La negociación de la deuda pasó su definición al mes de Julio en una decisión consensuada entre el gobierno y los acreedores. Decíamos en nota anterior que esto de la negociación de la deuda, podía asociarse a la teoría de juegos, siguiendo aquel ejemplo hoy estaríamos cerca de un equilibrio de Nash, donde los negociadores han consensuado que la macroeconomía del país posiblemente se resienta sin una reestructuración en el corto plazo afectando en forma seria a la economía argentina, pero esa misma cesación de pagos impactará en la capacidad futura de repago condicionando la intención de recuperación de activos por parte de los bonistas.
La información que nos llega a los que vivimos en el interior del interior nos permite analizar dos cosas: por un lado, que la capacidad de pago terminaría vinculada al comportamiento de las exportaciones argentinas que, salvando las restricciones actuales, han mostrado ser un punto de apoyo en las negociaciones en torno a un bono con respaldo en un “índice exportador” de ajuste.
Gráficos como el siguiente abonan la hipótesis, aunque nadie predice el futuro.
Fuente: Elaboración propia con datos MECON
Los más despiertos podrían estribar en información de este tipo, para ayudarse en el análisis del debate en torno al tema Vicentin y el complejo agroexportador de nuestro país como el principal generador de divisas.
Lo segundo que se conoce, es que es muy probable que el acuerdo sobre el tamaño de la reducción de capital e intereses y de la extensión de los plazos, está prácticamente resuelto. Por un lado,se cerraría en torno a los 52 o 53 dólares,con la aclaración muy útil de que la oferta el ministro Guzmán arrancó en aproximadamente 30 dólares y la de los bonistas en algo más de 65 dólares, saque cada uno su cuenta sobre la dureza y disposición para llegar a un acuerdo y por otro lado,con un corrimiento de plazos de 2020 a 2028 el primer pico, de 2026 a 2032 el segundo y una confluencia en 2048, 28 años para cerrar este capítulo, algo más de una generación en términos estadísticos.
Es decir que si todo termina como se espera, Argentina obtendría una reducción de unos 33.000 millones de dólares y un alivio de entre 5 y 8 años para acomodar su aparato productivo en forma sostenible. Veremos si esa quita y esos plazos son suficientes, las condiciones del mundo actual son mucho más complejas que hace seis meses y la situación de los argentinos es cada día más difícil.
El meollo para terminar la negociación está centrado hoy en la llamada letra chica de los contratos que sellarían el acuerdo. El punto es que Argentina quiere grados de libertad para encarar la segunda y tercera etapa de negociación, recordemos que la actual no incluye la deuda con organismos multilaterales y con otros bonistas en pesos y ley argentina, a los cuales el ministro prometió un tratamiento similar a los acreedores en moneda extranjera.
Los bonistas en moneda extranjera y constituidos en diversos grupos de presión, quieren limitar esos grados de libertad con la intención de impedir que Argentina ofrezca condiciones diferentes a los otros bonistas o lleve las cosas a un terreno de recompra de deuda, aumento de la inmunidad soberana y cosas de ese tipo, muy técnicas y complejas de entender.
En idioma coloquial, la cuestión por los tejos tiene una diferencia menor al 1% del PBI que, según los expertos, es una diferencia relativamente fácil de cerrar de aquí al 24 de Julio que es la fecha límite por ahora acordada.
Veremos qué pasa, pues en estos días Argentina hará quizás su última propuesta, veremos si de una vez por todas esta es la generación de nuestro país que aprende a vivir con lo nuestro, que entiende que la sociedad no soporta los continuos ciclos de auge y recesión y necesita planificar en medio de tanta incertidumbre pandémica. De los buitres no esperemos nada, salvo su posible temor a ser responsables una cesación de pagos abierta y total por parte de nuestro país que arrastre a otras economía en similar o peor situación.
(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.