. Observo en la televisión el informativo de un helicóptero que había aterrizado de emergencia en los Nevados de Aconquija, pero la verdad que no le había prestado mucha importancia porque pensaba que era más bien del lado tucumano. Una hora más tarde, cerca de las 21 horas, recibí el llamado del Comisario Herrera del Grupo de Operaciones Especiales Kuntur y de la Jefatura de Policía. Me indicaba que prepare todo, ya que debía integrar el equipo de rescate en los Nevados de Aconquija, que tenía solo una hora para estar listo. Es así que, puntuales, nos reunimos en la base del Grupo Kuntur junto a los oficiales del Comando de Operaciones en Alta Montaña Herrera –jefe-, Soria, Bahamonde y Córdoba. Reunimos la información necesaria, con las coordenadas determinamos el lugar del aterrizaje de emergencia y trazamos el recorrido de acercamiento y búsqueda, que permita el ataque a la cumbre lo más rápido posible. Aclaro que las coordenadas nos daban un lugar aproximado, después nos dijeron los pilotos que ante la emergencia las habían pasado antes de aterrizar, por ello nos daban un punto sobre las laderas del Río Pizavil y la otra a 200 metros al sudoeste de la laguna. Pero, entre una y otra coordenada, trazando un punto intermedio nos daba el punto casi exacto de la ubicación del helicóptero.
El equipo se integró con los oficiales mejor preparados y, sobre todo, capaces de soportar las más duras exigencias de la misión. Alto espíritu de sacrificio, disciplina y un objetivo claro: cumplir la misión a riesgo de la propia vida, guiados por la mano de Dios y cubiertos por el manto de la Virgen del Valle.
En ese poco tiempo preparamos solo lo indispensable. Compramos café, aspirinas, remedios para la Puna, galletas y algo de ropa para las personas que íbamos a rescatar.
Íbamos con la seguridad de conocer el cerro nevado. Eso jugaba a nuestro favor, ya que esa zona forma parte del Cerro Escuela para los cursos de supervivencia de alta montaña del Kuntur. Por gracia, este rescate se dio justo en el terreno en que se dictó el último curso de supervivencia del grupo. Las que no estaban a favor eran las condiciones climáticas. Frío, nieve, granizo, lluvia y temperaturas de entre -10 y -20 grados”.
El Grupo arribó a Aconquija a las 1,30 de la mañana y fueron interiorizados de la situación. Allí les dijeron que ya había un baquiano y policías arriba, en busca de la nave, lo cual les dio cierta tranquilidad.
“Partimos en camioneta por la huella minera hacia el pie del cerro. Llegamos a un punto en que no podía seguir por la cantidad de nieve, la escarcha y las duras subidas. Nos trasladaron en una 4x4 del Municipio hasta el paraje “Las Blancas”. Nos entrevistamos con otros equipos de rescate ya apostados en el lugar, algunos conocidos y otros no. Nos deseamos suerte y partimos, ya que se nos informó que había riesgo de hipotermia en parte de la tripulación”.
No cualquiera subía
“Sabíamos que los cinco éramos capaces de llevar a cabo esta misión, pero jamás dejamos de pedirle a Dios y a la Virgen que nos ayuden, que iluminen nuestro camino. El riesgo estaba, hablamos mucho de nuestra familia. Calculamos llegar en cuatro horas al punto que nos establecían las coordenadas. Sabíamos que no íbamos a aflojar. Hacía muchísimo frio, estimo unos 15 grados bajo cero a la orilla del río. Hicimos hervir agua para tomar café. Nos costó prender el fuego, estaba todo mojado y caía garrotillo. Reforzamos el equipo, en lo personal, me calcé otro par de medias y pantalones rompe-nieve, que fueron determinantes en nuestro avance, además de dos pares de botas térmicas e impermeables que nos proveyó la empresa Confecat. Fueron fundamentales para abrir camino en la nieve”.
Comenzaron a ascender de noche, iluminados por el reflejo de la nieve y trazando puntos de avance. Apagaron las linternas. “El reflejo sobre la gran cantidad de nieve y el granizo nos confundían el recorrido, nos alteraban la visión y nos desorientaban”, explicaron.
El manto níveo era cada vez era más alto. “Llegaba a las rodillas y un poco más. El esfuerzo para ascender se triplicaba, cada vez se hacía más duro subir. En la primera parte nos encontramos con gente que regresaba. Se volvían porque realmente era difícil avanzar sin conocer. Nadie debía arriesgarse ni arriesgar a otros sin conocer cómo ascender. En determinado lugar ya no había ninguna clase de huellas. Comenzó a aclarar y notamos que íbamos por la senda correcta. Al no ver huellas dedujimos que nadie estaba arriba con las personas en emergencia. Advertimos que éramos la patrulla de avanzada de acuerdo con las comunicaciones radiales, por lo que cambió nuestra actitud, y ya nos caía toda la responsabilidad. No recuerdo si fue Gendarmería o la Policía Federal la que nos dio un equipo de comunicación de amplia cobertura. A la altura de la quebrada conocida como “Agua del Chivo” vimos en el portezuelo de ese filo, unos mil metros en línea recta, a dos personas y cruzamos unos gritos. No sabíamos quiénes eran. Por radio nos enteramos que era parte de la otra patrulla, con el guía Belmonte. Seguimos el ascenso con varias paradas, por fuertes calambres en las piernas. Se sentía ya el desgaste de transitar cuatro horas por la nieve, pero por la ropa mojada no se podía parar mucho; había que mantenerse en constante movimiento. Nos preocupaba llegar porque ya teníamos la certeza que nadie había hecho contacto con las personas del helicóptero. Y, como la noche anterior nos habían dicho que algunas personas estaban con principio de hipotermia, aceleraba nuestra preocupación. Cada 20 pasos hacíamos tres tomas profundas de aire y seguíamos. No se podía parar, estaba muy frio.
Avistaje, encuentro y asistencia
“A unos cien metros de la cima, y en el lugar que determinaban las coordenadas, vimos personas que gritaban y agitaban las manos. Nos preguntamos si eran otros rescatistas o la gente del helicóptero; solo les hicimos señas de que ya los habíamos visto, no podíamos gritar ya que la puna era muy fuerte. Bordeamos una ladera con menos viento y salimos a unos treinta metros de las primeras personas, que comenzaron a correr hacia nosotros. Les hicimos entender que no lo hagan, un muchacho joven llegó a nosotros. Nos saludamos y llegamos donde estaba todo el grupo. Saludamos a todos con un fuerte abrazo; hasta creo que hubo lágrimas en algunos ojos”, relata sobre el emotivo momento.
Los rescatistas aportaron algunas medicinas. “Eran para el ‘mal de montaña’ ya que tenían dolores de cervicales y de cabeza. Además, se les notaba en los ojos sus efectos. Los asistimos con abrigo que habíamos llevado de nuestras pertenencias, hicimos café y compartimos galletitas, chocolates y sobre todo buena hidratación. Allí nos enteramos realmente quiénes eran las personas que estábamos asistiendo. E hicimos mucho humo para marcar nuestra posición y ser vistos desde el aire”.
El plan de evacuación
“Una vez que se logró estabilizar a todas las personas en la parte física y espiritual, y que tomaron confianza en nuestra misión, el Comisario Herrera comenzó a diagramar el plan de rescate de acuerdo con la situación del momento y el protocolo de rescate en alta montaña. En esos momentos un avión Learjet, sobrevoló dos veces nuestra posición y, en base a su información, se hacía casi imposible el rescate en helicópteros, por las turbulencias y el peligro del colchón de nubes para eventuales aterrizajes, con el riesgo de que se congelen. Hacía mucho frío, el viento comenzó a pegar más fuerte, había poca sustentación en el aire y la neblina comenzó a subir.
A mediodía, y a punto de comenzar el descenso, llegaron dos rescatistas más: el baquiano Belmonte y un bombero de Andalgalá. Compartimos con ellos un café y las últimas galletitas. Es realmente admirable su esfuerzo y profesionalismo al caminar toda la noche por la nieve.
Se había fijado a las 12.30 como horario límite para la confirmación de los helicópteros de rescate. Si hasta entonces no se confirmaba esa asistencia, la evacuación se haría a pie, para tratar de llegar con la luz del día al sector poblacional. Se estimaban unas seis horas de descenso, pues los integrantes de la comitiva presidencial lo hacían de zapatos y medias, no se podía esperar más.
Se preparó una camilla improvisada con elementos del helicóptero y, a cargo del comisario Herrera, comenzamos a descender ya que no se tenía confirmación del rescate vía aérea. Ya con un descenso de unos doscientos metros, apareció un helicóptero que sobrevoló varias veces la zona hasta determinar un punto de aterrizaje muy arriesgado. Allí, el jefe de rescate ordenó la evacuación de toda la comitiva presidencial. Aunque algunos querían bajar caminando junto a todo el grupo, esto no les fue permitido ya que no tenían el equipo mínimo adecuado para la nieve. Y se ordenó comenzar un descenso inmediato con los pilotos de la Fuerza Aérea que tenían botas para cubrir los pies. El mal tiempo avanzaba muy rápido hacia la cima. Ya no había otro tiempo para otro rescate vía aérea. Éramos un total de 13 personas en la parte más alta y en el otro grupo, apostado en la quebrada Agua del Chivo, creo que quedaban unos ocho bomberos. Hubieran sido necesarios tres helicópteros para rescatar a todos. Allí el guía Belmonte y el bombero de Andalgalá se separaron para reencontrarse con el resto de los bomberos voluntarios que habían quedado a la altura de Agua del Chivo y nosotros seguimos descendiendo. Ellos cruzaron la quebrada y bajaron cerrando la marcha”.
Recibimiento y regreso
“Luego de casi cuatro horas de descenso llegamos al campamento de campaña de rescate, con muchísima nieve y frío. Allí nos juntamos con todos los eslabones del rescate. Se notó que éramos todos parte de un solo equipo: la alegría compartida entre todos, el café, la frazada para no enfriarse, un calentito guiso de arroz, las camionetas equipadas para la nieve, y la 4x4 doble tracción con cadenas en las ruedas que nos trasladó en las últimas subidas al campamento base. Pero, sobre todo, encontramos el calor humano de cada integrante del gran grupo de rescate que se formó para el éxito de esta misión. La alegría de volver a saludar a todas las personas conocidas del mundo de los rescatistas, voluntarios o distintas instituciones públicas, me quedó grabada la presencia del Dr. Bazán, Jefe del SAME, quien también estuvo al frente con su grupo de trabajo.
Cuando nos estabilizamos y compartimos las novedades del rescate, una camioneta de Gendarmería nos bajó hasta el vehículo del Grupo Kuntur. Le sacamos la nieve y la escarcha que lo cubría, logramos hacerla arrancar y emprendimos el regreso a Catamarca.
Profesor Jesús Maza
Grupo Operaciones Especiales, GEO Kuntur – Policía de Catamarca
Guía, Búsqueda y Rescate en Alta Montaña, Supervivencia de Alta Montaña
NUESTRA MISIÓN
“Como integrante del grupo de rescate del GEO KUNTUR, creo que esta fue una misión muy dura y arriesgada, con mucho frio, mucha nieve y un ascenso al cerro Nevado de Aconquija en una situación extrema. Estuvimos muchas horas en la nieve, lo que lleva la capacidad humana más allá de los límites. Solo la entrega por el prójimo nos lleva a tanto sacrificio. Todas las personas son merecedoras de los mismos reconocimientos ya que esta es una cadena donde cada eslabón tiene importancia: los que subieron y los que quedaron esperando en los distintos escalones.
Demos gracias que pudo subir el helicóptero a rescatar a las personas que no estaban en condiciones de caminar, de lo contrario la historia al momento pudo haber sido otra y quizá no tan feliz. Por ello jamás dejaré de agradecer a Dios y a la Virgen por estar como siempre a nuestro lado”.