Referentes de organizaciones de base campesinas e Indígenas provenientes de diversos puntos del territorio provincial catamarqueño participaron días pasados de una jornada de encuentro y trabajo autogestivo convocada por la asamblea gremial de trabajadores de ATE- Secretaria de Agricultura Familiar (SAF). Se desarrolló en la sede de ATE Catamarca.
Los representantes de comunidades y organizaciones campesinas, pueblos originarios y trabajadores agremiados compartieron en un primer momento las conclusiones del Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular, desarrollado en Buenos Aires, para luego trabajar los ejes más importantes que hacen a la realidad y propuestas desde la Agricultura Familiar Campesina e Indígena de nuestra provincia.
A través de un documento, señalaron que “todas las organizaciones participantes reivindicamos la Agricultura Familiar Campesina e Indígena como forma y elección de vida para el buen vivir, garante del alimento para la vida, de la autonomía, del autosustento, de la verdadera unión en base a la sabiduría ancestral, el respeto, las diversidades, como pilares de una identidad propia con claro eje en su reexistencia como verdadero futuro sustentable para los pueblos. No podemos pensar la vida a futuro sin soberanía alimentaria y ella solo es posible con nosotros”.
El escrito sostiene más adelante que “coincidimos plenamente en que Tierra, Agua y Semilla son vida y son parte de un todo mucho más amplio e integral que es el Territorio, el Territorio para la Vida. El modelo productivo impuesto a la fuerza por las corporaciones del agronegocio extractivista (el monocultivo, la minería a gran escala, etc.) y que ignora el Territorio es unidireccional y monetarista, es colonial y patriarcal, expulsivo de nuestras comunidades, contaminante, una amenaza constante para la vida. Aun así, en todos los territorios las comunidades campesinas e Indígenas representamos la verdadera resistencia y la reivindicación de una cosmovisión integral para la vida, que es una con la naturaleza, mediante la defensa del territorio en todas sus formas, el rescate de saberes y prácticas ancestrales y solidarias que aseguran la autonomía y la sustentabilidad genuina”.
Reclama, además, “la inclusión de prácticas y cosmovisión campesina e indígena en las currículas educativas es sustancial y urgente. Es imprescindible la implementación de políticas integrales territoriales y apropiadas para el sector, con presupuesto propio y participación directa y vinculante de las organizaciones campesinas e indígenas con centralidad en los intereses del sector, incluyendo políticas apropiadas de arraigo territorial. En este sentido también es necesaria la revisión y actualización para su posterior reglamentación de la Ley Nacional Nº 27.118 de Reparación histórica de la Agricultura Familiar sancionada en el año 2015”.
En cuanto al acceso a la tierra, manifiesta que “la entrega de títulos comunitarios del territorio pendientes hace años es urgente, como así también el reconocimiento inmediato de los derechos posesorios en su diversas formas. En cuanto a la semilla nativa y criolla como forma de conservación de vida y cultura ancestral de los pueblos, es imprescindible la preservación absoluta de la semilla nativa y criolla en cada lugar, favoreciendo los bancos de semillas comunitarios y limitando a la vez la proliferación de semillas y materiales híbridos”.
Promociona “el modelo productivo no extractivista y agroecológico, el cual se fundamenta sobre pilares como Tierra, Agua y Semilla como bienes comunes”, la “promoción y consolidación de la economía social y solidaria y un mercado justo”, una “fuerte apuesta a la identidad de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena en cada producto, facilitando el agregado de valor en origen, el mercado libre de la Agricultura Familiar, el trabajo en redes a pequeñas escalas, la diferenciación de nuestros productos como sanos, soberanos y agroecológicos, accesibles al pueblo, fortaleciendo todo tipo de sistemas de intercambio, ferias, trueques, talentos, etc.”.
El documento finaliza diciendo: “Estamos convencidos de que el rol del Estado debe basarse en el respeto a las comunidades campesinas e indígenas, respeto a su autonomía y a su diversidad de formas Identitaria y organizativas, lo cual conlleva un necesario limite a cualquier acción que ponga en peligro su sustentabilidad en el tiempo y su existencia misma. Para esto es necesario el trabajo conjunto con técnicos en el terreno, que sean aceptados por las comunidades, con enfoques y saberes apropiados e idóneos para la Agricultura Familiar Campesina e Indígena. Resulta urgente de este modo la reincorporación de las y los técnicos territoriales de la SAF, de la mano de la recomposición de todas las políticas públicas que hacen a los intereses de nuestro sector, que produce el 70 por ciento de los alimentos de nuestro pueblo. Apostamos a la continuidad de este espacio autogestivo propio de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena de Catamarca convencidos que la Unión hace la Fuerza y que es nuestro sector el sujeto central para la vida de los pueblos”.