La abogada Silvia Barrientos, en representación de la querella de una joven que había denunciado un ultraje, públicamente anunció el planteo de oposición de prisión domiciliaria con la que se benefició a este hombre. A finales de abril, la Cámara Penal de Primera Nominación, por mayoría, condenó a Pedro Antonio Rodríguez a la pena de 10 años de prisión, luego de haber sido hallado culpable del delito de “abuso sexual gravemente ultrajante agravado por causar un grave daño a la salud de la víctima”.
El acusado había llegado privado de la libertad y luego de haberse conocido el veredicto, con fuerte custodia policial, salió escoltado de aquélla. Apenas se podía ver su cara; un barbijo la ocultaba. Estaba esposado y con la cabeza cabizbaja subió a la combi del Servicio Penitenciario. Retornó a su domicilio para cumplir con la pena.
Sin embargo, la abogada indicó que no estaban dadas todas las condiciones que acreditaran que el ahora condenado pueda cumplir la pena en su domicilio. Por ello, en representación de su cliente, se decidió oponerse a la prisión domiciliaria.
Fuentes consultadas por El Ancasti indicaron que los ultrajes se produjeron entre 2004 y 2010, cuando la víctima era una niña de entre cuatro y 10 años, en la casa de la abuela; el acusado era vecino. Las pruebas fueron claras. A través del testimonio en Cámara Gesell se advirtió un daño psíquico compatible con un abuso. Además, la pericia psiquiátrica en el imputado señaló rasgos de manipulador.
El fiscal Jonathan Felsztyna había pedido una pena de 10 años. En su alegato remarcó que el imputado se valió de su acceso privilegiado al círculo de la niña, ya que tenía una suerte de ‘pase libre’ por la amistad con la abuela. Además, Felsztyna valoró que la pericia psiquiátrica al acusado mostraba los indicadores del “physique du role” (rol físico) de un autor de hechos de estas características.
Por su parte, la abogada Silvia Barrientos, en representación de la querella y de la acción civil, había exigido un castigo más duro: 20 años de prisión. El abogado defensor, Orlando del Señor Barrientos, había casado el fallo de Cámara.