de nota de tapa

La movilidad sustentable en la ciudad

domingo, 02 de diciembre de 2018 · 04:10


“Un ciclista es un desastre para la economía. No compra un auto y no tramita créditos para ello. No compra gasolina y no usa los servicios de talleres. No tiene seguro. No paga estacionamiento. No tiene obesidad. Además, está sano. La economía no necesita a las personas sanas. Ellas no compran medicamentos, ni van a los médicos privados”. Esta cita anónima que puede leerse por estos días en las redes sociales, es el disparador para pensar qué está pasando con la movilidad en nuestras ciudades.


Está claro que el automóvil fue el paradigma del siglo XX. Este medio de transporte tenía sentido en otro mundo, en el que pensábamos que la independencia que nos daba al trasladarnos, nos haría más felices y solucionaría todos nuestros problemas. El mundo está cambiando y las ciudades se están densificando.


Ciudades como la nuestra, donde la movilidad está normada por el conductor alto, atlético, masculino y de buenos ingresos económicos, que conduce una camioneta de gran porte y que se abre paso por donde quiera en nuestro casco histórico del área central, quizás nos impide entender que en estos tiempos se presentan nuevos desafíos en el traslado de las personas.
Los que comparten pensamientos como el que leyeron al comienzo de esta nota, no nos están diciendo que tenemos que dejar nuestro auto y salir corriendo todos a tomar una bicicleta como única posibilidad para ir desde nuestra casa al trabajo. El mensaje que nos deja es del nuevo enfoque: el de la movilidad sustentable.


Y aquí cobra sentido lo que sostiene Vicente Rigalt, la bicicleta forma parte de una de las tantas posibilidades de movilidad de las personas: el futuro próximo es la mixtura. Usar el auto, sacar la bicicleta, caminar, subirse a unas patinetas, viajar en un ómnibus, etc... Esto va a cambiar en función del día, de la estación del año y del estado de ánimo de la sociedad. Quizás es un poco difícil de entender en sociedades conservadoras como las nuestras, pero quienes toman decisiones en materia de movilidad en los organismos estatales, tendrán que ponerse a pensar en este nuevo desafío y dejar previstos los soportes para que esto pueda darse.


Tal vez resulta un poco difícil asumir este paradigma de movilidad, pero lo cierto es que vamos a tener que ir incorporando esta mirada flexible y versátil en la forma en que nos movemos en el territorio en el que se encuentra nuestra ciudad.
La gobernanza del gran aglomerado urbano de Catamarca tendrá que comenzar a pensar cómo afrontar con creatividad el desafío de la movilidad en los próximos años, previendo estrategias para que los ciclistas cuenten con su “autopista”, su “vía de atajo”, que no interfiera con las calles y avenidas dispuestas para el uso del automóvil.


Con imaginación y con herramientas de diseño se tendrá que dar la señal que es posible circular en bicicleta por calles protegidas con sombra y separadas de las calzadas con intenso tráfico automotor; creando atajos entre las subidas y las bajadas de nuestra geografía para permitir que la versatilidad en la movilidad sea posible.


Ideas como las que se expresan en la nota de este número de la revista, nos motivan a comenzar un debate en nuestra sociedad sobre la movilidad sustentable y entender que la bicicleta no tiene distinción de género, edad, condición física ni condición social o económica, sino que forma parte del paradigma de la movilidad del siglo XXI.

Basilio Bomczuk. 
Arquitecto. Profesor Universitario.
 

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