Todo líder debe motivar a su gente. Pero emplear una o varias técnicas de motivación no es sinónimo de tener una personalidad motivadora. Aun cuando quien lidera no posee este tipo de personalidad, puede aprender a motivar a los demás fundamentalmente a través de la empatía. Una persona empática siempre es motivadora.
¿Y de qué se trata el ser empático? De conectar con el otro poniéndose en sus zapatos. Es realizar el esfuerzo consciente para comprender lo que el otro siente y por qué actúa de la forma que lo hace. Comparto a continuación algunas de las acciones empáticas que un líder puede llevar a cabo para motivar a los suyos:
Tan sencillo como eso. Cuando sonreímos, transmitimos dos mensajes contundentes: “No soy violento” y “me gusta tu compañía”. Una actitud alegre siempre crea una atmósfera motivadora. Pero, además, la sonrisa se contagia con facilidad (al igual que el enojo).
Elogiar a los demás a menudo
Cuando percibimos las cosas buenas de una persona (todos tenemos algún rasgo positivo), que tal vez ella misma desconoce, y las expresamos en forma de elogio sincero sin duda la estaremos motivando y, a la vez, generando un clima favorable a su alrededor. Un elogio tiene el poder de abrir cualquier puerta.
Permitir a los demás ser protagonistas
Alguien con una personalidad narcisista siempre quiere ser el protagonista pero el narcisismo no motiva a los demás. Cuando, en cambio, nos enfocamos en el otro, en lo que le interesa y lo ocupa, no solo lo motivamos sino que lo predisponemos a escucharnos y tratarnos bien. Esta acción puede obrar maravillas con los adolescentes, pues ellos necesitan un espacio donde hablar de lo que les concierne antes de escuchar a los adultos. En el liderazgo siempre el otro debería tener protagonismo.
Provocar una conexión visual con los demás
Podemos comunicarnos con la mirada, además de con palabras. La primera conexión visual que hacemos es cuando nuestra madre nos amamanta y la miramos a los ojos. Necesitamos este tipo de conexión, por eso, muchos reclaman: “Mirame a los ojos cuando te hablo”. Para motivar inteligentemente, un líder deber tener tanto sus oídos como sus ojos a disposición de los demás.
Hallar cosas en común con la gente
A todo el mundo le encantan las personas parecidas a ellos. ¿Por qué? Porque si el otro tiene algo que yo tengo, eso significa que puedo confiar en él o ella. En cambio, cuando le damos valor a algo en el otro que nosotros no tenemos, sin darnos cuenta, nos estamos desmereciendo. El líder siempre debería buscar todo aquello que lo conecte con los suyos: un pasatiempo, un deporte, la edad de los hijos, un sueño, etc. De este modo, se construye un puente que nos une, a pesar de las diferencias.
Hoy más que nunca, aquellos que ocupan una posición de liderazgo necesitan motivar a los demás no solo para lograr el objetivo en común del grupo, sino además para que cada persona alcance su mejor versión y sea también una fuente de motivación para otros.