viernes 12 de agosto de 2022

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Análisis

Situaciones complejas (Parte Dos): el trabajo

Por Marcelo Altamirano (*) - Especial para El Ancasti

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14 de julio de 2022 - 10:47

Así como dije en la nota anterior que la inflación merece un abordaje multidisciplinario, con categorías conceptuales nuevas, tan o más complejo aún se presenta el tratamiento del concepto del trabajo. La publicación trimestral del INDEC sobre la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) con datos del primer trimestre de 2022, muestra que con un ingreso medio per cápita de $ 6.207 el primer decil poblacional se lleva el 1.6% del total del ingreso, mientras que el décimo decil se lleva el 31.9% del ingreso con un promedio per cápita de $126.397, las personas mas ricas de nuestro país tienen un ingreso mas de veinte veces mas grande que las personas más pobres.

Por otra parte, dicen los expertos que, en nuestro país, se necesita un aumento de un punto en el PBI para generar aproximadamente 45.000 nuevos puestos de trabajo en su forma tradicional, siguiendo esa lógica, durante 2021 nuestro país tuvo un aumento del 10% lo que indica que se generaron unos 450 mil nuevos puestos laborales (Catamarca suele ser aprox. el 1% de Argentina en casi todas estas estadísticas, por si el lector quiere hacer las cuentas).

Cuando arreciaba la pandemia y se puso en marcha el IFE, nos desayunamos que alrededor de 9 millones de personas (mentiritas más o mentiritas menos) tienen problemas para conseguir trabajo formal.

En función de ello, una cuenta rápida dice que necesitaríamos más de 20 años de crecimiento al 10% para andar cerca del pleno empleo del factor trabajo suponiendo una tasa de crecimiento poblacional neutra.

Ante ese contexto tan imposible fácticamente, es interesante lo vacío de contenido que suenan frases tales como cultura del trabajo, generar trabajo genuino y de calidad, voluntarismo puro en ausencia de la inversión privada y de licencia social para la inversión minera en el caso de nuestra provincia.

La reducción de las horas laborales en los sectores público y privado, sin generar nuevos empleos podría aumentar la cantidad de personas con protección social y colaborar en la distensión del clima social. De difícil aplicación y financiamiento, se puede mirar como posible, hoy hay aproximadamente seis millones y medio de personas con empleo formal, una reducción de una hora implicaría cerca de 900 mil lugares adicionales.

El proceso científico tecnológico, tan necesario en los países marginales para romper la brecha que da origen a la restricción externa o de carencia de divisas, tiene entre sus características el reemplazo del factor trabajo, generando efectos negativos pari passu el aumento de la calidad y la esperanza de vida, resulta entonces en un complicado equilibrio que buena parte dirigencial ignora por completo, sobre todo aquella vinculada a la práctica económica rentística.

Este estado de las cosas, conduce directo a la necesidad de entender que la lógica capitalista de la generación de empleo ha mutado en forma definitiva y en un contexto de agonía del estado de bienestar, se presenta como un ambiente de conflicto de derivaciones complejas, y en ese marco se presenta la economía popular.

Entender esto desde la academia ayudaría a la generación de herramientas teóricas para la formación de sus profesionales, entender esto desde el estado significaría abandonar la mirada gerencial del asistencialismo y entender esto desde la sociedad significa la posibilidad de construir consensos orientados a resolver de alguna manera los efectos del proceso de concentración de riquezas e ingresos.

La pandemia y la guerra, como dos hechos de impacto global, dieron el golpe de gracia a un mundo que mira como alternativa la necesidad de un salario universal y la aplicación de impuestos a la renta inesperada como si el problema fuera solo una cuestión del ingreso de las personas. Lo viejo está muriendo, pero ni atisbos de algo nuevo, como si el tiempo de los monstruos fuera eterno

(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.

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