Este lunes se cumplen exactamente sesenta años de la desaparición del avión de la Fuerza Aérea Argentina matrícula TC-48. La aeronave se apagó en todos los radares mientras volaba cerca de Costa Rica con 68 personas a bordo. Es recordado como "el avión de los cadetes" y se transformó en el misterio más grande de la historia de la aeronavegación argentina.
A 60 años de la desaparición del TC-48 en donde formaba parte un cadete catamarqueño
El avión militar argentino desapareció el 3 de noviembre de 1965, con 68 personas a bordo. Entre los desaparecidos se encuentra el nombre de Juan José Seco Rincón en listados de pasajeros.
El avión, un Douglas DC-4 fabricado en 1945 estaba impulsado por 4 motores Pratt & Whitney, adaptado para transporte de paracaidistas, iba en viaje de instrucción. Llevaba a 54 cadetes de la Fuerza Aérea; uno de ellos era peruano, el resto, argentinos. Iban en el avión además nueve tripulantes y cinco oficiales que viajaban como pasajeros.
Para el 1 de noviembre de 1965 se había planeado la partida del décimo viaje final de instrucción de la promoción 31 de la Fuerza Aérea, que consistía en un periplo de siete mil kilómetros hasta Estados Unidos, donde estaba previsto el arribo el 7. A su regreso los 90 cadetes recibirían los despachos de alférez y comenzarían su carrera militar.
Volarían en dos aviones: el T-43 y el TC-48, que se habían incorporado a la Fuerza Aérea en 1947, el segundo adquirido usado. El comandante del T-43 era el vicecomodoro Manuel Higinio De la Torre y el del TC-48 comandante Renato Humberto Felippa. Con una moneda de veinte centavos sortearon los que irían en cada máquina.
En la fría noche del domingo 31 de octubre de 1965 los dos aviones volaron al aeropuerto mendocino de El Plumerillo. En la provincia se encontraba el presidente Arturo Illia y, como se acostumbraba, los despidió en la pista. Luego, ambos aviones regresaron a Córdoba.
Antes de iniciar el viaje el suboficial principal mecánico Basilio Rotchen alertó sobre fallas en el TC 48, que no estaba en condiciones de hacer semejante travesía, pero le respondieron que el viaje se debía hacer. El día de la partida, Rotchen se despidió llorando de su familia.
En el T-43 iban 36 cadetes, cinco oficiales y cuatro invitados especiales y en el TC-48, 54 cadetes, cinco oficiales y 9 tripulantes. Desde que el TC 48 despegó –el T43 lo hizo tres horas después- notaron que sus motores hacían ruidos extraños, especialmente el 3 y el 4. Aun así, a la medianoche del 31, partieron hacia Chile. El T 43, gracias a la presurización con la que contaba, pudo cruzar la cordillera de los Andes sin inconvenientes. Pero el TC 48, que carecía de ella, debía volar por debajo de los 3500 metros y pasar a Chile por Malargüe, donde el cordón montañoso es más bajo. A los cadetes no los dejaron dormir mientras se realizó el cruce y eran observados por los médicos, por las consecuencias por una posible falta de oxígeno. Enseguida surgieron las guitarras y comenzaron a cantar. Estaban felices.
En la escala técnica en Antofagasta, se demoraron dos horas más de lo previsto porque los mecánicos debieron ocuparse de revisar los dos motores, ubicados en el ala derecha, y los flaps.
Guillermo Alonso Sarquiz, autor de TC-48: el viaje final de los cadetes, una completa investigación del caso, destaca que estos aviones venían con una falla de origen, relacionada a la cañería que llevaba el combustible a los motores. La fábrica recomendó reemplazar las piezas, algunas de ellas de plástico, proclives a quebrarse y provocar un incendio. Las modificaciones se habían hecho en casi todas las máquinas. El TC-48 había sido aprovechado al máximo, con vuelos a la Antártida y a República Dominicana, entre otros. En febrero de 1966 le tocaba ingresar a los talleres.
En Lima, subieron dos cadetes peruanos, uno en cada avión. El 2 de noviembre volaron a Panamá, con una escala técnica en Guayaquil. La siguiente etapa, a realizarse el miércoles 3, debía cubrir la base aérea de Howard, en Panamá y el aeropuerto de San Salvador, en El Salvador. Pero nunca llegaron.
El tiempo era malo porque era la temporada de lluvias. En ese trayecto, pasadas las seis y media de la mañana el TC-48 -en los límites de peso máximo de carga y combustible- emitió una alerta: el motor 3 se estaba incendiando y el 4 se había parado. Le notificaron al T-43, que iba unos kilómetros delante; su comandante se dio por enterado y continuó hacia su destino. No hay una explicación de por qué no regresó para acompañar a la máquina en problemas. “¿Llegar y ver el lugar en el que había caído? Ningún comandante va a ordenar volver al lugar en que otro avión está en emergencia”, declararía el pioto del T-43.
El pedido del TC-48 de un aterrizaje de emergencia fue captado por Alvaro Protti, un piloto experimentado que volaba a Miami en un avión de LACSA (Líneas Aéreas de Costa Rica). Protti les aconsejó que aterrizaran en Puerto Limón, una ciudad costera en Costa Rica, que disponía de una pista, que estaba a 45 minutos de vuelo. Luego, no hubo más contacto. Habían desaparecido 68 personas: 54 cadetes, 5 oficiales y los 9 miembros de la tripulación. Mientras tanto, el primer avión aterrizó a las 12:19 hs en Tegucigalpa. A los cadetes les ocultaron lo que estaba ocurriendo.
El 3 por la noche avisaron a Córdoba que se había perdido contacto con el TC-48 y que presumiblemente había caído al mar. A las nueve de la noche, la Secretaría de Aeronáutica informaba de la desaparición. Estaban avisando a las familias una a una, sin darles más explicaciones. La primera reacción de muchos fue la de ir a la I Brigada Aérea, pero nadie los atendió.
Había tormenta en el Caribe, y recién fue posible desplegar el operativo de búsqueda el 4, que finalizó el 7. Esa primera investigación llevada adelante por la Fuerza Aérea duró en total unas tres semanas, en las que no se hallaron ni restos humanos, vestigios estructurales del avión ni se visualizaron manchas de aceite en el mar.
El tiempo era oro: calcularon que las probabilidades de que los heridos conservasen la vida disminuían un 80% después de las 24 horas y las probabilidades para los no heridos bajaban en el 80% en tres días.
Las autoridades argentinas les informaron a los familiares que daban por desaparecido al avión en el mar y que sus ocupantes habrían sido devorados por los tiburones. “Fue muy cruel”, se lamentan aún los familiares. Daba la sensación que las autoridades deseaban dar un cierre definitivo al caso. Pero los familiares no se quedarían de brazos cruzados.
Les dijeron que se habían recuperado del mar botes salvavidas verdes, chalecos salvavidas y algunas gorras. Pero los familiares comprobaron que los salvavidas correspondían a Prefectura, no coincidían los colores y mucho de lo rescatado tenía un fuerte olor a naftalina.
Había tormenta en el Caribe, y recién fue posible desplegar el operativo de búsqueda el 4, que finalizó el 7. Esa primera investigación llevada adelante por la Fuerza Aérea duró en total unas tres semanas, en las que no se hallaron ni restos humanos, vestigios estructurales del avión ni se visualizaron manchas de aceite en el mar.
El tiempo era oro: calcularon que las probabilidades de que los heridos conservasen la vida disminuían un 80% después de las 24 horas y las probabilidades para los no heridos bajaban en el 80% en tres días.
Las autoridades argentinas les informaron a los familiares que daban por desaparecido al avión en el mar y que sus ocupantes habrían sido devorados por los tiburones. “Fue muy cruel”, se lamentan aún los familiares. Daba la sensación que las autoridades deseaban dar un cierre definitivo al caso. Pero los familiares no se quedarían de brazos cruzados.
Les dijeron que se habían recuperado del mar botes salvavidas verdes, chalecos salvavidas y algunas gorras. Pero los familiares comprobaron que los salvavidas correspondían a Prefectura, no coincidían los colores y mucho de lo rescatado tenía un fuerte olor a naftalina.
El 22 de noviembre un grupo de familiares intentó ser recibido por el presidente Illia en la Casa Rosada, pero no tuvieron suerte. Fueron derivados al ministro de Defensa y a los jefes aeronáuticos. El 3 de diciembre la Fuerza Aérea declaró “desaparecidos con presunción de muerte” a los pasajeros y tripulantes.
Entre 1966 y 1968 los familiares decidieron viajar a Costa Rica y encarar su propia búsqueda. El primero que viajó, en solitario, a Venezuela, fue Juan Tomilchenko, papá del cadete mas joven. Le seguirían Orlando Bravino, Roberto Stangalino, padres de cadetes y Rubén García, cuñado de un oficial. Dieron con lugareños que aseguraban que un avión de esas características había pasado a muy baja altura.
Cuando Rafael, un niño indígena fue internado de urgencia en el hospital local, aseguró haber visto en la selva mucha gente igual, con pelo corto. En su idioma, dio a entender que conocía la ubicación del avión, que de un rancho de hojas de banano estaba a una o dos jornadas de caminata. Dos días después falleció a causa de una peritonitis.
Hubo indígenas que le relataron a la maestra Talía Rojas que el avión estaba en una zona que ellos mismos no querían que nadie llegase. Videntes y adivinos, lugareños y aprovechadores recurrían a cualquier engaño para quitarle dinero a los familiares.
Los 68
Tripulación
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Comandante de Aeronave: Comandante Renato Humberto Felippa
Primer piloto: Capitán Miguel Ángel Moyano Villarraza
Segundo piloto: Capitán Esteban José Viberti
Navegador: Comandante Luis Gaudencio Merlo
Mecánico: Suboficial Principal Basilio Rotchen
Co-mecánico: Suboficial Mayor Amado Fernandez
Radio-operador: Suboficial Mayor Osvaldo Juan Arto
Comisario de a bordo: Suboficial Principal Roberto Mendozi
Apoyo técnico: Capitán Jorge Santiago Horta
Oficiales pasajeros
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2º Jefe de la Delegación: Comodoro José Abelardo Fonseca
Comandante: Mario Nello Zurro
Comandante: José Carlos Losano
Capitán: Miguel Ángel Álvarez Paz
1º Teniente: Jorge Eduardo Olocco
Los 54 cadetes de la promoción XXXI
Capital Federal
-
Sub.Pr.Cad.: Ricardo José Salomón García
Cadete: Carlos José Marchesoni
Cadete: Jorge Reymundo Sellares
Cadete: Oscar Ricardo Taddeo
Cadete: Juan Carlos Monferini
Cadete: Luis Nicolás Origone
Buenos Aires
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Sub.Ayud.Cad: Jose Luis Ferletic
Sub.Aux.Cad: Jorge Luis Betoño
Sub.Aux.Cad: Adalberto Manuel Carrilero
Sub.Aux.Cad: Juan Carlos Santiago
Cadete: Osvaldo Enrique Giussani
Cadete: Hector Oscar Atie
Cadete: Jorge Amilcar Sanchez
Cadete: Jorge Eduardo Catalá
Cadete: Julio Segundo Gamen
Cadete: Roberto Francisco Vitetta
Cadete: David Cristian Gauna
Cadete: Pedro Alberto Zabaleta
Catamarca
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Sub. Ayu. Cad.: Juan José Seco Rincón
Entre Ríos
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Sub. Pr .Cad.: Gerónimo Lorenzo Terradas
Sub.Aux.Cad: Juan Bernardino Tomilchenko
Cadete: Jorge Juan Stamelos Ruefli
Santa Fe
-
Sub.Ayu.Cad.: Emilio Carlos Guarnieri
Sub.Ayu.Cad.: Roberto Lionel González De Luca
La Pampa
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Sub.Ayu.Cad.: Roberto Luis Pessana
Sub.Ayu.Cad.:Alberto Abelino Senas
Sub.Aux.Cad.: Bartolomé Esteban Vesco
Corrientes
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Cadete: Raúl Daniel Ortiz
Fuerza Aérea Peruana
-
Sub.Ayu.Cad.: Tulio Salomón Ortiz Ugaz Calderón
Córdoba
-
Sub.Pr.Cad: Raúl Alberto Ramello
Sub.Ayu.Cad.: Ricardo Guillermo Montenegro
Sub.Ayu.Cad.: Mario Omar Castellano
Sub.Aux.Cad.: Héctor María Becerra
Sub.Aux.Cad.: Marcelo Pirusel
Cadete: Víctor Domingo Colantonio
Cadete: Alfredo Luis Trigo
Cadete: Lorenzo Juan Martínez
Cadete: Mario Alberto Pérez
Cadete: Luis Ricardo Bellés
Cadete: Roberto Nicolás Ramaglia
Cadete: Roberto Luis Stangalino
Cadete: Argentino Osiris Rodeyro
Cadete: Orlando Pedro Bravino
Cadete: Antonio Rafael Nomdedeu
Cadete: Walter Horacio Almada
Cadete: Julio Mario Pereyra
San Luis
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Cadete: Juan Carlos Royo
Mendoza
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Cadete: Juan Domingo Alguacil
Cadete: Juan José García
Cadete: Enrique Miguel Páez
San Juan
-
Cadete: Ricardo Augusto Guzzo
Salta
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Cadete: Oscar Vuistaz
Cadete: René Benjamín Labrousans
Tucumán
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Cadete: Federico Carlos Bremme