en el barrio libertador ii

Mujer terminó hospitalizada tras brutal ataque de adolescente

Se dirigía a su casa cuando fue sorprendida. Con una botella cortada, le hizo un corte profundo en el rostro.
miércoles, 11 de septiembre de 2019 · 02:03

Una mujer se dirigía caminando a su casa la noche del lunes, cuando fue sorprendida por un adolescente que con una botella cortada le provocó una herida profunda en el rostro y terminó hospitalizada.

El alerta fue dado a la Policía cuando gran parte de la atención estaba en el barrio Eva Perón, tras el sangriento crimen de Rosa Carrizo (ver página 10). Fue cerca de la medianoche del lunes que los vecinos de la peatonal 6 del barrio Libertador II escucharon los gritos de auxilio de Valeria Riso (38), quien hacía su habitual camino para llegar a su casa. 
Nunca esperó que por la espalda fuera asediada por un sujeto que le colocó en su rostro el pico de una botella cortada y le exigió que le entregara sus pertenencias.
Sin darle tiempo a reaccionar a la mujer, el asaltante le provocó varios cortes pero el más grave fue a la altura de la oreja derecha.

La intervención de un vecino que había salido a sacar la basura evitó que el ataque fuera peor.
El hombre golpeó al maleante, quien se dio a la fuga pero fue interceptado por policías de la Comisaría Sexta. El sospechoso tiene 16 años y una larga historia vinculada a las adicciones que lo condujeron a estar judicializado desde corta edad (ver relacionado).

La causa fue informada al fiscal de instrucción en turno, Mauricio Navarro Foressi, quien ordenó la internación para el joven, quien estaba en una crisis producto del abuso de sustancias estupefacientes. Una vez estabilizado iba a ser indagado. 
Por su parte, Riso fue auxiliada y llamaron al SAME para que la trasladara al Hospital San Juan Bautista. Según informaron desde el nosocomio, la mujer fue suturada y había quedado internada en observación a la espera de su evolución. Confirmaron que estaba fuera de peligro.

Temor de los vecinos
"Para mí la quiso matar" le dijo a El Ancasti el dueño de una despensa ubicada a pocos metros de la escena del ataque.
"Sentí el griterío y pensé que había pasado algo en casa", señaló. Dijo que sentó a la joven en la puerta de su casa e intentó evitar que dejara de perder sangre.
"No sé si le alcanzaron a robar. No podía ni hablar. Nunca vi tanta sangre, me puse mal porque uno tiene hijas", aseveró. "La desfiguró fiero. No le tocó la garganta por esas cosas de la vida", concluyó el comerciante.

Por su parte, un familiar de Riso le contó a este diario que en julio ya habían sido víctimas de un robo por parte del adolescente.
A su vez otras vecinas de la peatonal señalaron que fueron constantes los pedidos de mayor presencia policial durante la noche.
"Queremos que se haga justicia. Porque esto ya no puede ser. Recién tenía miedo de que me agarraran la plata porque me iba a pagar", expresó una mujer.
"A mí me robó dos veces en casa", aseguró otra vecina preocupada.

Entre sueños y expedientes, 
la historia del adolescente arrestado

La historia de este adolescente de 16 años comenzó a escribirse en los expedientes hace tiempo. Con ocho años ya conocía los pasillos del Juzgado de Menores –que por entonces tenía la competencia Asistencial-. Cuando era un niño pequeño comenzó a tener un consumo problemático de sustancias. Se inició con pegamento, marihuana y psicofármacos. Su situación familiar era bastante complicada y no había dudas de que era un niño en riesgo. En 2013, su historia se hizo pública. Tenía 10 años y había contado que cada vez que consumía “soñaba con comida y juguetes”.

El camino de las adicciones lo llevó a convertirse en un adolescente en conflicto con la ley penal, aun sin tener edad para ser imputado. Los adolescente son imputables a partir de los 16 años y él estaba por debajo de edad. El encierro como castigo no era solución y el juez de Menores Rodrigo Morabito entendió que por su situación el Sistema de Protección debía tomar medidas. En septiembre de 2014 emitió el primer fallo sobre la necesidad urgente de intervención y compromiso estatal para una efectiva protección integral.

El informe de una trabajadora social, a la que Diario El Ancasti tuvo acceso, señaló que quizá el principal problema de este chico sea que “no hay familia ni referente”. Su familia tenía una economía de subsistencia, con un ingreso inestable e insuficiente. Si bien sus padres reconocían la situación en la que se encontraba su hijo, se observaban “dificultades en los vínculos primarios”, lo cual produce una situación disfuncional. Según el informe, la internación, en este caso, es otro modo de abandono. Para revertir esta situación, se recomendó trabajar en recuperar y restaurar los vínculos.

En 2015, bajo los efectos de estupefacientes, había robado un oso de peluche de la Terminal de Ómnibus. El gabinete social había anunciado su derivación a otra provincia para su tratamiento de rehabilitación pero el traslado jamás se concretó. En noviembre fue internado en el Centro de Admisión y Derivación (CAD) -único establecimiento que el gabinete social dispuso para brindarle un tratamiento a este chico-. Ese año tuvo varios retrocesos pese a estar bajo el cuidado del Sistema de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes. A menudo, caminaba por los pasillos del Juzgado de Menores porque volvía por robos y hurtos contra la propiedad.

En los últimos años, la vida de este adolescente se convirtió en una mala suerte de círculo vicioso, una ruleta rusa, entre las caídas en el Juzgado de Menores por distintos delitos y las recaídas por adicciones.

Su historia puede ser la misma historia de otros chicos que viven en una situación de vulnerabilidad social. El Sistema de Protección está vigente, los fallos están escritos pero muchos niños, niñas y adolescentes continúan en riesgo.

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