jueves 2 de abril de 2026
SALUD

Nuestra actitud frente al fracaso

Por Redacción El Ancasti

Cada persona tiene una relación especial con el error. Muchos, cuando sienten que han fracasado, comienzan a entablar un diálogo interno con ellos mismos (“¿cómo me puedo haber equivocado?”; “¿cómo no me di cuenta antes?”; “soy un desastre”; etc.). Esto ocurre porque uno interpreta sus circunstancias de acuerdo con cómo se siente consigo mismo. Es decir, que nuestra interpretación de la realidad está teñida de nuestras emociones hacia nosotros mismos. 


Los seres humanos solemos visualizar las diferentes situaciones que vivimos por medio de ciertos mecanismos psicológicos. Y está comprobado que “todo lo que creemos”, en algún momento, llega a suceder. Por supuesto, hay un componente grande de información que hemos acumulado en nuestra mente. Por ejemplo, aquella persona que creció en un entorno de temor e inseguridad sentirá que todo le causa miedo y tendrá una estima débil que la paralizará a la hora de accionar. 


Sin darnos cuenta, albergamos creencias y conceptos que consideramos normales pero no nos permiten avanzar y necesitan ser reemplazados por otros para que nuestras acciones puedan moverse hacia el cumplimiento de nuestros sueños. Muchos de estos datos erróneos que hemos incorporado pueden terminar transformándose en una obsesión, una imagen o una palabra, que se repite automáticamente en nuestra mente y no podemos evitar.


Un pensamiento obsesivo siempre provoca sufrimiento y, sobre todo, anula el desarrollo de nuestro potencial para revertir cualquier error en algo positivo. Según la ley de la concentración, cuanto más piensa una persona en algo, más se arraigará esa idea en su mente y mayor probabilidad habrá de que termine haciéndose realidad. Nunca sucede algo externamente sin que primero no haya tenido lugar en nuestro interior. De manera que, si anhelamos que nos vaya bien, debemos verlo primero dentro de nosotros. 


Cuando nos acostumbramos a funcionar “en negativo”, nos cuesta realizar cambios y permanecemos en la zona del eterno fracaso (comenzamos a pensarnos fracasados), todo lo cual no nos brinda la posibilidad de pensar claramente. Como resultado, nos resulta difícil tomar decisiones acertadas y lo único que hacemos es repetir errores que nos alejan del éxito.


Pero la buena noticia es que, aunque estemos acostumbrados a este tipo de funcionamiento, nunca es tarde para cambiar. El primer paso es reconocer nuestra necesidad de cambio y enfocarnos en lo que queremos lograr (la mayoría de la gente para escapar de su realidad vive enfocado en el otro). A partir de ahí, podemos buscar las herramientas que nos ayuden a modificar lo que haga falta, a crear hábitos positivos y, sobre todo, a aprender a desarrollar una mentalidad orientada al éxito.


Los triunfadores que tanto admiramos tienen miedo y se equivocan de vez en cuando, pero están determinados a alcanzar sus metas, saben que son capaces de hacerlo, tienen una actitud humilde (de aprendizaje y mejora continua), aprovechan el tiempo al máximo, no postergan decisiones y nunca, pero nunca, se dan por vencidos.
 

Seguí leyendo

Te Puede Interesar