Como era previsible, las fuertes críticas del obispo Luis Urbanc a los concejales repercutieron en el ámbito político.
Sólo palabras
De hecho, en la sesión de ayer del concejo capitalino, las palabras del prelado fueron el disparador de un debate que enfrentó a las ediles Silvia Fedelli (FCS) y Jimena Herrera (FV).
Urbanc había reflexionado que si los concejales "solo cobran sueldos, le están robando al país". Y les reclamó que se preocuparan acerca de temas de fondo como la reforma del Código Civil o la Ley provincial de Educación.
Más allá de la confusión jurisdiccional del obispo, que les pidió a los concejales que se ocupen de temas cuya competencia le corresponde a legisladores provinciales o nacionales, resulta halagüeño que el jefe de la Iglesia catamarqueña, poniéndose a tono con las actitudes del Papa Francisco, empiece de una buena vez a preocuparse también por los temas mundanos.
Fedelli se sintió ofendida y maltratada por las palabras de Urbanc, y en defensa de ella y de sus pares argumentó el mentado error jurisdiccional.
Jimena Herrera, a su turno, también previsiblemente, salió en defensa del obispo señalando que su intención no había sido agredir, sino "hacer hincapié en la justicia que debe tener un funcionario, en evitar la corrupción con trabajo hecho a conciencia para que 'no ganemos de arriba'”.
En rigor, lo que probablemente haya querido señalar el titular de la diócesis local es la escasa contracción al trabajo de los concejales, sobre todo en temas de fondo.
Razón, en vista del funcionamiento del concejo, no le falta.
Se advierte, por otra parte, que Jimena Herrera cumple eficazmente su rol de intérprete de las recomendaciones pastorales. Pero debería esforzarse un poco más en que su discurso coincida con su práctica concreta.
Así como a los miembros de la jerarquía eclesiástica los feligreses les demandan coherencia entre su prédica y sus actos, así también el pueblo de San Fernando del Valle le reclama a sus representantes, en especial a Herrera, que reviste el cargo de presidenta del cuerpo colegiado, que traduzca en acciones lo que proclama.
De modo que bien haría la edil en comenzar a ejecutar los cambios que prometió en un organismo que, como el concejo, continúa siendo un modelo de prácticas clientelistas y alejado de las necesidades de la gente, como bien lo señaló, a su manera, Urbanc.
Si no lo hace, las transformaciones prometidas habrán quedado sólo en bellas palabras sin aplicación práctica alguna.
EL ANCASTI