Pasaron 25 años desde que el crimen del reportero gráfico José Luis Cabezas sacudió a una sociedad argentina que poco a poco fue confirmando las miserias que la política y la Justicia tienen en sus pasillos.
Pasaron 25 años desde que el crimen del reportero gráfico José Luis Cabezas sacudió a una sociedad argentina que poco a poco fue confirmando las miserias que la política y la Justicia tienen en sus pasillos.
Es que el asesinato del fotógrafo de la Revista Noticias, ocurrido el 25 de enero de 1997, en una cava de General Madariaga, cerca de Pinamar, estremeció a todos, no solo por lo aberrante del hecho, sino también por todo lo que destapó a su alrededor.
Un cuarto de siglo después de que a Cabezas le dieran dos tiros en la nuca y su cuerpo fuera calcinado en el interior de su automóvil, no hay ninguna persona detenida. Algunos murieron y otros hace años recuperaron su libertad con artilugios judiciales.
En el largo derrotero de la familia de José Luis, representada por su hermana Gladys, y sus fallecidos padres José y Norma, fueron la cara visible de una lucha que tardó más tiempo de lo debido, en muchos casos.
El 2 de febrero de 2000, la Justicia determinó que a Cabezas lo mató una banda compuesta de policías bonaerenses y civiles, a instancias del extinto empresario Alfredo Yabrán, a quien el reportero gráfico le había tomado una foto en la playa que puso al descubierto su rostro, hasta ese entonces casi desconocido.
Así aparecieron nombres como los de Héctor Retana, José Luis Auge, Horacio Braga, Sergio Gonsález, los denominados "horneros", porque residían en el barrio platense de Los Hornos, o bien los de los expolicías Gustavo Prellezo (autor de los disparos), Sergio Cammarata y Aníbal Luna, quienes colaboraron para el secuestro de Cabezas.
Detrás de Yabrán también estuvo el exjuez de Dolores José Luis Macchi, el expolicía Víctor Fogelman y hasta el entonces ministro de Justicia del gobierno de Carlos Menem, Elías Jassan.n