Sólo la confianza que da la protección del poder pudo convencer al abogado Arturo Navarro, ex interventor de la administración de Juegos y Seguros, que podría eludir todas las normas y aprovecharse de la información que manejaba el Gobierno para crear un negocio privado de características millonarias.
Sabiendo, ya por 1997, que la firma Disco se instalaría en la Provincia y que buscaba un lugar de locación, Navarro y su socio comercial, Julio Ibarra, pergeñaron un negocio redondo: ofrecieron unas mejoras edilicias al Club Tesorieri a cambio del alquiler de una porción del club por dos décadas y, casi de inmediato, la subalquilaron al supermercado por un monto millonario.
Navarro e Ibarra planeaban embolsar a lo largo de 19 años (el contrato con Disco era por 10 años y con opción de prórroga por otros 9) un canon mensual de 15 mil dólares o el 0,9% de las ventas del supermercado, lo que fuera superior. Y sólo como anticipo recibieron 360 mil dólares tan pronto como el contrato se firmó.
Cuando, en agosto de 1999, El Ancasti dio a conocer la maniobra de Navarro y compañía, el gabinete del extinto gobernador Arnoldo Castillo y el FCS en su conjunto entraron en crisis, salpicados por el escándalo.
Revelada la trama del negocio, Navarro debió presentar su renuncia, ante el aislamiento en el que lo dejaron sus ex socios en el poder, que no estaban dispuestos a sostenerlo después de la trascendencia del caso que tuvo ribetes escandalosos.
Sin embargo, ni el alejamiento de la función pública ni el aislamiento político dejaron a Navarro y a socio sin la jugosa tajada mensual, que siguieron cobrando puntualmente por el negocio que habían pergeñado al amparo del poder.