miércoles 25 de marzo de 2026
Insólito

Argentina votó en contra de declarar a la esclavitud como delito de lesa humanidad

Argentina, Estados Unidos e Israel fueron los únicos países que votaron en contra de lo dispuesto por la ONU, que fue aprobado con 123 votos a favor.

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que declara la trata de esclavos africanos y la esclavitud racializada como "el crimen más grave contra la humanidad". Insólitamente, la Argentina fue uno de los poquísimos países que se opuso. Cabe señalar que la resolución fue adoptada gracias a una holgada votación a favor de lo dispuesto por la ONU, con 123 votos a favor, 3 votos en contra (Argentina, Estados Unidos e Israel) y 52 abstenciones (principalmente de países de la Unión Europea y el Reino Unido).

Impulsada por la Unión Africana y liderada por Ghana, la medida busca no solo el reconocimiento simbólico, sino también abrir el camino legal para disculpas formales y reparaciones económicas por parte de las antiguas potencias coloniales.

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Por qué Argentina rechazó la resolución

Aunque la Cancillería argentina no siempre emite comunicados detallados sobre cada voto, esta postura se alinea con la nueva doctrina de política exterior del gobierno de Javier Milei. Esta gestión ha decidido votar de forma sistemática en contra de resoluciones que contengan agendas de "justicia social", "reparaciones históricas" o términos vinculados al "neocolonialismo", por considerarlos parte de una agenda colectivista o contraria a su visión de libertad individual.

Otros votos recientes en la misma línea

Este voto no es un hecho aislado, sino que forma parte de una tendencia reciente donde Argentina ha quedado en soledad o en grupos muy reducidos en la ONU:

  • Noviembre 2024: votó en contra de los derechos de los pueblos indígenas.
  • Noviembre 2024: fue el único país en votar contra una resolución para eliminar la violencia contra mujeres y niñas.
  • Noviembre 2025: votó en contra de una resolución para prevenir y erradicar la tortura.

Esta postura marca un quiebre con la tradición histórica de la diplomacia argentina, que solía acompañar los consensos internacionales en materia de derechos humanos.

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