Raúl Nemecio “El Negro” García fue condenado por la Cámara Penal de Primera Nominación a la pena de ocho años de prisión, por la muerte de Mario Oscar “Tatú” Robledo. Ocurrió el 2 de abril de 2017, en la vereda del Casino de la esquina de Esquiú y Ayacucho.
García y Robledo se conocían y entre ellos hubo diferencias. Horas previas al crimen, “El Negro” había amenazado a “Tatu”; quería que le devolviera una moto, que tenía un valor sentimental muy especial. García llegó a la Cámara Penal de Primera Nominación imputado por los delitos de “amenazas agravadas por el uso de armas y portación de armas de guerra en concurso ideal”, “homicidio simple calificado por el uso de armas de fuego y portación de armas de guerra en concurso ideal” y “homicidio simple calificado por el uso de armas de fuego en grado de tentativa y portación de armas de guerra en concurso ideal”.
El 26 de febrero, los jueces Carlos Moreno, Elizabeth Cabanillas y Fernando Esteban por unanimidad lo declararon culpable en los delitos de “amenazas agravadas por el uso de armas”, “homicidio simple en estado de emoción violenta” y “abuso de armas” todos en concurso ideal con portación de armas de guerra. En consecuencia, fue condenado a la pena de ocho años de prisión. García reconoció que había comprado el arma cuando murió su hija y contó que después de esta pérdida no se festejaron las fiestas y que se separó de su compañera aunque tenían buena relación.
Luego, hubo diferencias con Robledo y su mujer. Ello había empezado por un problema con el estacionamiento en el predio de la Fiesta del Poncho en 2016. “El Negro” acusó a “Tatú” de haber robado la moto que había sido de su hija fallecida; después lo acusó por el robo de otra moto. “Les doy dos horas para que me devuelvan la moto, sino los mato a los dos”, amenazó García a Robledo, la madrugada del 2 de abril de 201, a la vez que exhibía un arma de fuego.
En los fundamentos de la sentencia, se destacó el testimonio de Marta del Valle Esteinou, una perito oficial que había tratado a García en 2015, cuando falleció su hija en un siniestro vial. La profesional destacó que el hombre se encontraba en una situación “post traumática con todas las características de un traumatismo, él quedó en una situación de vulnerabilidad”. “Cuando ella muere, García sacaba la moto, la lustraba y cuidaba para que no se arruine porque para él la moto era Georgina, perdía la noción entre la moto y Georgina. Un día se la roban y eso fue un impacto tan devastador, tanto que no puedo sostener esa pérdida”, explicó.
Para el Tribunal, “el dolor fue determinante para que suceda esto”. También se puntualizó que “la invocación de una reacción emotiva no solo debe sustentarse en la mera subjetividad de su productor, sino que debe verse avalada por circunstancias objetivas e independientes que ameriten su credibilidad”.
Además, se aclaró que no se trata de una causal de inimputabilidad sino de una circunstancia de atenuación de una figura criminal, de apreciación jurisdiccional. “Se debe considerar como requisito subjetivo de la figura atenuada la existencia de una violenta emoción, que no estamos en el caso ante una causal de inimputabilidad, pero que esta situación, en determinados casos puede comprenderla”, señaló.
La tragedia previa al crimen
En el amanecer del 4 de enero de 2015, un Ford Focus circulaba por la Ruta Provincial Nº1, a 100 metros del ingreso a Banda de Varela. El conductor estaba en compañía de tres personas, entre ellas Georgina García, la hija de “El Negro” García.
Debido a la excesiva velocidad a la que se conducía perdió el dominio del rodado, salió de la calzada, impactó contra una lomada dio un tumbo y quedó sobre la calzada. A causa del impacto, una de las acompañantes murió en el acto; Geogina sufrió traumatismo cráneo facial grave con diversas fracturas y fue hospitalizada, pero falleció 48 horas después.
La perito Esteinou remarcó que luego del accidente de su hija, su esposa también cae en una depresión severa. “Su caos era cada vez más acentuado; no podía con su dolor; no podía responder. En vida Georgina trabajaba a destajo para comprarse una moto, con sus deseos de ir a estudiar afuera, y con su esfuerzo logra comprarla, todo fue diversión y júbilo por este logro, la pinta de rosada, su color favorito. Cuando ella muere, García sacaba la moto, la lustraba y cuidaba para que no se arruine, porque para él la moto era Georgina, perdía la noción entre la moto y Georgina. Un día se la roban y eso fue un impacto tan devastador, tanto que no puedo sostener esa pérdida”, explicó.