el click

Romper el silencio

La denuncia penal que la actriz Thelma Fardin realizó contra el actor Juan Darthés generó un efecto dominó para que miles de mujeres en todo el país puedan contar los abusos que durante un tiempo habían silenciado.
domingo, 23 de diciembre de 2018 · 04:00

Una frase incómoda al oído, una mano que toca sin permiso, la ‘apoyada’ en el colectivo, el manoseo en el boliche, una copa de más que impide dar el consentimiento, entrar por la noche a una habitación… tomar por la fuerza a una mujer y silenciarla con una mirada de horror o hacerla sentir inferior porque es una empleada, una alumna, una niña o una adolescente, un ser vulnerable. Un minuto, unos días, unos meses, unos años o una vida de silencio es un calvario. Vivir en la oscuridad del silencio no es vivir, eso solo persistir en el tiempo. El tiempo de romper ese silencio es ahora. El click lo hizo la denuncia de Thelma Fardin, una actriz que denunció penalmente que hace casi una década, cuando tenía 16 años, fue violada por el actor Juan Darthés. Quizá era esperable que algunas mujeres se animaran a contar sus historias pero el efecto fue mucho más fuerte. Las redes sociales se convirtieron en medios para canalizar el dolor, la tristeza y hasta el enojo que muchas mujeres vivieron y callaron. Las denuncias hicieron mella en distintos sectores de la sociedad, bajo el grito de #NoNosCallamosMas.


Graciela Moreno es psicóloga del Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) de la Corte de Justicia de Catamarca y, en una amena charla con Revista Express, analizó el fenómeno del “efecto Thelma”. La profesional recordó que un primer click fue el caso María Soledad porque por entonces, a principios de la década del 90, “no se denunciaba nada”. No obstante, remarcó que se trató de un movimiento popular contra ‘los hijos del poder’. 


Consideró que con esta denuncia de Thelma se impulsó a generar denuncias masivas. La profesional remarcó que desde distintos sectores desde hace tiempo se insta a denunciar este tipo de situaciones. También indicó que otro  click importante fue la repercusión en Catamarca de lo que sucedió en otras provincias con el caso de Lucía Pérez. 


Sin embargo, Graciela aclaró que lastimosamente existe una cifra negra con relación a los abusos sexuales y, por ello, se instan a que las víctimas se animen a denunciar. Al mismo tiempo, comentó que aparecen más casos en las Oficinas de Asistencia a la Víctima del Delito. “Con la creación de los distintos equipos de visibilizó más. En el CIF se ven más casos de abusos sexuales, violaciones y lesiones. Entre el año pasado y este, se vieron casos de violencia”, comentó. Al respecto, aclaró que los Juzgados de Familia cuentan con un Equipo Técnico para abordar la problemática de la violencia.


La especialista remarcó que hay más denuncias porque se comenzó a romper el silencio. Aunque el silencio persista, siempre habrá una franja que va a ser terminar con esta situación, sea en la familia o en los círculos sociales, estimó.


“La gente se anima a denunciar y las repercusiones dan impulso. Ahora, habrá que determinar”, consideró. Como especialista y de acuerdo con su experiencia en consultorio, tanto con víctimas como con victimarios, comentó que el escrache no está bien. “Hay cuestiones que se tienen en cuenta en ambas partes (víctima y victimario). Se debe denunciar para no entorpecer el proceso judicial”, explicó. No obstante, señaló que en el caso de la curia, donde se cubren muchos casos, consideró que si hay denuncia, se pueden nombrar al acusado.

Tiempo al tiempo


“No cualquiera lo puede transitar en la inmediatez del hecho. A veces, ese tiempo que pasa es el tiempo que psíquicamente necesitó y algunos nunca lo logran para poder elaborar esa vivencia y poder llegar al punto de una denuncia”, precisaron en alguna oportunidad profesionales del CIF. A veces ese tiempo se traduce en días, en años y algunos nunca pueden verbalizarlo ni siquiera en la intimidad con su actual pareja y formando una familia, en una etapa de adultez. 
A la vez, advirtieron que no cualquier persona ocupa el lugar de víctima. Entre víctima y victimario hay una relación asimétrica. “El abuso tiene que ver con el trastorno de la persona que ejerce el abuso, no con la condición de la víctima. Siempre aquel que tenga mayor incidencia sobre el otro, por amor o por temor, va a tener mayor acceso a poder ejercer ese abuso”, precisaron.

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