SE LLEVÓ UN PAQUETE DE CIGARRILLOS Y UNA GORRA

“Por macanas, podés sufrir una pena como si hubieses matado a una persona”

Un joven, de 22 años, fue condenado a cinco años, por tres hechos de “robo agravado por el uso de arma”.
martes, 10 de diciembre de 2019 · 02:09

Gabriel Alejandro Pérez (22) se encuentra privado de la libertad desde mayo último. Entre el 10 y el 11 de ese mes había consumado dos robos y un tercero se vio frustrado. Se lo imputó por dos delitos de “robo agravado por el uso de arma” y por “robo agravado por el uso de arma en grado de tentativa”.

Los tres hechos sucedieron entre el Circuito de la Vida y el Parque Adán Quiroga, entre la noche del 10 y la mañana del 11. A su primera víctima, le asentó un cuchillo en la espalda y le quitó un paquete de cigarrillos ‘convertibles’, un encendedor y una gorra. A los pocos minutos, a otro muchacho lo tomó del hombro, le asentó el cuchillo y le quitó el celular y los auriculares. Luego, golpeó con un caño a otro joven para quitarle el celular, pero no pudo concretar el atraco porque el damnificado dio aviso a la Policía. 

En la sala de debate de la Cámara Penal de Primera Nominación estuvo solo, apenas acompañado por el defensor oficial Vicente Olmos Morales. Su familia no lo acompañó. Frente al juez Carlos Moreno admitió que tiene un consumo problemático de sustancias. Pérez dijo que se inició a los 10 años, cuando comenzó a consumir psicofármacos, marihuana, cocaína y pegamentos.

Solo terminó la escuela primaria y, de vez en cuando, consume en el Servicio Penitenciario, donde está alojado desde mayo. Se reconoció adicto. Si bien tenía causas anteriores, no contaba con ninguna condena.

El magistrado le remarcó que estaba ocupando el banquillo de los acusados, por haber robado “cosas sin valor” –como un paquete de cigarrillos y un encendedor-. Dada las imputaciones con las que llegó a debate, Pérez se enfrentaba a una pena que podía ser de cinco años –la mínima- a 40 años como máximo. El juez Moreno le comparó su imputación con la escala penal, prevista para el delito de “homicidio simple”, que contempla una escala de ocho años a 25 años. 

“La raíz de todo esto es tu condición de adicto. Tenés que comprometerte para salir y tratar de rehabilitarte. Por macanas, podés sufrir una pena como si hubieses matado a una persona”, le dijo. 

El joven manifestó hacerse cargo de los hechos y su arrepentimiento. “Pido disculpas y una oportunidad más”, aseguró. A preguntas del magistrado, aseguró comprometerse a un tratamiento de rehabilitación. “Cuando necesites consumir, vas a salir a delinquir”, le advirtió Moreno y el acusado le contestó: “Quiero cambiar mi vida”. 

El fiscal Jonathan Felsztyna remarcó que Pérez, de tan solo 22 años, con su imputación, tenía pronóstico de una pena de cinco a 40 años. No obstante, valoró su arrepentimiento, la poca educación y las pocas posibilidades de un trabajo. A la vez, señaló que su problema de adicción influenció en los hechos. “No es una mente criminal. Es un aprendiz en el mundo del delito”, alegó.

Mantuvo la acusación y pidió la pena mínima de cinco años. 

A su turno, el defensor expresó su acuerdo con lo solicitado por el fiscal. “Tiene voluntad para salir de esta situación. Debe estar en un lugar sin probabilidades de consumo”. Finalmente, pidió la absolución. 

Al momento de hacer uso de su última palabra, consultado por el magistrado, Pérez contó que no tiene contacto con su familia, que no lo llaman ni visitan en la cárcel. 

El juez Moreno lo condenó a cinco años de prisión. Además, ordenó que en el Penal realice un tratamiento y, en función de ello, sea alojado en un pabellón bajo resguardo, para que no pueda consumir. También resolvió que los Ministerios de Salud y Desarrollo Social arbitren los medios para que su familia se involucre en el tratamiento y participe en su recuperación. Por último, indicó que debe haber un riguroso control de la pena, a fin de lograr que el tratamiento de rehabilitación tenga éxito.

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