Jueces de Berlín

jueves, 2 de julio de 2020 · 11:27

La expresión “aún quedan jueces honestos en Berlín” se usa habitualmente para hacer referencia a la probidad de los representantes del Poder Judicial y a su capacidad de proteger a los eslabones más débiles de la sociedad.

La historia, que no se sabe a ciencia cierta si tiene fundamentos en la realidad o es solo una leyenda, de esa frase es la siguiente: al rey Federico el Grande, de Prusia, le disgustaba un molino ubicado cerca de su palacio porque afeaba el paisaje. En 1747 envió a un emisario para que ofreciera el doble del valor de la propiedad al molinero con la intención de destruirlo. Como el humilde campesino se negaba a aceptar la oferta, le ofreció el triple y, ante la terca negativa, el rey amenazó con dictar un decreto para expropiar el molino sin pago alguno a su dueño.  Al día siguiente, el campesino pidió audiencia y fue recibido por el rey, que imaginó que se daba por vencido y que accedía a vender. Sin embargo, el molinero fue a entregar una orden judicial de un juez de Berlín que le prohibía al monarca expropiar el molino para derrumbarlo. Cuando toda la corte presagiaba la furia del emperador, ocurrió todo lo contrario, la crónica concluye con las palabras de Federico el Grande alabando a las instituciones de su reino: “Me alegra saber que todavía hay jueces honestos en Berlín”. 

La crisis que vive el Poder Judicial de Catamarca, jalonada por numerosos casos de irregularidades conocidos en los últimos, pero agravada por la denuncia contra los jueces de cámara Juan Pablo Morales y Raúl Da Prá, plantea un crudo interrogante: ante tantos cuestionamientos que han minado la credibilidad de la Justicia catamarqueña ¿quiénes son los jueces de Berlín en el Poder Judicial local?

La pregunta es inquietante y requiere de una respuesta institucional contundente.