viernes 19 de julio de 2024
MARGINADAS Y SOLAS

"Esas mujeres son invisibles para todos"

Por Redacción El Ancasti

Dentro de la amplia gama de problemáticas que atraviesan  las mujeres, el trabajo en red es fundamental para sostener y acompañar. Violeta es una mujer que trabaja con otras mujeres. Llegó a ellas ofreciendo asistencia y luego advirtió que muchas de ellas están atravesadas por la violencia y no saben cómo salir. Ella se ofreció a ayudarlas. Así, se convirtió no solo en el pilar que las sostiene sino también en la voz que denuncia. 

Contó que trabaja en la organización social Somos Barrios de Pie y ante la demanda que había, se tuvo generar una rama de feminismo popular. “Encaramos con mujeres que son de los barrios populares, donde otras asociaciones de mujeres no incluyen a estas mujeres de los barrios populares, que hacen un comedor o merendero en la casa. Viven en asentamientos, en situaciones habitacionales tremendas. Esas mujeres son invisibles para todos, incluso para todas las corrientes feministas. Muchas veces, el feminismo engloba a la mujer blanca. En este caso, en panorama que nos encontramos en los barrios populares es a mujeres en situación de calle, indigentes o prostituidas, mujeres que están atravesadas por el delito porque tienen que vender drogas para mantener a la familia”, comentó.

A la vez, advirtió que en esos lugares, los asentamientos de la periferia,  la violencia de género está muy naturalizada. Así llegó a la primera mujer que recurrió a ella para denunciar. “Había una situación en una casilla cercana. Estaba presente la Policía y una mujer tenía a su hijo en brazos. Estaba contando una situación de violencia. Ella no sabía cómo hacer una denuncia”, recordó.

Entonces, Violeta le dijo “te acompaño” y así llegaron juntas a la Unidad Judicial Especializada en Violencia Familiar y de Género.

“Sinceramente, son invisibles, desde el trato diario que puede dar un administrativo hasta la Policía misma. No las ven. En ese caso, el policía le explicaba sobre la intervención que se podía hacer, pero que era necesaria la denuncia. Así pasa siempre. Viven en asentamientos, en la periferia, donde el colectivo pasa a 10 cuadras cada una hora. Llegar al centro y exponerse en esta situación de pandemia es peor. Tienen un solo celular para varias personas. Se hace difícil el acceso a los programas de contención. No hay asistencia ni llega un médico”, detalló. 

Sobre el trabajo de la asociación, comentó que lo primero que hacen al llegar a un comedor o merendero, es trabajar con las madres. Así, advirtieron que de cada 10 mujeres, ocho realizaron denuncias por violencia o sus agresores tienen restricciones.

“Otras viven con los agresores porque no tienen dónde vivir. Algunas mujeres viven con el agresor a una cuadra o viven en un contexto cercano a la familia del agresor. Es muy difícil”, aseguró. 

Sobre la línea de trabajo, destacó que se debe fortalecer el trabajo con mujeres en situación de pobreza, con discapacidad, adultas mayores o migrantes. Muchas de ellas, advirtió, se encuentran en situaciones de vulnerabilidad extrema. n

Seguí leyendo

Te Puede Interesar