viernes 3 de abril de 2026
CULTURA

Seda silvestre, joya escondida en el monte ancasteño

Por Redacción El Ancasti

Cuenta la leyenda que el descubrimiento del gusano de seda fue hecho por una antigua emperatriz china llamada Xi Ling-Shi. Se dice que mientras la jovencita tomaba el té bajo una morera de su jardín en el palacio real, algo cayó a su taza de té… se trataba de un capullo de gusano de seda. Cuando quiso sacarlo, este se deshilachó, y ella, como era una excelente tejedora, lo tomó y empezó a tejer con él. Este fue uno de los secretos más resguardados de China, y pasaron 1.500 años para que el resto del mundo finalmente descubra el verdadero origen de la preciada seda.

Del lejano oriente nos transportamos imaginariamente a Ancasti, departamento ubicado al Este de nuestra provincia, que guarda en sus montes un tesoro similar al que resguardaban las antiguas tejedoras de China: Se trata de la seda silvestre catamarqueña, producida por la mariposa conocida popularmente como purucha, pulucha, cuncuna, punpuna o coyoyo. Sus capullos plagan el bosque espinoso, de donde son recogidos para luego ser convertidos en exquisitas piezas textiles, únicas en la región.

La oportunidad de conocer más sobre este excepcional arte textil de nuestras tierras se produjo el pasado sábado 14 de abril en la Casa de la Cultura cuando se presentó la muestra fotográfica “Seda Silvestre, tesoro escondido”, que forma parte de un proyecto dirigido por la diseñadora textil Martina Cassiau, cuyo objetivo es salvaguardar la técnica de obtención, hilado y tejido de la seda silvestre catamarqueña que se produce en el monte de Ancasti. 

Cabe destacar que el proyecto, cuyo equipo de trabajo también está conformado por Lucio Agustoni, Joel Flores y Marcia Vergara, ganó los fondos concursables para la salvaguarda de Patrimonio Cultural Inmaterial de CRESPIAL-UNESCO a fines de 2016.

Además, en la ocasión también se proyectó el documental “Pabla Romero, legando sueños” –dirigido por la realizadora local Mariel Bomczuk y ganador de la Beca Bicentenario a la Creación 2016 del Fondo Nacional de las Artes–, el cual cuenta la historia de la tejedora de 82 años, oriunda de Ancasti, y una de las pocas sobrevivientes que mantiene vivo el arte de obtener seda silvestre.
Es así que, en la ocasión, Doña Pabla estuvo presente junto a Elvira, una de sus alumnas, ya que la artesana cumple un importante rol en su comunidad al transmitir sus conocimientos a otras mujeres de la zona, un loable gesto que busca mantener vigente esta preciada y poca conocida técnica textil.
 
Tesoro escondido

“Me siento muy bien y contenta. Las tejedoras también están contentas. Me gustaría que ellas sepan todo lo que yo sé”, le comentó Doña Pabla a Revista Express, en el marco de la muestra, cuando se le consultó qué significaba para ella y sus alumnas que se diera a conocer la técnica textil de seda catamarqueña.

De fuertes convicciones y palabras simples, la tejedora vive en Santa Gertrudis, una pequeña localidad distante a 7 Km de la villa de Ancasti. Hasta allí se trasladan Angélica Moreyra, Elvira Bulacios, Elena Bulacios y Encarnación Rodríguez, quienes se reúnen algunas tardes a la semana para aprender y practicar la técnica de hilado y tejido de seda silvestre, utilizando los tradicionales husos y telares criollos.

En tanto, sobre los secretos de la seda silvestre, la artesana compartió algunos datos con los presentes, por ejemplo, comentó que para realizar una pequeña chalina se necesitan aproximadamente 500 capullitos de coyoyo; y que si bien ella no calcula el tiempo, desde la obtención de los capullos hasta el tejido de una pieza, se puede demorar alrededor de un mes y quince días.
En este sentido, recordó que desde los 12 años empezó a tejer la seda nativa, oficio que aprendió de su abuela, quien le enseñó a usar el telar criollo.

En tanto, también destacó que en los últimos tiempos ha disminuido la cantidad de mariposas y cada vez es más difícil encontrar sus capullitos, y hasta hace una diferencia en la suavidad de las prendas: “Las de ahora no tienen la misma suavidad de las piezas de antes. Eso tiene que ver con lo que se alimentan las mariposas”, acotó.

El proyecto

Martina Cassiau es diseñadora textil y es la responsable del proyecto que propone proteger este legado: “La muestra fotográfica cristaliza todo un año de trabajo sobre la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, es decir, proteger la técnica de obtención, hilado y tejido de seda silvestre catamarqueña –y agregó– hasta el año pasado solo Doña Pabla practicaba esta técnica, y hoy se conformó un grupo de cuatro mujeres que mantienen con vida el oficio. Allá, en el monte de Ancasti, ya las conocen como “las chicas tejedoras”, se juntan una vez por semana a hacer hilados, a tejer, a perfeccionar la técnica y el grosor de la hilatura, y a conversar ya que es una oportunidad para empoderarse, planificar y también para sumar a sus economías domésticas porque es una producción de piezas textiles con una salida comercial”.

Sobre los inicios del proyecto, Martina recordó que “todo empezó hace ya 3 años, por 2015, yo había leído el libro “Mujeres de seda y tierra” de la investigadora catamarqueña Ruth Corcuera que cuenta las técnicas textiles del monte que se van perdiendo, y recuerda a las mujeres que juntaban esos capullitos, y a raíz de ese libro me puse a investigar como parte de un proyecto de posgrado”, y añadió: “Fue así que emprendí esta aventura, me fui al monte de Ancasti a conocer a Doña Pabla y no tenía ni idea si la iba a encontrar. El último dato que tenía era una mención del Fondo Nacional de las Artes de 2008. En el medio conocí a Joel Flores y a Marcia Vergara, y juntos creamos un vínculo con Doña Pabla que nunca más cayó”.

La técnica

La técnica de obtención, hilado y tejido de seda catamarqueña, explica Martina, consiste en la recolección de los capullitos de seda, los cuales crecen de manera silvestre en el monte de Ancasti. “Según de donde coma el gusanito, es decir de qué planta, va ser el color de su hilado, con lo cual podemos obtener una gama de blancuzcos, amarronados y grisáceos. Las mujeres recolectan estos capullitos, los meten en una ollita, los ponen a las brasas, y los mezclan con cenizas. El proceso de cocción es de unas 12 horas, los van ablandando y al cabo de ese tiempo se obtiene una especie de vellón de seda silvestre. Este vellón se seca y se lo empieza a hilar como si fuera fibra de oveja o llama, se lo hila de una manera muy finita y luego con esos hilados, en telar criollo, se tejen unas pequeñas piezas, unas ‘chalinitas’, y es de destacar el diminutivo porque cuesta tanto juntar los capullitos y obtener un poco de material que las piezas que se realizan son pequeñas no solo por la labor sino porque tendrían un precio desmesurado”, describió la diseñadora sobre el proceso que demanda obtener la seda nativa.
 
La mariposa y su cuidado

Martina sostuvo que si bien la idea es salvaguardar la técnica, también están trabajando para proteger a la mariposa, gestora de la materia prima necesaria para obtener la seda silvestre. “El bichito es muy sensible, se aleja de los ruidos y las vibraciones, y con los camiones, el traslado de vehículos pesados, o con algunos insecticidas la mariposa se mete más adentro del monte, con lo cual es más difícil de encontrar los capullos. Por eso estuvimos trabajando con algunas áreas del Estado que proponen generar una especie de cultivo doméstico de este tipo de gusanito. Son proyectos que se están hablando ya que es fundamental para tener una producción sustentable”.

Técnica textil única

Consultada sobre si se realiza esta técnica textil en otros lugares del país, la investigadora sostuvo: “Me contactaron desde Salta donde hay investigaciones sobre la misma mariposa pero no subsiste este tipo de técnica. También, en el museo de Tilcara se encontraron muñequeras y gargantillas con estos capullitos utilizados como ornamentos de rituales muy antiguos. Toda esta zona no tiene las condiciones para preservar textiles muy antiguos por lo que no se encontraron textiles arqueológicos de este material; con lo cual, por el relevamiento que vengo haciendo hace años, encuentro que en el monte de Ancasti es el único lugar donde se desarrollan estas piezas. En el norte, en Tucumán, Salta y Jujuy, se pudo haber hecho pero creo que no ha persistido a través del tiempo. Esto es único en Catamarca y prácticamente en Latinoamérica, un tesoro que tenemos”, resumió.

Futuro alentador

Martina reconoce que “la pata económica es fundamental para este proyecto”, y que ve “un futuro alentador siempre y cuando la sociedad civil y el Estado acompañen y faciliten con circuitos comerciales, aprendizajes y beneficios sociales. Los gestores culturales plantean estos proyectos no solo para trabajar con técnicas textiles sino como excusa para acercarse a la gente y conocer sus necesidades”.

La técnica de obtención de la seda silvestre es un importante legado cultural y como tal su transmisión se hace de generación a generación. Y sobre ese aspecto hace puntapié la responsable del proyecto: “Además de Doña Pabla hay cuatro mujeres que conocen y desarrollan la técnica, y una de esas mujeres le enseñó a su hija de 11 años. Esta niña ganó un premio en la Feria de Ciencias de su escuela con un pequeño telar donde hizo una pieza de seda silvestre, con lo cual es interesante la transmisión entre generaciones y hasta la propuesta dentro del sistema educativo, donde alumnos y maestros conocieron la técnica. Hay un conocimiento que se pone en circulación que es el terreno fértil para que esto pueda prender”.

Un fondo del mercado de artesanías para comprar la producción de estas tejedoras, brindarles beneficios o facilidades para armar una cooperativa o poner un taller para que puedan trabajar en buenas condiciones son cuestiones que el Estado y la sociedad civil podrían facilitar para darle salida económica a estas valiosas piezas textiles, explica la diseñadora, agregando que “es difícil encontrar circuitos comerciales para estas piezas, no solo por la lejanía del monte de Ancasti sino para encontrar el público que compre y comprenda el valor de la pieza que tiene un precio elevado”.
Por cuestiones de la vida y el destino, el proyecto para salvaguardar la seda silvestre catamarqueña fue tomando una perspectiva de género ya que cinco mujeres, encabezadas por Doña Pabla Romero, luchan contra el tiempo y las adversidades para mantener vigente este arte ancestral. A esas mujeres se sumaron otras como Martina Cassiau y Mariel Bomczuk, quienes cada una con su equipo, dieron visibilidad y relevancia al trabajo silencioso de esta tejedora. Una labor que, como el ciclo de la mariposa, se renueva constantemente para mantener con vida un legado que vuela en las profundidades del monte catamarqueño. 

Patrimonio Cultural

La presentación del documental y la muestra fotográfica sobre la seda del coyoyo se realizó en el marco del nuevo ciclo “Conociendo nuestros patrimonios”, de la Dirección Provincial de Patrimonio Cultural, dependiente de la Secretaría de Cultura; y contó con el apoyo de la Secretaría de Turismo de la provincia.

Cabe destacar que el objetivo de dicho ciclo es la divulgación del rico legado cultural que tiene nuestra provincia, y estará coordinado por el equipo de trabajo de la Dirección de Patrimonio Cultural.


Lidia Coria
Fotos: Joel Flores
 

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