lunes 1 de agosto de 2022

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Análisis

Situaciones complejas (Parte Uno): la inflación

Por Marcelo Altamirano (*)- Especial para El Ancasti

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7 de julio de 2022 - 10:27

La ciencia económica podría ser definida como el estudio de las relaciones transaccionales entre personas o grupo personas y ello, en el mundo del homo economicus (un ser racional que busca obtener el máximo de beneficio en cualquier situación), significa un conflicto intrínseco de intereses.

En economía sabemos o podemos entender algunos comportamientos, que si los precios se mueven las cantidades reaccionan en mayor o menor medida, que las personas de bajos ingresos tienden a consumir cualquier incremento de esos ingresos, que todos los excedentes tienden a fluir hacia el sector financiero, y algunas cosas más, al punto de que por ejemplo el presidente de la reserva federal de EEUU hace algunos días, reconoció que no saben como manejar sus niveles inflacionarios pues no entienden porque suceden y duda que el método tradicional de la suba de las tasa de interés, resuelva la cuestión antes de generar una recesión interna.

Sabemos también que, si bien es un fenómeno hoy ralentizado, vivimos en una economía globalizada dentro de la cual se amplifican hacia el margen los resultados de cualquier crisis en el centro y en la cual somos un país marginal en términos cuantitativos.

Por otra parte, no todos los economistas reconocen que la conducta económica no es necesariamente racional como suponen sus modelos, sino que está atravesada por la historia, la sociología y la personalidad territorial. Esos economistas, son los que luego de limpiar a los palos una alfombra pregonan el descubrimiento de un limpiador infalible de utensilios hogareños y cuando agarran a palos los vasos rompiéndolos, se la pasan explicando sobre la urgente necesidad de hacer vasos tan flexibles como las alfombras.

Esa polémica en el marco de una escasa sabiduría, impide controlar el fenómeno de la inflación, y ha servido para que la política económica funcione como la automedicación sin considerar que, como los virus, los fenómenos económicos mutan y se complejizan.

La inflación no es algo que sucede independientemente de la acción de los agentes económicos, acción que no siempre es cuantificable e incluso puede ser no observada con las actuales herramientas de análisis. Tampoco es un hecho estrictamente adjudicable a los desbalances monetarios o fiscales, no es puramente un problema de restricción externa o de economía bimonetaria, no se reduce a los efectos de la estructura concentrada en la producción de bienes ni es un fenómeno puro de costos operativos o de intermediación, las expectativas juegan un rol importante, la brecha tecnológica entre sectores y entre países también, el contexto externo es en algunos casos determinante. Seguro quedará algo fuera de este listado.

Es entonces un fenómeno multivariado, cuantitativo y cualitativo, que influye en forma definitiva en la distribución del ingreso, así cualquier intento de abordaje requiere primero del abandono de los modelos habituales por parte de los académicos a la hora de la generación de conocimiento y herramientas de política y fundamentalmente requiere de la construcción de consensos sociales como base en la hegemonía para la aplicación de la política económica.

Es cierto que mientras tanto todo será confuso y sus consecuencias de mucha complicación para quienes no tienen como resguardarse del desorden de precios y de la inflación con recesión.

Esto debería inducir a la mesura en la discusión y la comunicación de la coyuntura, el augurio de escenarios dantescos tiene la intención de aumentar los sentimientos más desmesurados en las personas.

La experiencia reciente avisa que el sayo les cabe a todos.

(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.

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