En diez años, se perdieron más de 300 hectáreas productivas
La vitivinicultura acumuló casi tres años y medio de crisis, según CONINAGRO
La Confederación elabora un semáforo productivo hace ocho años, y es el rubro que lleva más tiempo en rojo: el 72% de todo el período relevado.
La vitivinicultura argentina no logra salir del rojo, según el Semáforo de Economías Regionales que publica mensualmente la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro). En el último reporte, la actividad acumuló 41 meses consecutivos en la peor categoría del índice (desde enero de 2023 hasta el relevamiento de junio de 2026), lo que representa más de tres años ininterrumpidos de crisis. En la serie histórica de más de ocho años que lleva el informe, ningún sector registra un porcentaje de meses en rojo tan alto: el sector estuvo así durante el 72% del tiempo relevado. En Catamarca, el sector perdió más de 300 hectáreas de viñedos productivos, lo que refleja la crisis sostenida. En Fiambalá, esta semana pagarán el subsidio a la Vendimia.
En junio, el productor vitivinícola recibió en promedio $255 por litro, una caída del 30% respecto de igual mes del año anterior. En términos reales: a precios constantes, el valor promedio de los últimos años rondó los $763 por litro, es decir que el precio actual se ubica en un tercio del promedio, muy por debajo de su nivel histórico.
En el componente productivo, el área implantada bajó un 2% interanual, a 196 mil hectáreas, y la vendimia 2026 arrojó 18,4 millones de toneladas, un 7% menos que la campaña anterior.
El deterioro que muestra el Semáforo de Coninagro se complementa con los datos oficiales del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que con datos al 31 de diciembre de 2025, advirtió que la superficie total de vid en el país se ubicó en 196.220 hectáreas, distribuidas en 20.939 viñedos, una caída de 3.726 hectáreas y 1.100 viñedos solo respecto de 2024.
Catamarca no queda al margen de esa tendencia. La provincia concentra apenas el 1,2% de la superficie vitivinícola nacional, pero en la última década perdió 327 hectáreas de viñedos, sumándose a la caída generalizada que también golpeó a Mendoza (-17.903 ha) y San Juan (-8.830 ha), los dos polos que juntos explican más del 90% del área cultivada del país.
El informe del INV aporta además una lectura sobre quiénes están abandonando la actividad: los productores más chicos son los primeros en salir. El 57,3% de los viñedos del país tiene menos de cinco hectáreas, pero esos establecimientos concentran apenas el 13,9% de la superficie total. En el otro extremo, el 7,7% de los viñedos. los de más de 25 hectáreas, acapara el 44,8% del área cultivada.
De los 3.763 viñedos que desaparecieron desde 2016, 2.727 correspondían justamente a explotaciones menores a cinco hectáreas.
En el plano comercial, las exportaciones del sector sumaron USD 959 millones en los últimos doce meses, con una caída del 5% interanual, mientras que el consumo interno también retrocedió: 14,8 litros por habitante al año, 8% menos que el período previo.
Uno de los datos más sensibles del informe aparece en el apartado sobre participación del productor en el precio final que paga el consumidor. Según Coninagro, en mayo de 2026 el productor vitivinícola se quedó con apenas el 13% del precio de góndola, frente a un promedio histórico del 24% para el mismo mes. Es la mayor brecha de todo el relevamiento, junto con la yerba mate.
El propio informe atribuye esta brecha a la estructura de la cadena: en actividades con mayor industrialización o transformación, como el vino, la porción que le queda al productor primario tiende a ser menor, porque el producto atraviesa varios eslabones antes de llegar al consumidor.
El escenario no es ajeno a Catamarca. En febrero, el Gobierno se reunió con los intendentes de Fiambalá y Tinogasta, junto a representantes de bodegas provinciales, para definir un esquema de acompañamiento al sector, en el marco de un diagnóstico que hoy confirma el semáforo nacional: caída del consumo, retracción de las exportaciones y aumento de los costos de producción, con impacto directo en la rentabilidad de productores y bodegueros.
De ese encuentro surgió la decisión de que la Provincia realizara un aporte de $40 por kilo de uva destinada a mosto, en concepto de cosecha y acarreo, con el objetivo declarado de sostener el precio y facilitar la colocación de la producción.
El mecanismo se instrumenta a través de AICAT, con una inversión provincial que podrá alcanzar hasta $400 millones en beneficio del conjunto de productores de uva para mosto de la provincia.
Ese compromiso se tradujo en el pago de la primera cuota correspondiente a la Vendimia 2026, que en el caso de Fiambalá recibirán entre este jueves y viernes. La segunda cuota está prevista para completarse antes del 20 de septiembre.