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Violencia de género

"La conducta violenta es aprendida y se puede desaprender"

Noelia Fuenzalida es la psicóloga que está cargo de estos talleres. Se trabaja con hombres con condena en suspenso.

19 de junio de 2026 - 16:34

"Bueno, así me enseñaron; así soy yo y no puedo cambiar". Con esta idea llegan al taller de nuevas masculinidades algunos de los hombres que cumplen una condena en suspenso por haber cometido un delito de violencia de género. Noelia Fuenzalida es psicóloga de la Oficina de Asistencia a la Víctima del Poder Judicial, con sede en Valle Viejo, y está a cargo del dictado de los talleres.

Consultada por El Ancasti, comentó que esta capacitación en modalidad de taller está destinada a personas con condenas condicionales –no con prisión efectiva–, a quienes también se les impuso, entre las pautas de conducta, realizar una capacitación o un tratamiento psicoterapéutico con respecto al tema de la violencia de género. Esta actividad se lleva a cabo en el marco de la Ley Micaela. La profesional precisó que el curso de manera presencial se realiza durante tres encuentros de tres horas cada uno, una vez a la semana. “Ahora lo estamos haciendo de manera virtual para la gente del interior”, contó.

La especialista comentó que se trabaja con un listado que se envía desde los Juzgados de Ejecución Penal, con grupos de entre seis a diez personas por cada cohorte. “En abril hemos llevado a cabo una cohorte con seis participantes. Actualmente, con la modalidad virtual, están participando cinco personas y hay una nueva cohorte para agosto”, adelantó.

Estos talleres funcionan desde 2024. En este 2026 se comenzó a implementar la virtualidad, una herramienta que ayuda a vencer las distancias geográficas. “Es intentar darle una vuelta; que la distancia geográfica no sea un impedimento. Hasta el momento, la modalidad virtual viene dando un resultado positivo”, indicó.

A la vez, remarcó que en el interior algunos mandatos están un poco más arraigados. Por ello, se deben redoblar esfuerzos. “En el interior se nota mucho más el arraigo de todos estos mandatos y estereotipos”, comentó.

Deconstrucción

El taller permite, entre otras cuestiones, advertir ciertos patrones que se aprendieron en la misma casa, porque la violencia muchas veces es cultural, se aprende y hasta se naturaliza. “Particularmente tiene que ver con dos cuestiones puntuales. Esta cuestión de que la conducta violenta es una conducta aprendida y, como tal, se puede desaprender. También el taller apunta particularmente al modelo de masculinidad con el que todos hemos sido socializados; se entiende que para ser hombre no hay que demostrar emociones, hay que tener control o hay que tener dominio. El modelo de masculinidad que se denomina hegemónico, en el que todos hemos sido socializados en esta cultura patriarcal, está muy vinculado a la resolución de conflictos de manera violenta”, explicó.

Por ello, el espacio apunta a dos ejes: por un lado, a responsabilizarse del ejercicio de la violencia —en tanto es una conducta aprendida— y, por el otro, a cuestionar estos modelos sociales heredados. “La masculinidad tiene que ver mucho con ciertos mandatos vinculados con la heterosexualidad obligatoria, la autosuficiencia y la restricción emocional, que están emparentados con el ejercicio de la violencia”, advirtió.

Al mismo tiempo, la profesional advirtió que las situaciones de violencia no solamente suceden en el ámbito de la pareja o de la expareja. También se visibilizan situaciones de violencia en el entorno familiar, donde los agresores suelen ser hijos, nietos, hermanos, tíos o sobrinos.

“Tiene que ver lisa y llanamente con esta cuestión: el modelo de masculinidad nos ha enseñado que desde pequeño el niño no tiene que expresar angustia, dolor o miedo; tiene que poder resolver las cuestiones solo, sin pedir ayuda. Tiene que cumplir, si se quiere, con ciertas expectativas o roles sociales. A eso también apunta el taller, a buscar alternativas de resolución de conflictos que no tengan que ver con el ejercicio de la violencia. Tiene que ver con la asertividad, quizás la empatía, la identificación de las emociones y la canalización de esas emociones de manera que no sea perjudicial ni para ellos ni para los demás”, explicó.

Al finalizar el taller se observan respuestas muy variadas, reconoció la psicóloga. Hay personas que mantienen mucha resistencia: "Bueno, así me enseñaron, así soy yo y no puedo cambiar", suelen expresar. “Hay otras personas que sí se involucran, toman conciencia y asumen cierta responsabilidad en el sentido de que siempre hay otras alternativas que no necesariamente tengan que ver con la violencia”, remarcó.

En el contexto de los mandatos y el trasfondo cultural, Fuenzalida advirtió que algunas lógicas están muy emparentadas con los mitos del amor romántico. Prevalecen ideas de que la pareja es única y para toda la vida, de que con amor todo es posible, que el amor implica sacrificios o que cuando hay violencia la relación es más intensa. “Lamentablemente, hay muchas cuestiones que tienen que ver con las construcciones sociales, mitos y estereotipos que están muy arraigados en la sociedad. Desde la psicología se llaman también muchas veces distorsiones cognitivas; eso hace que yo interprete tal conducta o tal reacción de determinada forma, no me permita interpretarla desde otra y actúe en consecuencia”, sostuvo.

Avances terapéuticos

Para la profesional, estos espacios, sobre todo en el ámbito de la Justicia, permiten avanzar un camino más. No obstante, reconoció que con relación a la violencia de género, si bien hay avances legales y terapéuticos, las cifras no han aminorado en absoluto. “Todo lo contrario. Entonces, esto de que la justicia asuma o tome la posta en tratar de alcanzar o lograr una visión más integral, trabajando con la cuestión de las personas que ejercen la violencia de género, me parece fundamental. Es una arista que había quedado, si se quiere, o que viene quedando en algún punto relegada. Las leyes hablan de la necesidad del trabajo con las personas que han sido víctimas también; sin embargo, es necesario actuar sobre la persona que ejerce violencia de género si queremos empezar a prevenir reincidencias”, consideró.

¿Qué es la Ley Micaela?

La Ley Nacional N° 27.499, popularmente conocida como “Ley Micaela”, fue promulgada el 10 de enero de 2019. La normativa establece la capacitación obligatoria en género y prevención de violencias para todas las personas que integran los tres poderes del Estado —Ejecutivo, Legislativo y Judicial—, sin importar su nivel o jerarquía. Se llama así en conmemoración de Micaela García, una joven entrerriana de 21 años, militante del Movimiento Evita, que fue víctima de femicidio a manos de Sebastián Wagner.

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