La Iglesia de Córdoba donó a la feligresía de Catamarca algunas reliquias de Fray Mamerto Esquiú, como parte de la preparación espiritual del pueblo que confía paciente en la beatificación del siervo de Dios.
La Iglesia de Córdoba donó a la feligresía de Catamarca algunas reliquias de Fray Mamerto Esquiú, como parte de la preparación espiritual del pueblo que confía paciente en la beatificación del siervo de Dios.
Con una serie de actos y ritos arraigados en lo más profundo de la fe y la religiosidad cristiana, la Iglesia de Catamarca recibió agradecida el pasado 4 de octubre algunas reliquias de su ilustre prócer, Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina. Fray Mamerto.
El humilde y milagroso religioso que nació, se crió y se educó en la convulsionada Catamarca del siglo XIX y que, a casi 140 años de su muerte, sigue despertando muestras de amor y piedad entre quienes lo invocan. La fecha de la llegada de sus pertenencias tuvo un sentido particular, ya que el 4 de octubre es el onomástico de San Francisco, modelo de santidad que intentó transitar el propio Esquiú.
Las reliquias del siervo de Dios, cuya causa de santidad espera la aprobación de un milagro para llegar a su fin en el Vaticano, fueron recibidas por el obispo de Catamarca Luis Urbanc. Salieron desde la catedral de Córdoba, donde está el mausoleo de quien fuera su obispo, en tres urnas con destino a Catamarca. Primero pasaron por la localidad de El Suncho, en La Paz, lugar de su muerte, donde se celebró un oficio religioso que concelebró monseñor Urbanc con el Vicepostulador de la Causa de beatificación, fray Marcelo Méndez. En este paso, acompañaron la llegada de las reliquias las autoridades y delegaciones civiles y eclesiales de los pueblos y de provincias vecinas, como el obispo emérito de La Rioja y el párroco de Jesús María (Córdoba). A lo largo del trayecto, las muestras de fe fueron innumerables. Casas adornadas con gallardetes, flores; palmas, banderas y pañuelos fueron alzados para saludar esto que, de alguna manera, fue el anhelado regreso del hijo pródigo de Catamarca.
Luego, las reliquias fueron recibidas con gran júbilo en su casa natal de la Callecita, Piedra Blanca, tal como se llamaba antiguamente a la cabecera del departamento que hoy lleva su nombre. Con un desfile y una misa solemne, los fieles de su querida Piedra Blanca pudieron rendirle devoción antes de emprender rumbo a la Capital, donde fueron entronizados los huesos y las pertenencias de Esquiú.
Finalmente, los fieles y devotos del siervo de Dios pidieron fervientemente por su pronta beatificación en una ceremonia en la iglesia del Convento de San Francisco, donde el estudiante Mamerto Esquiú dio sus primeros pasos en la fe, en la caridad y el amor al prójimo con el hábito franciscano. Allí, la comunidad del Centro Educativo Franciscano lo recibió con el beneplácito y la emoción digna de un pueblo de que espera en la fe y que aún después de 138 años valora las virtudes excelsas de un hombre de bien.
Precisamente es en este templo donde se conservó y se veneró hasta 2008 el corazón indemne de Fray Mamerto, donado por su hermano Odorico a la devoción del pueblo catamarqueño. Lejos de apaciguar la fe y el fervor que el pueblo de Catamarca siente por Esquiú, el robo del corazón abrió una herida dolorosa que la llegada de estas reliquias viene a sanar.
Con la llegada de una falange y una vértebra del cuerpo, el pueblo de Catamarca ha dado muestras inequívocas del amor por su santo varón. En tiempos muy parecidos a los que le tocó vivir al propio Esquiú, los fieles catamarqueños de hoy le rezan por sus urgencias, le agradecen por sus milagrosas intercesiones y le piden que ilumine los corazones de quienes tienen la responsabilidad de regir los destinos de la Patria, siguiendo el recto camino que supo declamar en sus célebres sermones.
Fotos: Ariel Pacheco
DÓNDE PUEDEN SER VISITADAS
Las reliquias de Esquiú fueron llevadas en procesión y entronizadas en la Catedral Basílica “Nuestra Señora del Valle”, en uno de los altares y adentro de un cofre de vidrio que queda expuesto para su veneración. El obispo Urbanc consideró que las reliquias de Fray Mamerto “nos mueven a orar con mayor insistencia y su misteriosa presencia nos impulsa a imitar su vida”. Por su parte, el hecho de que sea la Catedral el templo que albergue a las pertenencias del fraile fue puesto de manifiesto por el vicario José Díaz: “Esta es tu casa porque es la casa de tu madre, a la que tantas veces acudiste… aquí pronunciaste el sermón que iluminó nuestra patria naciente. Desde aquí queremos seguir escuchando tus encendidas palabras para construir una patria de hermanos”.