El ultraderechista Jair Bolsonaro, electo en octubre con un programa de lucha contra la corrupción y la criminalidad, fue investido ayer como presidente de Brasil.
El ultraderechista Jair Bolsonaro, electo en octubre con un programa de lucha contra la corrupción y la criminalidad, fue investido ayer como presidente de Brasil.
Bolsonaro, un excapitán del Ejército de 63 años, así como su vicepresidente, el general retirado Antonio Hamilton Mourao, pronunciaron su "compromiso constitucional" en el Congreso, por un mandato de cuatro años que llegará hasta el 2022.
El dirigente ultraderechista llegó al Congreso en un Rolls Royce descapotable, acompañado por su esposa Michelle y escoltado por una guardia montada, bajo la aclamación de centenares de miles de personas a lo largo de la Explanada de los Ministerios de Brasilia.
Luego de jurar, el 38º presidente de la mayor potencia latinoamericana, lanzó en su discurso de investidura una cruzada de valores conservadores contra la criminalidad, la corrupción y las ideologías de izquierda.
"Convoco a cada uno de los congresistas a ayudarme en la misión de restaurar y volver a erguir a nuestra patria, liberándola definitivamente del yugo de la corrupción, la criminalidad, la irresponsabilidad económica y la sumisión ideológica", proclamó.
El excapitán del Ejército propuso un "pacto nacional" en la búsqueda de nuevos caminos para "un nuevo Brasil".
"Vamos a valorar la familia, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeo-cristianas, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores", proclamó.
Se abstuvo de dar detalles sobre los planes de ajustes y privatizaciones impulsados por su ministro de Economía Paulo Guedes, aunque se comprometió a obrar en nombre "del interés nacional, del libre mercado y de la eficiencia".
Bolsonaro, que durante sus casi tres décadas como diputado tuvo frecuentes exabruptos racistas, misóginos y homófobos, se dijo decidido a "construir una sociedad sin discriminación, ni división".
En un discurso posterior ante miles de partidarios reunidos frente al palacio presidencial de Planalto, afirmó que su llegada marca "el día en que el pueblo empezó a liberarse del socialismo, a liberarse de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de lo políticamente correcto".
Desplegando una bandera verde-amarela de Brasil junto a su vicepresidente, el general retirado Antonio Hamilton Mourao, proclamó: "Esta es nuestra bandera, que nunca será roja", levantando una ovación de los asistentes, que lo aclamaron al grito de "¡Mito! ¡Mito!".
Bolsonaro venció las elecciones de octubre con 55% de los votos, tras una campaña en la cual no solo fustigó al Partido de los Trabajadores (PT, izquierda y de bandera roja), que había ganado los cuatro comicios anteriores, sino también a un sistema político identificado con grandes escándalos de corrupción que afectaron a casi todos los partidos.
Tanto en el Congreso como frente al palacio, Bolsonaro agradeció a Dios por haber sobrevivido a la puñalada en el abdomen que durante la campaña le asestó un exmilitante de izquierda.
Bolsonaro nombró un equipo de 22 ministros, entre ellos siete militares retirados.
Para asegurar la gobernabilidad, deberá mantener la convergencia de los lobbies transpartidarios que le dieron un apoyo clave en la campaña: los grandes productores agrícolas, las ultraconservadoras iglesias pentecostales y los defensores de la flexibilización de la posesión de armas.
Asistencia internacional
Unos doce jefes de Estado y de gobierno asistieron a la ceremonia de investidura, entre ellos el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo. No fueron invitados el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ni el de Cuba, Miguel Díaz-Canel, a los que Bolsonaro considera "dictadores" de izquierda.
Bolsonaro ha prometido trasladar la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén, un paso que podría suponerle represalias comerciales de los países árabes, grandes compradores de carne brasileña.
Ha dicho que quiere lazos más próximos con Estados Unidos e Israel, formando una suerte de nuevo eje que rompe con décadas de políticas de centro-izquierda que buscaron reforzar los lazos Sur- Sur, por lo general sin éxito, y posicionar a Brasil como una potencia capaz de dialogar con todos.
También ha anunciado la salida de Brasil del Pacto Mundial para la Migración de Naciones Unidas y ha amenazado con hacer lo propio con el Acuerdo de París contra el cambio climático.
Apoyo de Donald Trump
El presidente estadounidense, Donald Trump, felicitó al flamante presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, por su "gran discurso" de investidura, poco después de que el ultraderechisita asumiera el mando de su país por un periodo de cuatro años.
"Felicitaciones al presidente @JairBolsonaro quien acaba de dar un gran discurso de investidura. ¡Estados Unidos está contigo!", escribió Trump en su cuenta de la red social Twitter que usa en forma regular para cuestionar a opositores y opinar de distintos temas.
Bolsonaro, a quien suele llamárselo "el Trump tropical", no tardó en agradecerle por la misma vía: "¡Juntos, bajo la protección de Dios, aportaremos prosperidad y progreso a nuestros pueblos!", escribió.