El regreso a la presencialidad en las escuelas de toda la provincia tuvo múltiples inconvenientes. Es que durante la semana se dieron cierres de establecimientos por casos de COVID-19 ya sea en el personal administrativo como docente, falta de ordenanzas y de personal para cumplir los protocolos, falta de limpieza, obras en los edificios que impedían el desarrollo normal del periodo de acompañamiento, entre otras cuestiones.
Si bien, solo se convocó a los estudiantes que debían fortalecer los conocimientos que no pudieron adquirir durante las clases virtuales, esta primera semana fue una especie de prueba para el regreso a la presencialidad a partir del 8 de marzo. Hubo casos como el del Colegio Nacional, el de la Secundaria Clara J. Armstrong, en la escuela de las 500 vv., el de todas las escuelas de Huillapima (departamento Capayán), que decidieron cancelar las actividades en medio de la semana por casos positivos de COVID y para poder realizar desinfección en los edificios.
A ello se le sumó que en muchos casos, y tal como se venía advirtiendo las escuelas no están en condiciones de recibir a los estudiantes. Se viralizaron fotografías de la ENCJA donde los alumnos debían esquivar a obreros que trabajan en la restauración y pintura de la escuela. Incluso hubo determinadas horas en las que la cantidad de chicos que debían presentarse a rendir una materia superaba la capacidad máxima del aula (establecida en 15 estudiantes) y el resto debía quedarse en la puerta escuchando al profesor, lo que marca la improvisación de la situación.
En otras escuelas aún hay maleza en los alrededores, y también faltan ordenanzas y personal para hacer cumplir el protocolo al ingreso de las escuelas. Se supo que en la Escuela Primaria Nº 225 de Coneta, 2 ordenanzas están de licencia y otra es persona de riesgo por lo que tuvieron que buscar una persona más para la limpieza, pero que no puede asistir todos los días.
Casos como ese, de falta de limpieza en las escuelas se repite constantemente.