jueves 2 de abril de 2026
turismo

Trekkineros y una salida solidaria a “El Potrerillo”

Cuando la solidaridad desconoce los límites

Por Redacción El Ancasti

Los caminantes llevaron alimentos, ropa, calzados, elementos de higiene personal y juguetes para la familia Aguilar, que habita un puesto de montaña pasando el límite con Tucumán.

Partimos a las 8.30 horas a la finca de Don Cristino Cárdenes que está en el paraje Tierra Verde a 1.200 metros sobre el nivel del mar. Lo hicimos con la guía logística de Cabalgatas Don Juan, de Balcozna de Afuera.


Recorrimos cerca de mil metros por un callejón a cuyo margen norte se veía un cerco cultivado para la siembra de zapallo, y al sur otros cercos que encerraban a ejemplares vacunos y ovinos en pastaje. Rumiaban un rastrojo de avena humus y otros con chalas.


La primera parada fue al llegar a un corral. Tras el descanso iniciamos un ascenso de 200 metros por un sendero entre pajonales, romerillos, churquis y otros yuyos, para arribar a la cumbre de El Potrerillo, a 1.500 m.s.n.m. Ahí nos sacamos la primera foto grupal, cerca de los Altos de la Cruz. En este punto los caballos de carga y quien sería nuestro asador se separaron del grupo para adelantarse. Desde aquí salimos con la guía de la profesora Ana. Desde la cima caminamos por un sendero que se adentró en los primeros bosques “Islas” que marcaban el ingreso a las Yungas. Detuvimos la marcha en otro corral, siempre a la vera del sendero. Alguien dijo que estábamos “a la mitad del recorrido”. A medida que avanzábamos la vegetación aparecía más y más exuberante. Identificamos magníficos ejemplares de cocoteros, cebiles, nogales, ariscos, “wiles”, garabatos, cedros, piquillines y lapachos, entre otras especies. Pronto llegamos al puesto de “Kiko” Seco, donde paramos bajo la sombra de la arboleda de gran dimensión que lo circunda mientras apreciamos los restos de una construcción indígena. Al reanudar la marcha, descendimos por un sendero cubierto totalmente por la vegetación. Con esfuerzo llegamos al Arroyo Los Matos, donde nos deleitamos con piletas naturales de agua cristalina bajo una hermosa cascada. Nuestro objetivo ya estaba cerca, a un kilómetro aproximadamente, nos advirtió la guía. La cercanía alimentó nuestro deseo de llegar y, a escasos 500 metros, ya comenzamos a sentir el ladrido de perros que anunciaban nuestra llegada. Con gran emoción, vimos aparecer a los niños del paraje. Con una hermosa sonrisa dibujada en sus rostros, vinieron a nuestro encuentro para acompañarnos. Por fin llegamos a destino: un ranchito de adobes y techo de paja que está a pocos metros del Río Potrerillo, localidad que pertenece a la hermana provincia de Tucumán. Cruzamos la última “tranca” para ser recibidos por el patrón del hogar: don Ramón Aguilar y el resto de los integrantes de la familia.


Allí dejamos nuestra pequeña contribución para la familia. Ropa, calzados, alimentos, elementos de higiene, golosinas y juguetes para el día del niño. Si bien el paraje está en tierras tucumanas, por su proximidad, sus moradores mantienen contacto estrecho con la gente de La Higuera y Balcozna de Afuera, donde vive parte de la familia.


Corrían las horas y el olor que salía de la precaria cocina nos anticipaba que nuestro almuerzo estaba listo. Así es que nos alistamos para degustar un rico asado a leña. A las 14 horas de ese día llegó el momento de despedirse y la emoción nos invadió a los presentes. Habíamos cumplido con nuestro objetivo y debíamos regresar. Desandar nuestros pasos en más de cuatro kilómetros de pendiente, con caballos que cobraban protagonismo para aminorar el cansancio de algunos miembros del grupo. Luego de 3 horas y 40 minutos, regresamos a nuestro punto de partida.

Colaboración: Trekkineros y Cabalgatas Don Juan.
 

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