Chirlos, baños con agua fría, más malos tratos y niños llorando. Un panorama triste que no concuerda con la imagen que se tiene de un jardín materno-infantil. Sin embargo, un grupo de papás denunció penalmente al “Jardín Privado Maternal y de Infantes Mis Pequeñas Sonrisas”. Se presentaron en la mañana en el edificio de Fiscalía General y tomó intervención el fiscal en turno, Luis Baracat. Por la tarde, en el ‘establecimiento’ se realizó un procedimiento judicial.
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“Mis Pequeñas Sonrisas” no tenía habilitación para funcionar
Uno de los papás contó que su hijo de tres años había comenzado en marzo el jardín pero solo fue dos meses pues desde un primer momento tuvo sospechas de los malos tratos, por lo que decidieron consultar con otros padres para saber qué estaba pasando. Otro papá comentó que había inscripto a su niño de dos años el año pasado y recordó que siempre, al regresar, lo hacía llorando. “Siempre venía con carita triste. Había otros que también tenían el mismo problema”, dijo. También recordó que las autoridades del “jardín” no dejaban que los padres ingresaran al establecimiento. “No pudimos conocer por dentro. Siempre había una excusa, como que había otros niños –y por eso no se podía ingresar-. Era algo que se tomó como normal. Algunas actividades se hacían afuera pero mi hijo no quería participar. Había otros nenes que lloraban a moco tendido”, detalló.
Dado el escándalo y la indignación que se generó al haber tomado estado público lo que sucedía en este “jardín”, Fabián Herrera, director de Gestión Privada del Ministerio de Educación de la Provincia, en Radio Ancasti comentó que desde esta dependencia se tomó conocimiento a través de los medios de prensa. Consideró que se trató de una estafa hacia los padres, quienes confiaron en una institución y aclaró que en este caso el establecimiento “ni siquiera era un jardín de infantes porque como tal no tiene ni siquiera solicitud de inscripción ni de reconocimiento de los organismos del Ministerio de Educación”. Herrera sostuvo que “en este caso, no hay solicitud en el Ministerio”, aseguró.
Además, anticipó que desde el Estado se puede efectuar algún requerimiento en Fiscalía porque utilizaban la denominación de ‘jardín maternal’ “cuando ni siquiera presentaron algún tipo de solicitud para ser evaluados y ver si correspondía la autorización. Es más, técnicamente no correspondía que se lo llame institución educativa ni jardín de infantes porque los dueños o quienes están al frente tomaron la denominación de algo para lo que ni siquiera iniciaron algún tipo de requerimiento. Eso está penalizado por la Ley de Establecimientos Educativos”. Para el funcionario, se trata de una “presunción de estafa” y adelantó que se tomará intervención porque utilizan una denominación que no corresponde. “El nombre de jardín de infantes hace al ámbito educativo y cuando no son estatales, se debe realizar el trámite de solicitud de adscripción y reconocimiento”, precisó.
Por su parte, Fernando Boneu, director de Inspección General de la Municipalidad de la Capital, indicó que “Mis Pequeñas Sonrisas” no estaba registrado como local comercial ni tampoco tenía solicitud en la Dirección de Obras Particulares ni en el área de Educación Municipal. Explicó que en estos casos, desde esta Dirección junto con el área de Educación, se realiza un trabajo coordinado. Al respecto, señaló que las guarderías son comercios y se controlan el estado del agua y las instalaciones edilicias, entre otros aspectos, como en cualquier otro comercio.
Las auxiliares buscaron las pruebas
El caso salió a luz por dos auxiliares que se animaron a juntar pruebas para mostrar a los papás de los niños. “Primero comenzó con gritos e insultos. Luego los sacudían. A los más pequeños, cuando se orinaban los bañaban o a veces los mandaban orinados a la casa. A veces no nos dejaban que los cambiáramos porque decían que se tenían que ir así a la casa por no haber traído otro cambio más de pañal, cuando en el jardín había más pañales para cambiarlos. No los dejaban comer la merienda o los hacían acostar en el piso frío. Ellas estaban todo el tiempo con el celular; no les daban la atención que necesita un chico”, contaron a El Ancasti TV.
Las auxiliares contaron que no tenían permitido estar en la sala con los chicos. Tenían contacto con ellos cuando les cambiaban los pañales o les leían algún cuento “cuando ellas no querían. Siempre nos minimizaron. Hacíamos lo que ellas no querían hacer. Había violencia. La institución no contaba con agua caliente. Los bañaban con agua fría. Después de bañarlos, desnuditos los ponían frente al ventilador”, aseguraron.