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SALUD

Cómo manejar una crisis

4 de noviembre de 2018 - 12:02 Por Redacción El Ancasti

Queramos o no, todos los seres humanos atravesamos, a lo largo de los años, cuatro clases de crisis. A saber:


a. Las crisis evolutivas: Son inevitables, pues están atadas al paso del tiempo y tienen que ver con las distintas etapas vividas, como ponerse de novio, casarse, tener un hijo, etc. Para atravesarlas, es necesario ser flexibles porque tal actitud nos permite adaptarnos a los cambios, aprender y crecer sin quedarnos estancados. Alguien rígido no es capaz de adaptarse con facilidad para pasar a la siguiente etapa. Todas las edades poseen su atractivo y su encanto y no deberíamos anclarnos en ninguna, sino disfrutarlas a todas sin temor al futuro.


b. Las crisis accidentales: Son inesperadas, ya que tienen lugar de golpe y por cuestiones externas que no podemos manejar. Aquí nos referimos a una enfermedad, un accidente, una crisis económica. Muchos, en su desesperación, intentan hallar un “culpable” para aliviar su dolor. Pero lo ideal es no dejar de movernos y hacer algo al respecto. ¿Cómo deberíamos actuar frente a una crisis accidental? Es fundamental armar una red afectiva, es decir, personas que nos brinden apoyo y acompañamiento en medio de la dificultad. En estos casos, todos precisamos “alimentación psíquica”: afecto, atención, contención. Por lo general, es en estas temporadas que descubrimos nuestro FMI: fondo monetario interno, el cual consiste en las herramientas o capacidades que tenemos adentro, muchas veces desconocidas y no usadas, para afrontar y superar este tipo de situaciones.


c. Las crisis estructurales: Son causadas por nuestro propio carácter y/o accionar. Aquellos que son despedidos de más de un lugar de trabajo, o que tienen problemas frecuentes con los demás, muchas veces son la causa de sus crisis, aun cuando se nieguen a reconocerlo. De ahí, la importancia de tener a menudo una actitud introspectiva. Es decir, de mirar hacia adentro.
d. Las crisis de cuidado: Tienen lugar cuando se debe cuidar durante un tiempo considerable a un ser querido enfermo o mayor de edad. Estas situaciones suelen afectar a toda la familia y es imperativo recordar que también hay que “cuidar al cuidador”. ¿Qué significa esto? Que todo aquel que tiene la tarea de cuidar a otro sistemáticamente necesita tener su propio espacio de descanso y placer, donde pueda recargar sus fuerzas y mantenerse sano, tanto física como emocionalmente. En algunos casos, también deberá buscar ayuda profesional para atravesar este tipo de crisis.


Para concluir, sea cual sea la crisis que tengamos que vivir, es aconsejable procurar varias “salidas de emergencia”. Cuantas más salidas construyamos, de más opciones dispondremos para superar la adversidad. Tres salidas de emergencia que todos podemos construir son: 1) Actividades diarias, aunque sean pequeñas, que nos brinden bienestar y energía. 2) Amistades sanas que nos brinden su cariño. 3) Espacios sagrados, que variarán según la persona, donde uno pueda desconectarse y evitar la sobrecarga de las presiones.
 

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