viernes 6 de febrero de 2026
Cruce entre el Gobierno y la industria textil

Empresarios de la industria textil contra Caputo: "No somos ladrones, él trabaja para el JP Morgan"

Empresarios del sector salieron a responder al ministro de Economía y advirtieron por cierres, despidos y una crisis profunda en la industria nacional.

Entre el “acting” y las acusaciones oficiales contra los fabricantes nacionales y el avance de las plataformas asiáticas, la industria textil reduce sus estructuras hasta un 70% para no cerrar. Mientras el consumo se desploma, empresarios y emprendedores del sector desmienten al ministro de Economía: “Tiene que caminar la calle”.

El ministro de Economía, Luis Caputo, no compra ropa en Argentina porque “es un robo”. Lo dijo en televisión abierta, en horario prime time. Desde ese momento, la tensión entre el gobierno nacional y la industria textil no para de crecer. La escena seguida a los dichos de Caputo fueron parte de la performance: el periodista que lo entrevistaba le preguntó de dónde era su ropa, gesto que replicó en el mismo canal Patricia Bullrich un día después. Desde el sector productivo, la respuesta fue inmediata.

En diálogo con 4Palabras, Camilo Alan, empresario textil de 82 años y con seis décadas en el rubro, sale al cruce del ministro. “Lo que más me duele es que nos trate de ladrones. Él maneja la economía de un país, pero se dedica nada más que a las finanzas. Si te atrasás en pagar una tarjeta, te cobran 180% de tasa de interés. Ellos son ladrones que trabajan para el JP Morgan”, dice.

El industrial asegura que trabajan “para sobrevivir” y desmiente que la ropa argentina sea más cara que la importada: “Si vos querés comprar ropa cara, vas al shopping. Si vas a los comercios abiertos, la ropa está más barata. Yo vendo un jean a 39.900 pesos y una remera a 13.000. Hay gente que vende a 4.000, 5.000, 6.000. No tienen que mentir”. También critica el desconocimiento territorial de Caputo a quien acusó de “no caminar” la calle. “Este muchacho (Caputo), en vez de ir en una cápsula con custodia, tiene que acercarse por los comercios y ver lo que pasa. Hay que hablar con fundamento”, señala.

La competencia con las principales tiendas de China e Indonesia es vista por los empresarios como una amenaza. Para Alan “son monstruos fabricando” que producen 1.000 millones de veces más que Argentina y venden al costo -o menos- porque cuentan con subsidios. Además, destaca que aunque ahora “vendan barato”, una vez que se establezcan en el mercado “desde esas plataformas van a vender al doble, y en el mientras tanto todo el mundo se va a quedar sin trabajo”.

La situación se traduce en despidos y cierres, y la pregunta de Camilo Alan es la misma que se hacen el resto de los empresarios: “¿De quién es la culpa? ¿De nosotros? No, es del modelo económico”. Advierte que ni la minería ni el petróleo van a poder contener “la cantidad de desempleados que dejará este modelo económico”.

“Hacia adelante no hay luz. Tengo 82 años y creo que no les importa nada. Vivimos lo mismo con Martínez de Hoz, Menem, Macri y con este muchacho”, concluye el industrial.

Juan Kacew es un empresario con trece años de experiencia en importación y una vasta trayectoria en el sector textil. Es propietario de una firma de estampación que debió achicar su estructura un 70%. En diálogo con este medio explica que el problema central es la caída del consumo y asegura que “este período es trágico para la industria”. Y señala que incluso empresas que se dedican a la importación están «achicando”.

Kacew contrasta los dichos de Caputo y describe que el precio final de las prendas nacionales está condicionado también por factores ajenos al margen de ganancia: costos impositivos que rondan el 50%; costo financiero (cuotas y plataformas) que rondan entre 12% y 15%; y costo logístico, aproximadamente el 8%.“No podría decir imposible, pero no es para nada fácil competir. Porque la posibilidad de competir, evidentemente, no está en el precio”, afirma.

“Lo más alarmante es que el ministro se la agarra directamente con el sector y no dice que el problema estaba en las condiciones macro y microeconómicas. La ropa era cara en 2012 y 2015, pero esos modelos permitían que haya consumo”, señala Kacew. Hoy la consigna en las fábricas es “hacer lo que venga” para intentar sobrevivir. “Si alguien me llama y me dice que quiere hacer ropa, encaramos. Estamos dispuestos a trabajar de lo que sea”, reconoce el empresario.

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