El INTA asegura que "no es pecado" dar subsidios a los productores vitícolas
en un informe sobre la actividad del sector en tinogasta
T ras el informe que publicó El Ancasti hace unos días sobre la crisis permanente del sector vitícola de Tinogasta, y el debate por la asistencia financiera que recibe desde hace al menos dos décadas a causa de ello, la delegación local del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) emitió un documento en el que sintetiza su visión sobre la actividad. Allí, menciona que no es un pecado que los productores reciban los subsidios, si eso garantiza que no desaparezcan definitivamente.
Es mucho más grave cuando estas familias abandonan definitivamente el medio rural y buscan refugio en las ciudades, representando para el Estado un costo 30 veces mayor que si lo ayudan para que no migre del medio rural, máxime en zonas limítrofes con otro país (Chile) como es Fiambalá, por razones geopolíticas de ocupar el territorio, aseguraron desde el organismo.
Después de explicar algunos números de la actividad, el INTA explicó cómo se usó la estrategia de reconversión varietal para lograr especies de mayor valor productivo. En esto fue clave -mencionó- el aporte de distintos organismos y equipos técnicos.
Sin embargo, los propios productores reconocen como problemas estructurales históricos la falta de obra de infraestructura de riego adecuada para cada comunidad y la necesidad del saneamiento de títulos, especialmente en el estrato de pequeños productores. También mencionaron la edad avanzada de muchos agricultores, mayores de 60 años. Pero el Estado provincial y nacional (INTA, Agronomías de Zonas y municipios) cumplieron un rol protagónico en el proceso de reconversión de viñedos, no solamente en el departamento Tinogasta sino también en los otros departamentos vitícolas de Catamarca, agregaron.
Para el Instituto, el ambiente tinogasteño (clima y suelo) son favorables para obtener una vitivinicultura de altura de excelente calidad, y por ello se están concentrando esfuerzos, a partir de la integración de los actores en la cadena vitícola, para acompañar todo el proceso de reconversión y mejoras que deben incorporar a partir del apoyo económico recibido.
Uno de los objetivos principales es que los pequeños productores que tienen uva cereza con rendimiento de alrededor de 8 mil kilos mejoren sus estructuras para producir 20 mil kilos por hectárea, que permitiría una actividad rentable.