Para esta referencia es ineludible nombrar al dramaturgo montevideano Florencio Antonio Sánchez, nacido a comienzos de 1875. Sobre la vida de este hombre que pasó a la historia por haber bautizado a los vendedores ambulantes de los medios de comunicación impresos, apunta el artículo: “Desde los 16 años se dedica al periodismo en distintos medios uruguayos y siendo aún muy joven decide que su futuro está en el teatro, sueña con ser autor.
Llega por primera vez a Buenos Aires en el año 1892, trabaja en La Plata como escribiente en una oficina donde el jefe es Juan Vucetich (1858-1925), célebre funcionario policial creador del sistema dactiloscópico. En esta ciudad nacen sus primeras obras. En 1902 viaja a Rosario, provincia de Santa Fe, para asumir como redactor en el diario La República fundado por Lisandro de la Torre.
El ambiente periodístico lo inspira y escribe una pieza teatral, una pequeña obra de un acto con tres cuadros. El personaje principal es un niño vendedor de diarios. Le faltaba el título, pero lo conmueve uno de los vendedores rosarinos de piernitas muy delgadas. Espontáneamente, le surge la palabra canillita y así denomina su obra”.
Al teatro
“Una compañía española dedicada a las zarzuelas, la de Enrique Lloret, accede a ponerla en escena. Se estrena el 1 de octubre de 1902. El rol principal lo desempeña la tiple del conjunto una tal señora Iñíguez, conforme surge del elenco publicado en el programa. Tiple se denomina las más agudas de las voces humanas, propia de las mujeres y los niños.
La obra tiene buena acogida, tanto que se representa doce noches seguidas. En aquella época, Florencio padecía urgencias de dinero, vivía casi en la miseria, además aspiraba casarse con su novia de siempre, a quien finalmente hizo su esposa.
En 1903, conoce al actor y empresario Jerónimo Podestá, quien le estrena su título: M’hijo el Dotor que tuvo un gran éxito.
A raíz de este suceso, se anima proponerle a la compañía, presentar en Buenos Aires su pieza de un solo acto Canillita. En aquel entonces no existían niños actores, pero sí mujeres jóvenes con las condiciones para interpretar a un niño. La elegida fue la luego famosa actriz Blanca Podestá.
La repercusión de Canillita supera lo esperado. Las críticas son altamente elogiosas. Los diarieros se identifican totalmente con el nombre. Entonces, de común acuerdo con los artistas, se propone una función gratuita para todos los vendedores de periódicos. El acontecimiento sucede en el Teatro Comedia, aquel de la calle Carlos Pellegrini, entre Cangallo y Cuyo (en la actualidad Presidente Perón y Sarmiento). La cita es un domingo a las dos y media de la tarde. La concurrencia excede la capacidad de la sala y festeja ruidosamente los versos sencillos de las partes cantadas e intenta intervenir cuando la policía se lleva preso al canillita. Aún no distinguen entre ficción y realidad, como en tiempos pasados ocurriera con las representaciones de Juan Moreira.
Florencio está enfermo de tuberculosis, tiene un dinero ahorrado y viaja a Europa. Pero, igual que en el tango, su cuerpo enfermo no resiste más. Es internado en el hospital Fate bene Fratelli de Milán, donde fallece el 7 de noviembre de 1910. Años más tarde ese día es consagrado el Día del Canillita, en homenaje al querido Florencio Sánchez”, cierra Pinsón.
En su obra Canillita, el autor traza con sencillez poética las características del personaje cuando en el primer cuadro hace su aparición en escena y canta:
Soy canillita
gran personaje
con poca guita
y muy mal traje.
Algo travieso
desfachatado
chusco y travieso
gran descarado.
Soy embustero
soy vivaracho
y aunque cuentero
no mal muchacho... (al final)
Muy mal considerado
por mucha gente
soy bueno,
soy honrado
No soy pillete
y para un diario
soy un elemento
muy necesario.