viernes 28 de agosto de 2026
Fundamentos del Crimen de sebastián pereyra

“Le quisimos robar la billetera y el celular… Le tuve que dar un tiro”

Las declaraciones de los testigos, sumados a los indicios del brutal homicidio, despejaron las dudas al Tribunal.

Por Redacción El Ancasti

“El despecho de las mujeres fue el motor para descubrir más de un hecho en la historia judicial”, había sostenido en su alegato el fiscal Ezequiel Walther. El pasado 29 de mayo, la Cámara Penal de Segunda Nominación, por unanimidad, los halló culpables en el delito de “homicidio en ocasión de robo”. El fiscal Gustavo Bergesio había pedido una pena de 22 años para Hernán Maximiliano Pacheco y de 21 para Rodrigo Ismael Segura.

El 16 de abril de 2017, Pacheco y Segura se trasladaban en una moto. Sebastián Pereyra fue abordado por Pacheco en el ingreso al barrio Parque América, quien pretendía robarle el teléfono celular. La víctima se resistió y Segura, quien conducía una moto, dejó el rodado y se acercó a Pereyra y lo agredió. Al alejarse, le dijo a Pacheco, quien tenía un arma de fuego, que le pegara un tiro. Pereyra fue asesinado de un disparo. 

Los jueces Luis Guillamondegui, Fabricio Gershani Quesada y Elizabeth Cabanillas fijaron una pena de 21 y 20 años, respectivamente. El viernes último se dieron a conocer los fundamentos de la sentencia. Para los magistrados, existió un “hecho de intento de desapoderamiento violento de un bien ajeno seguido de la muerte de la víctima, ocasionada mediante el disparo de un arma de fuego, y del que participaron dos personas”.

De acuerdo con los fundamentos, a los que El Ancasti tuvo acceso, los testigos, con alguna que otra matización, advirtieron que se trataba de un típico caso de arrebato de un celular, describiendo que el atacante era un joven delgado y que vestía un buzo con capucha y que había otro muchacho que se encontraba en una moto, que también agredió físicamente a la víctima a los fines de facilitar el atraco y que era más robusto. “Todos los testigos coinciden al señalar que ante la tenaz resistencia de la víctima, el robusto de la moto le indicó al flaco de capucha roja que le disparara: ‘pegale un tiro, pegale un tiro, vamos, vamos’, lo que a la postre sucedió; advirtiendo algunos de los testigos el ruido consecuente y otros el fogonazo”, remarcaron.

Entre los indicios relacionados con el hecho delictivo, se destaca que la fisonomía y la indumentaria de los sujetos son totalmente coincidentes con las que vieron los testigos directos en el escenario del crimen. Además, según estas pautas horarias y siguiendo la línea de razonamiento, “no nos resulta para nada precipitado ni antojadizo deducir que Segura y Pacheco en sus salidas, entre las 21.30 horas y las 22.20 horas, estaban buscando ‘una presa’ o ‘un botín’ para satisfacer sus fechorías, meditadamente, cerca de su guarida, lo que les permitiera una vez cometido el arrebato -tal pirañas-, volver presurosamente a resguardo a los fines de asegurarse su impunidad”, indicaron.

Palabra de mujer
Los amigos que habían estado aquella noche con Segura y con Pacheco contaron que luego de una de esas salidas, los ven volver nerviosos a los acusados, “como si estuvieran apurados”, estaban como “perseguidos”. “Seguramente, porque los conozco, se habían mandado alguna macana”, ratificó un testigo. Pacheco había contado a un testigo: “Me mandé una macana, maté a uno. Le quisimos robar la billetera y el celular… este pelotudo no se dejó. Le tuve que dar un tiro. Andaba con el ‘Gordo’ Rodrigo”.

Sin embargo, párrafo aparte merece el testimonio de una testigo, expareja de uno de los acusados. “No podemos obviar que la misma joven reconoció haber mentido en su primera declaración, pero supo dar la razón de su comportamiento. Resaltó que era víctima de violencia de género por parte de su compañero sentimental, quien la sometía a constantes agresiones físicas y psicológicas”, advirtieron.

Al mismo tiempo, remarcaron que la testigo hizo mención al buzo con sangre de uno de los imputados. “Llegó esa noche a su casa con un buzo rojo en la mano, manchado con sangre… estaba asustado y nervioso. Andaba en una moto negra Titán con el ‘Gordo Rodrigo’. Más tarde llegó la camioneta de Investigaciones”. Para los magistrados, el dato del buzo ensangrentado no es menor.

Otra testigo también hizo referencia a éste. “Ese domingo llegó a su casa, estaba asustado… andaba con un buzo rojo con capucha… que tenía manchas de sangre”. Otros dos testigos más lo mencionaron: “Pacheco estaba con el buzo con sangre”. No obstante, primordialmente los testigos aportan un dato fundamental, otro indicio de actitud sospechosa, vinculado con la destrucción de pruebas incriminantes por parte del imputado: cuando refieren que Pacheco quemó el buzo en el fondo de la casa de Ridulfo.

“Quien finalmente termina por cerrar el círculo es un testigo independiente, que cuenta que en una oportunidad se encontró casualmente con Pacheco y que de la conversación entablada, aquél le comentó ‘que se había mandado un moco’, que andaban arrebatando en moto por la zona norte con el ‘Gordo’ Rodrigo Segura, que le quisieron robar el celular a un hombre en el barrio Parque América, que Segura le entregó un revólver y que en el forcejeo le da un tiro”, señalaron.

Para el Tribunal, los nuevos indicios de actitud sospechosa aportados por testigos independientes, que concatenados con los anteriores, sitúan a Pacheco y Segura en el escenario del delito, determinan el móvil y el proceder criminal que termina con la vida del joven Pereyra.

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