En un principio, había una sospecha de que personas desconocidas podían estar llevando en dos camionetas animales. De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, durante el transcurso del sábado, a través de un llamado telefónico, personal de la División Investigaciones de la Policía de la Provincia se anotició de que un grupo de personas que se conducían en dos vehículos estarían cometiendo un supuesto delito de abigeato en la zona de Nueva Coneta y Chañarito, Capayán. De inmediato, se dio participación a sus pares de la División de Abigeato. Con la información recabada, partió una comitiva para verificar la situación.
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Llevaban tres bobinas de cobre y los arrestaron
Los policías intervinientes se trasladaron hasta el ingreso sur de la Capital y se apostaron sobre la Ruta Nacional Nº 38, más precisamente en el inicio de la Circunvalación Néstor Kirchner. Allí, lograron divisar a dos automóviles con las características oportunamente dadas. Al momento de ser interceptados, una camioneta marca Ford se dio a la fuga. Sin embargo, se pudo advertir que en este rodado había una escalera en la caja. Tras una persecución, se pudo dar alcance al rodado. Dentro de este había dos hombres. Uno de ellos intentó insistir en la huida y se perdió en las malezas aledañas al lugar. Sin embargo, en la fuga dejó tirada su billetera, la que contenía documentación personal.
Durante este procedimiento, se arrestó a un joven de 25 años. Al mismo tiempo, se secuestró un vehículo Ford Falcon, una bobina de cobre de 40 kilos y una mochila con varias herramientas.
Luego, se continuó con la segunda parte del procedimiento. Personal de las Divisiones de Abigeato e Investigaciones trabajaron de manera mancomunada. De esta manera, en el ingreso sur de la Capital, se interceptó una camioneta 4x4 color gris con una escalera en su caja. El sospechoso había intentado darse a la fuga. En la segunda rotonda de ingreso, el rodado fue interceptado. Tres hombres se trasladaban en este vehículo. De acuerdo con la investigación, uno de ellos es un hombre de 62 años, quien estaba con sus hijos de 24 y de 25 –captura en la primera parte del procedimiento-. El cuarto sospechoso es un hombre de 36 años y el quinto hombre pudo darse a la fuga.
En esta segunda etapa del operativo, se procedió al secuestro de una camioneta Ford Ranger, dos bobinas de cobre de 40 kilos cada una, cables de cobre de varias medidas, herramientas varias, una escalera de 10 metros, siete rollos de cable subterráneo de alta tensión y dos teléfonos celulares. Por este hecho tomó intervención la Fiscalía de Cuarta Nominación en turno, a cargo del fiscal Ezequiel Walther, quien impartió las medidas a seguir. En tanto que los secuestros fueron girados a la Unidad Judicial 10, se indicó.
Delito
No es un delito de los que generan miedo, pero sí es uno de los que más daños ocasionan, tanto por la cantidad de damnificados como por el perjuicio que produce. Durante los primeros meses de la cuarentena, se incrementó el robo de metales en distintas jurisdicciones del país. La revalorización del precio internacional del cobre y del bronce impulsó las operaciones de grupos organizados que aprovechan un activo circuito ilegal para su reducción y reventa clandestina. Las principales empresas de telecomunicaciones como Telefónica y Telecom registraron en septiembre de 2020 perjuicios económicos que superaban los $1.000 millones.
El robo de cables se volvió un negocio lucrativo durante el aislamiento social preventivo y obligatorio. Según se detalló, intervienen tanto organizaciones con experiencia que operan con equipamiento específico como "cuentapropistas" que, con más audacia y violencia que técnica y paciencia, arrancan las líneas eléctricas, telefónicas o coaxiales a pura fuerza.
Esta modalidad delictiva, capaz de alimentar un importante mercado negro con fácil disponibilidad de dinero, incluye la intervención de tres sectores bien diferenciados. Primero, los sujetos encargados de la sustracción material del tendido de cables. Luego, los responsables de las distintas chatarrerías que operan como comercios legales y que compran en el mercado negro el material robado y lo almacenan. Finalmente, las fundiciones, talleres donde, a través de procesos metalúrgicos específicos, se separa el cobre del aislante que lo contiene para su posterior venta.